domingo, 7 de marzo de 2021

¡Sorpresa!: El Crecimiento Podría Ser Mayor

 El crecimiento económico del mundo podría ser más poderoso de lo que originalmente estimamos en 2021. Una confluencia de factores: un alza en la tasa de ahorro debido al menor consumo en el confinamiento; el conjunto de apoyos y subsidios distribuidos; la reducción de las tasas de interés a niveles históricos; y la contención del consumo durante más de un años podrían conjugarse para que, si la vacunación es extendida y exitosa, este año tengamos un rebote económico mayor al que en este momento estimamos.

Este efecto podría verse desde los Estados Unidos a Japón y China y Europa, y jalaría a las regiones que son sus proveedores: como el sureste asiático, Europa oriental y México. Para nuestra economía por ejemplo, una tasa de crecimiento superior al 5 por ciento y cercana al 6, para el 2021 es plausible bajo este escenario, y no debería de sorprendernos.

Existe otro factor detrás de esta posible sorpresa en el crecimiento: que en realidad estamos rebotando. La economía mexicana es un buen ejemplo: después de caer 8.2 por ciento en 2020, un crecimiento, digamos de 6 por ciento dejaría al PIB nacional cerca de 3.5 por ciento por debajo del nivel que tenía en 2019. La recesión de la pandemia fue tan severa que el rebote económico del 2021 apenas recuperará parcialmente el nivel de actividad que teníamos antes del confinamiento. No será crecimiento, sino recuperación.

El ingrediente más importante detrás de esta sorpresa será el éxito que tengamos en la vacunación. La economía necesita en este momento lo mismo que la sociedad: que la tasa de inmunidad ante el covid se acerque al 70 por ciento con el fin de alcanzar una normalidad cercana a la que teníamos en 2019.

Dicho nivel de inmunidad es requerida para reactivar la calidad masiva de las economías modernas: el transporte metropolitano, el entretenimiento, el turismo, los viajes y la convivencia social urbana en restaurantes, centros comerciales, salas de cine, etc. Estos sectores representan una parte muy significativas de las economías modernas y mientras no se reactiven plenamente no podremos regresar ni al nivel, ni al potencial de crecimiento que teníamos en 2019.

Esta última parte es crítica. Aunque nos tome más años, pero algún día llegaremos al nivel que teníamos en 2019. Lo importante sin embargo es recuperar su potencial. Si no alcanzamos una inmunidad social en el corto plazo, no retomaremos la potencial de la economía que teníamos antes de la pandemia.

Por ejemplo, la economía mexicana recuperará en dos años, si nos va mal, tres, el nivel del PIB que tenía en 2019. Pero si no alcanzamos la inmunidad social suficiente para que haya colas afueras de los restaurantes, y cines, boletos agotados en el Vive Latino o la Fórmula 1 (por ejemplo), no tendremos la potencia para crecer a la tasa que teníamos antes de la pandemia, que ya era de por si baja.

Si la inmunización social es exitosa en Estados Unidos, en donde el ritmo de vacunación se acerca a un asombroso ritmo de dos millones de inoculados diarios, entonces la normalidad económica podría regresar a plenitud este año en el país vecino y jalar con mucha fuerza a los sectores de la economía mexicana ligadas a su mercado: la manufactura, y en general al sector exportador, al empleo migratoria y a las remesas, y a los servicios conexos.

En ese sentido, la poderosa recuperación económica de los Estados Unidos proporciona un piso mínimo para un pronóstico de la economía mexicana poquito por debajo al cuatro por ciento, y casi dos puntos porcentuales adicionales podría venir del mercado interno en condiciones incluso de una inmunización social sub-óptima.

Existe una poderosa máquina de pronosticar: el mercado de bonos, el cual (con perdón por citar a Octavio Paz en este contexto), “mana toda la noche profecías”. Y no otra cosa parece estar prediciendo. La conversación las últimas dos semanas en los mercados ha sido justamente que la recuperación económica puede ser tan fuerte que incluso podría desatar al demonio de la inflación dormida durante cuarenta años.

El regreso de la inflación ha sido anunciado tantas veces las últimas décadas, sin materializarse, que no sorprendería si una vez más, brillara por su ausencia. Pero la demanda contenida, el exceso de liquidez y el ahorro guardado por millones de hogares en muchos países del mundo podrían conjugarse para producir este año una agradable sorpresa en el crecimiento económico este 2021.

domingo, 28 de febrero de 2021

Poemas Para Leer en El Starbucks: Dante, Garcilaso Y Ferrusquilla Sufriendo A Solas

El dolor de recordar los buenos tiempos en  momentos de infortunio es un tema renacentista. El dictum de Dante, traducido como "No hay mayor dolor que recordar los tiempos felices desde la miseria", es conocido. Y verdadero.

El renacimiento italiano, donde Dante fue un principal, es la fuente principal del Siglo de Oro español, verdadera época áurea de la lengua de Castilla, que imprimió tantas obras que existirán mientras nuestra lengua exista.

Uno de las columnas de ese período, Garcí Lasso de la Vega (el apócope Garcilaso acabó nombrándolo) escribió un soneto, su décimo, en donde retoma ese tema renacentista y lo ejecuta de una manera ejemplar.

SONETO X

¡Oh dulces prendas por mi mal halladas,
dulces y alegres cuando Dios quería,
juntas estáis en la memoria mía
y con ella en mi muerte conjuradas!

¿Quién me dijera, cuando las pasadas
horas qu’en tanto bien por vos me vía,
que me habiades de ser en algún día
con tan grave dolor representadas?

Pues en una hora junto me llevastes
todo el bien que por términos me distes,
lleváme junto el mal que me dejastes;

si no, sospecharé que me pusistes
en tantos bienes porque deseastes
verme morir entre memorias tristes.

Herido peleando contra los moros en la guerra de Túnez, el soldado Garcí Lasso de la Vega moriría en 1536, un año después de escribir este bellísimo soneto, el cual fue aparentemente escrito convaleciente, y en recuerdo de su amada dama portuguesa, Isabel Freyre, quien había muerto en el parto de su hijo un par de años antes.

Casi cuatrocientos cuarenta años después, en Los Mochis, Sinaloa, José Angel Espinoza "Ferrusquilla", sorprendido ante el violento rechazo de un compadre que les pide a sus amigos que lo dejen solo sufrir la muerte de su joven esposa, escribe una de las mejores canciones del ranchero mexicano, la cual en su última estrofa, espeta:


Cartas, retratos viejos

Hacen más triste, mi soledad

Porque me traen recuerdos

De horas felices, que no vendrán

Cruzan por mi memoria

Sus juramentos, sus falsedades

Que pa mi siempre fueron verdades

Pero que hoy, traiciones son 


El tema es el mismo: el dolor de recordar los tiempos felices en medio de la miseria es tan fuerte que solo se puede sufrirlo a solas. Y sola como Lola:





sábado, 27 de febrero de 2021

Contra La Covid: La Inversión En Infraestructura

 La evidencia muestra que en una porción de quienes lo sobreviven, el covid provoca efectos de largo plazo sobre la salud, impidiendo una recuperación completa de los pacientes. Algo similar podría estar pasando con la economía, y en particular con la mexicana, en donde condiciones pre-existentes agravaron la enfermedad provocada por el virus, y a menos que la tasa de inversión en capital, y en particular en infraestructura se incremente sustancialmente, habrá un daño permanente en nuestro desempeño económico futuro.

Lo que ocurre en la economía mexicana es similar a lo que ocurre en otras latitudes, aunque la nuestra quizá necesitará una tasa de inversión mayor para recuperar sus niveles pre-pandemia y elevar su competitividad.

Como está ocurriendo con muchos pacientes covid, cuando ocurren depresiones económicas severas, como la actual, la peor en casi noventa años, las economías sufren dos tipos de afectaciones, unas de corto plazo, o cíclicas; y otras de largo plazo, o tendenciales. 

Por ejemplo, si la recesión es moderada y un restaurante tiene que despedir a la mitad de los meseros, cuando los negocios se recuperen, la actividad puede regresar a su antiguo nivel contratando rápidamente a nuevos empleados, pues el chef no ha dejado de cocinar. Si por el contrario, tiene que despedir además de los meseros, al cocinero, la recuperación no será fácil.

Pero la recesión pandémica es equivalente a cerrar al restaurante y haber vendido las mesas y el fogón, el daño es de largo plazo. Cuando los negocios repunten, habrá que empezar de cero y construir la cocina, recontratar al chef, al capitán y los meseros. La reapertura no será rápida.

Los efectos de largo plazo sobre la economía, aquellos que afectan la tendencia, son similares a cerrar el restaurante: impactan al PIB potencial de la economía, se pierde stock de capital, se destruyen activos, se desmoronan las estructuras previas. 

Si quiebran aerolíneas la recuperación del turismo demorará más de lo deseable. Si cierran fábricas, cuando los pedidos repunten será imposible satisfacerlos. Si cierran escuelas tendremos una brecha educativa que afectará por años la competitividad económica del país. Es muy importante que el stock de capital, las empresas y los equipos, se mantengan activos para evitar una reducción en el PIB potencial de las economías, y lastrar la recuperación.

Nada afecta más al PIB potencial, a la capacidad de largo plazo, que la disminución en el stock de capital, y nada lo remedia mejor que la inversión en infraestructura.

La infraestructura es una categoría muy amplia de activos: desde los más usuales, como las carreteras, edificios, puertos y aeropuertos, hasta escuelas, caminos y telecomunicaciones. Pero existen otras igualmente importantes: la producción y distribución de energía, el ciclo del agua y las que atienden el problema de la basura y la contaminación.

El gasto en infraestructura es engañoso: no es muy útil para sacarnos de las recesiones, pues su planeación, diseño y ejecución toman mucho tiempo, y en las recesiones se necesitan gastos rápidos y breves para amortiguar el impacto de las crisis. 

La función esencial de la infraestructura es elevar el potencial de crecimiento de una economía. Si México tuvo en 2020, tras la caída superior al ocho por ciento, su peor desempeño en más de ochenta años, elevar la tasa de inversión en capital sería la forma más adecuada de reponer el acervo de capital perdido, y recuperar la capacidad de crecimiento que ha sido severamente afectada por esta terrible pandemia.

El gasto en infraestructura debe de reactivarse, por todas las fuentes posibles: pública y privada, nacional y extranjera, institucional y personal, con recursos disponibles y con créditos, máxime con las tasas de interés históricamente bajas que prevalecen por todas partes. 

Si usamos el crédito hoy para invertir en activos que produzcan rendimientos aceptables y fijamos la tasa de interés a plazos largos, estaremos haciéndoles un gran favor a nuestros hijos, nietos y bisnietos al aprovechar los actuales niveles de réditos.

Como a muchos pacientes, la pandemia podría tener efectos de largo plazo sobre el cuerpo de la economía mexicana y otras. El mejor remedio contra ese padecimiento es un gasto masivo en la infraestructura del país.

miércoles, 24 de febrero de 2021

GameStop: El Regreso Del Jedi (Y La Burbuja)

El pasado martes 24 de febrero, luego de ser masacrada el mes anterior por las fuerzas del mal de Wall Street, la acción de GameStop, la oscura cadena de tiendas de venta y renta de videojuegos regresó con bríos inauditos y subió en una sola jornada casi 104 por ciento. Y en el post mercado, antes de la apertura del jueves, se disparaban un increíble 83 por ciento. En solo dos jornadas pasaba de cerca de 50 a 168 dólares. Tan solo dos días antes el mercado se hundía, ante el ascenso de la tasa de rendimiento del bono de 10 años, asustado por la inflación. Pero bastaron palabras terapéuticas de la Fed para desatar de nuevo la euforia financiera.

La semana comenzó llena de temores, con los mercados cayendo, y especialmente el infladísimo sector de empresas tecnológicas despeñándose, y los mercados de divisas derrapando ante la fortaleza del dólar.

La razón para tal desconcierto fue rápidamente identificada, la tasa de rendimiento del bono de 10 años, el indicador más importante de los mercados financieros, capaz de mover con sus saltos a bonos, acciones y divisas, se movía aceleradamente hacia arriba y se llegó a ubicar en 1.34 por ciento, equivalente su nivel más alto en un año en términos reales, es decir, una vez descontando la inflación esperada.

El incremento acelerado de la tasa del bono de 10 años había fortalecido al dólar y hundido al resto de las divisas, especialmente a las de economías emergentes, como la de México, y vapuleado las acciones de empresas tecnológicas, cuyas valuaciones son especialmente sensibles a la tasa de interés.

La mayoría de las empresas tecnológicas generan más costos que ingresos en el presente, debido a sus inversiones masivas, por lo que sus beneficios comenzarán varios años en el futuro. Al subir la tasa de rendimiento, el factor con el cual se descuentan sus dividendos futuros se eleva, reduciendo el valor actual de la acción, por lo que el salto brusco de la tasa de 10 años motivó un ajuste significativo en este sector.

Pero el martes y miércoles, el amo y señor de las tasas, el presidente de la Fed, Jerome Powell, participó en sus programadas comparecencias ante el Congreso de los Estados Unidos y los inversionistas oyeron lo que necesitaban oír: que el banco central seguiría con sus masivas compras de bonos gubernamentales con tal de proveer la liquidez suficiente para el sistema, y que haría lo necesario para mantener la recuperación económica, dejando en segundo plano la preocupación respecto de un posible rebote de la inflación.

Las palabras de Powell fueron el bálsamo que los inversionistas pedían, y tras ir hundiéndose más del 2 por ciento en la jornada del martes, inmediatamente se dieron la vuelta, remontando lo perdido y cerrando con alzas. Se dispararon el miércoles, y todo indicaba que el frenesí continuaría el jueves. La burbuja especulativa, que tantas alegrías le ha traído a tanta gente, y a los bancos centrales, estaba de regreso.

Y no hubo mejor muestra del retorno de la especulación desenfrenada que las acciones de la famosa GameStop, la casi muerta cadena de venta y renta de videojuegos que fue, como una Helena troyana, la causa de disputa entre los fondos especulativos (que apostaban en su contra), y los inversionistas de redes sociales (que apostaban a su favor) que en el último mes alcanzaron los titulares de los medios globales y convirtieron a dicha batalla en una celebridad.

Los inversionistas en GameStop primero perdieron contra los fondos especulativos, pero en la segunda batalla infringieron una afamada derrota contra los especuladores, solo para ser hundidos por Wall Street en una saga similar a “El Imperio Contraataca”.

Pero en la última hora y media de la sesión del miércoles lo que vimos fue “El Regreso del Jedi”, y en solo 90 minutos la acción de GameStop, de manera lunática y desenfrenada, duplicó su valor luego de noticias de un cambio en su dirección.

El regreso de GameStop a la palestra es simplemente la corroboración de lo que muchos temen sea la burbuja especulativa más fastuosa de los tiempos modernos. Un frenesí de alzas que se alimenta a sí misma y que no parece tener límite, llevando los precios de los activos a valuaciones ridículamente altas, pero de las cuales nadie se queja porque todos ganan sin importar en qué apuesten.

Si. Estamos en una burbuja especulativa. Desenfrenada y loca. Pero lo malo de las burbujas es que son muy atractivas: hacen a los inversionistas ricos sin mucho esfuerzo y de manera muy rápida. Todo es felicidad y desenfreno. Hasta que la burbuja revienta. Lo cual puede ocurrir mañana, o hasta dentro de diez años.

 

domingo, 14 de febrero de 2021

Poemas Para Leer En El Starbucks: Amor Y Amistad En Medio De La Pandemia, El Poesida de Bohorquez

 El amor y la amistad en medio de la pandemia. ¿Puede la poesía hablar de amor y de amistad en medio de una pandemia? Si. Escuchen si no a esta, una de las voces más contundentes de la poesía en castellano de las décadas recientes: la de Abigael Bohorquez.

La biografía de este enorme poeta mexicano es en sí misma, una obra dramática. Sonorense llegado a la Ciudad de México buscando un lugar en el medio literario de la gran capital, en una época boyante además para la literatura en castellano: los años de Octavio Paz, Carlos Fuentes, Elena Garro, José Emilio Pacheco, Jaime Sabines, y un largo y maravilloso etcétera. Un verdadero siglo de oro para nuestra lengua desatado décadas antes por el empuje de Rubén Darío.

En ese Anáhuac en donde la literatura en castellano vivía un largo esplendor, llega este menudo poeta homosexual y marginal. Buscando insertarse vital y laboralmente en el medio intelectual de la época, logra publicar una obra que recibe algunas críticas importantes, pero su carácter lo enemista con los grupos literarios de entonces y acaba viviendo en Milpa Alta, dando espectáculos travestis y talleres literarios en la marginalidad urbana.

Años después se le descubre de regreso en Sonora, en Ciudad Obregón, viviendo con su "yoreme", y sobreviviendo con algunas becas municipales y apoyos de amigos. Es en esa época, ya renunciando a pertenecer a la galaxia intelectual nacional, cuando Abigael Bohorquez escribe quizá lo mejor de su obra y algunos de los poemas más sorprendentes del castellano reciente.

En 1991 la ONU convoca a un concurso de poesía sobre el Sida, la pandemia que asolaba al mundo en aquellos años y que hoy ha aminorado algo gracias a los avances medicos. La historia es confusa, pero el jurado da el premio al poemario de Abigael Bohorquez, pero la ONU rechaza publicar el libro.

El libro se llama "Poesida", y es una muestra brutal del talento de Abigael y la enorme libertad con que trataba sus temas vitales; su homosexualidad, su pobreza, su marginalidad, y su vida y su muerte.

Es alrededor de ese momento que Abigael Bohorquez le encarga a Mario Bojorquez editar "Poesida", ante el rechazo del patrocinador original a hacerlo. Mario me ha platicado los detalles de lo que ocurrido después, así que lo dejaré para cuando el lo cuente, pero poco tiempo después de ese encargo, "yoremito" descubre el cadaver de su amado Abigael muerto de varios días en su pequeña casa en Cajeme.

Mario Bojorquez recauda fondos, convencido de que "Poesida" es uno de los libros más importantes de poesía escritos en México, y tras editarlo recorre el país vendiendo la edición en medio de un periplo legendario que ojalá alguna vez él se anime a contar.

Esta larga introducción es necesaria para presentar el primer poema de "Poesida", con el título de "Desazón".

Desde su primera stanza, desde el primer verso, el lenguaje, la temática, el tono y la voz de Abigael hablando sobre su homosexualidad, su pobreza, su marginalidad (¿y su sida?), construyen uno de los poemas más dramáticos y sonoros del castellano de las últimas décadas.

Hoy el mercado celebra el día del amor y la amistad, esta creación del comercio estadounidense para vender cosas a propósito de estos dos sentimientos fundamentales de nuestra vida. ¿Puede la poesía en castellano, en medio de esta terrible pandemia, hablar de amor, de sexo, de redención y salvación, en medio de la muerte? Si. Lean, escuchen con los ojos, este increíble poema del maestro Abigael Bohorquez.

DESAZÓN

 

Cuando ya hube roído pan familiar

untado de abstinencia,

y hube bebido agua de fosa séptica

donde orinan las bestias;

y robado a hurtadillas

tortilla y sal y huesos

de las cenadurías;

y caminado a pie calles y calles,

sin nómina,

levantando colillas de cigarros;

y hubime detenido en los destazaderos,

ladrando como perro sin dueño,

suelo al cielo, mirando a los abastecidos.

 

Cuando ya hube sentido

en pleno vientre el hueco

resquebrajado y yermo

del hontanar vacío,

y metido las manos a los bolsillos locos

y, aun así, levantando la frágil ayunanza

del alma en claro,

me conformo, me he dicho:

Dios asiste, y espero.

 

Cuando ya hube saboreado

sexo y carne y entraña,

y vendido mi cuerpo en los subastaderos,

cuando hube paladeado

boca, lengua y pistilo,

y comprado el amor entre vendimiadores,

cuando hube devorado

ave y pez y rizoma

y cuadrúpedo y hoja

y sentado a la mesa alba y sofisticada

y dormido en recámara amurallada de oro,

y gustado y tactado y haber visto y oído,

me conformo, me he dicho:

Dios asiste. Y camino.

 

Cuando ya hube salido

de cárceles, burdeles, montepíos, deliquios,

confesionarios, trueques, bonanzas, altibajos,

elíxires, destierros, desprestigios, miseria,

extorsiones, poesía, encumbramientos, gracia,

me conformo, me he dicho:

Dios asiste. Y acato.

 

Por eso, ahora lejos

de lo que fue mi casa,

mi solar por treinta años,

mi heredad amantísima,

mis palomas, mis libros,

mis árboles, mi niño,

mis perras, mis volcanes,

mis quehaceres, la chofi,

sólo escribo a pesares:

Dios me asiste.

Y confío.

 

Y de repente, el Sida

¿Por qué este mal de muerte en esta playa vieja

ya de sí moridero y desamores,

en esta costra antigua

a diario levantada y revivida,

en esta pobre hombruna

de suyo empobrecida y extenuada

por la raza baldía? Sida.

Qué palabra tan honda

que encoge el corazón

y nos lo aprieta.

 

Afuera, al sol,

juguetean los niños,

agrio viento,

con un barco menudo

en mar revuelto.

 

 

La Recuperación Económica Verde

 Los árboles no se defienden solos. Hay que ayudarlos. Muchos activistas de las selvas y bosques han sido asesinados, pero existe un arma que puede ayudar en nuestra lucha para salvarlos: el mercado. Con políticas públicas adecuadas podemos hacer que sea mejor negocio cuidarlos y crecerlos, que talarlos. Las personas responden a incentivos, y los económicos son de los más poderosos, si se incentiva en la dirección correcta, la recuperación económica que sucederá a la pandemia podría, debería de ser, verde.

Una de las explicaciones del origen de la actual, y otras pandemias recientes como el sida y el ébola, están ligadas a la deforestación de las selvas y bosques, en cuyas profundidades se han gestado de antiguo gérmenes y virus peligrosos para nuestra especie. Muchos médicos sugieren que el daño pulmonar y respiratorio sufrido por los habitantes de las megalópolis, podría explicar la letalidad de la covid 19 en los países más desarrollados. Parecería que hay una correlación entre el deterioro ecológico del planeta y el surgimiento y virulencia de las pandemias modernas.

Si lo anterior es correcto, entonces los esfuerzos por detener y revertir el cambio climático deben de acentuarse y coordinarse a nivel planetario, mediante un conjunto sencillo de compromisos y reglas, aprovechando la novedosa incorporación de China, quien hasta hoy había sido el esquirol en la estrategia climática global, y la dimisión del insufrible Donald Trump a la cabeza de los Estados Unidos y su regreso a la agenda ambiental con los demócratas.

Un visionario economista inglés, de ascendencia normanda como tantos ingleses, Alfred Pigou, desarrolló en las primeras décadas del siglo pasado un conjunto de ideas que hoy son la base del diseño de políticas públicas para combatir el cambio climático. El principio es sencillo. Tomemos por ejemplo la industria siderúrgica: para producir un bien, el acero, produce un mal, la contaminación. La empresa siderúrgica obtiene ingresos por vender el bien, pero el mal le sale gratis pues no paga por contaminar ni cubre los costos asociados con los efectos sobre la salud de los afectados por la contaminación asociada a la producción de acero.

Un bien tiene entonces un precio positivo, el de su venta. Un mal, razonó Pigou, debería de tener un precio negativo: un impuesto o una multa, con el fin de que se puedan cubrir los efectos negativos causados por lo que el llamó, la “externalidad” de producir los bienes.

Esa visionaria idea de Pigou es el fundamento de las modernas políticas contra el cambio climático: aquellas industrias o países que más afecten el clima y el ecosistema del planeta deben de contribuir más a financiar su recuperación y cuidado.

Existen varias formas de imponer ese financiamiento a quienes más afectan el clima del mundo: uno de ellos son los típicos impuestos de Pigou, imponiendo una tasa a los contaminadores. Pero el problema es que la contaminación y el cambio climático son globales, y difícilmente un Estado podría imponerle un impuesto a un nacional de otro país. De allí surge entonces la idea de los bonos de carbono.

Desde el protocolo de Kyoto, hasta los vigentes acuerdos de París, las ideas de Pigou, adaptadas a los complejos mercados y Estados modernos, son la base de la estrategia. Todos los países, a donde regresan afortunadamente, los Estados Unidos, están obligados a metas de reducción de gases de efecto invernadero en un plazo perentorio: 2030. 

Y esas reducciones se pueden alcanzar por muchas vías: reforestando bosques y selvas, desarrollando proyectos que eliminen directamente nuestra basura y el estiércol de nuestro ganado; capturando las emisiones de gases que algunas industrias, como la petrolera, producen, e inyectándolas de nuevo en el subsuelo; sustituyendo millones de vehículos de gasolina por eléctricos. Etc.

A aquellos que generen proyectos que combatan el cambio climático se les dan créditos para que dichos emprendimientos sean financieramente rentables, pues la idea es la misma que la del primer párrafo de esta nota: usar los poderosos incentivos que la economía despierta, al buscar el beneficio individual, para crear soluciones que contribuyan al bienestar de todos y del planeta. 

Ni los árboles se defienden solos, ni el mercado por si sólo salva al planeta, antes bien lo destruye. Pero el mercado funciona sobre algo muy sencillo, la búsqueda del beneficio, y si logramos que dicho beneficio venga de combatir el cambio climático, el mercado se puede convertir de villano, en aliado.

domingo, 7 de febrero de 2021

Los Dorados Veinte Cabalgan De Nuevo

La historia no se repite. Nunca. Pero a veces se parece. Hace cien años vastas regiones del mundo: Europa, Rusia, México, por ejemplo, venían saliendo de guerras devastadoras, y apenas entrando en el proceso de paz, una pandemia terrible, que acabó matando casi tantas personas como las guerras, asoló el planeta. Pero una vez pasada la pandemia de la gripe española, los avances tecnológicos y médicos resultantes produjeron una década de alegría, prosperidad, auge económico y cultural que acabaron siendo conocidos como “los dorados veinte”

Los ciclos pandémicos acaban marcando las sociedades de largo plazo. Su gravedad, como la de las guerras, inciden sobre la dinámica demográfica y económica de las naciones. Rusia por ejemplo, que perdió alrededor de veinte millones de habitantes en la segunda guerra mundial, sufre aún los efectos en su demografía y en su crecimiento potencial de largo plazo.

Hemos comentado aquí cómo la gripe española causó hace un siglo, casi tantos muertos como las guerras revolucionarias. Pero el estado de bienestar y el crecimiento económico disparado en las décadas subsecuentes, trajeron un auge democrático que convirtió a nuestro país en uno de los quince más poblados del mundo.

Cuando esta pandemia pase, porque pasará, el mundo será distinto, quizá muy distinto a lo que era hasta antes que el covid llegara a cambiar nuestras vidas.

Para empezar, si como parece, las vacunas contra el virus funcionan, la ciencia y la industria médicas habrán dado un salto cuántico en su evolución. La velocidad con la que se generó la vacuna contra el covid, algo inaudito, quizá apareje vacunas y remedios contra males ahora incurables, como el VIH-Sida, y otros. Al mismo tiempo, las soluciones tecnológicas que gradualmente se habían infiltrado en nuestras vidas, forman parte de nuestro cotidiano ya, y no habrá vuelta atrás: el trabajo a distancia o desde casa, las compras/ventas electrónicas y los pagos por la misma vía, el entretenimiento masivo a distancia, la educación remota.

Quizá en un par de años regresemos a los conciertos masivos, al Vive Latino y a la Fórmula Uno, a estadios de futbol llenos y a las fiestas comunales. Pero el trabajo, las compras, la diversión y la educación a distancia ya forman parte del día a día. La banca, la inversión en bolsa, los exámenes profesionales de la universidad, ya se ha mostrado que pueden hacerse en línea y su adopción general podría traducirse en incrementos sostenidos de la productividad.

Hoy como hace un siglo, la pandemia ha provocado un salto tecnológico en múltiples sectores, así que cuando esta pase, una sociedad harta del encierro, triste por las pérdidas, con ahorros disponibles al limitar su consumo por el confinamiento, saldrá de sus catacumbas con ganas de gastar, de viajar, de divertirse, de bailar y cansarse de ver béisbol y basquetbol.

Un rasgo peculiar que muchos Estados han adoptado para incentivar la inversión y la economía y amortiguar la recesión ha sido el de enfocar el gasto en proyectos sustentables ambientalmente. Existe un consenso, cada vez más extendido, que la economía global que salga del confinamiento planetario en el que estamos deberá de ser más verde, sustentable con los recursos naturales y la flora y la fauna del mundo.

Existen muchos retos, macroeconómicos algunos, como el abultamiento de las deudas públicas y las hojas de balances de los mercados centrales que pondrán límites a la velocidad de salida y a la normalización de las condiciones monetarias.

Pero si esos riesgos se gestionan bien, el salto tecnológico, la extensión de la automatización industrial, y la necesidad de recuperar “la joie de vivre”, podrían disparar un crecimiento económico y un necesario florecer cultural generalizado en amplias zonas del mundo, luego de casi dos años de encierro y contención vital de miles de millones de consumidores en el planeta.

La historia no se repite. Nunca. Pero hay parecidos. Luego de guerras, pestes y pandemias, suelen sobrevenir épocas de alegría y bonanza (y de auges bursátiles). Es probable que la economía, empujado por el consumo y la inversiones verdes y en automatización, disparen un auge económico notable. Veremos que dicen entonces estas infladísimas bolsas.