sábado, 24 de febrero de 2024

Wall Street: La Envidia A Nvidia

Lo de moda estos días es la inteligencia artificial (IA). Todo lo que parezca o huela a IA tiene el favor de los inversionistas, quienes están vertiendo miles de millones de dólares en el puñado de compañías que encabezan esta nueva ola de innovación tecnológica que, de acuerdo con muchos, está en el borde de transformar al mundo y su economía. Pocas empresas sintetizan este momento, como Nvidia, la fabricante de chips para procesar los algoritmos de la IA, que se ha convertido (la aliteración es inevitable), en la envidia de todo Wall Street, subiendo como la espuma y rompiendo marcas de ingresos y ganancia sin interrupción.

Hasta hace un par de años Nvidia era una fabricante de chips para gráficos, como los usados en los videojuegos,y con poca presencia en el mercados de computadoras, servidores o telecomunicaciones. Pero la complejidad para procesar las gráficas resultó ser muy apropiada cuando los algoritmos de la IA alcanzaron la etapa comercial y comenzaron a encontrar sus aplicaciones en la economía.

La irrupción de la IA ha sido súbita, amplia y profunda, y la demanda por equipos que soporten esas soluciones ha explotado, creando un mercado nuevo y gigantesco para los fabricantes de chips especializados. La empresa mejor posicionada para enfrentar este abrupto incremento de demanda ha sido Nvidia, la cual goza en este momento de un momento eufórico en la bolsa de Nueva York.

En los últimos dos años las ventas de Nvidia se han quintuplicado, mientras sus ganancias se han multiplicado nueve veses, superando las expectativas de los inversionistas más optimistas.

El alza resultante en el precio de las acciones de Nvidia, la ha convertido en la tercera mayor empresa del mundo por su valor de mercado, solo detrás de los gigantes Microsoft y Apple, superando la marca de los dos billones de dólares, empujado por los inversionistas que apuestan que Nvidia será el siguiente gigante de Silicon Valley, por encima de Google, Facebook y Amazon.

Como siempre que aparecen milagros financieros como este, la pregunta inevitable es qué tanto de ese rally pasmoso es justificado por el incremento real en sus ventas e ingresos, y que tanto es el frenesí especulativo propio de una burbuja financiera.

En 2022 la acción de Nvidia llegó a caer 65 por ciento de su máximo, acompañando al resto de las empresas del sector de semiconductores, las cuales estaban siendo afectadas por uno de los típicos ciclos de altos inventarios que son comunes en esta industria, los cuales dependen de las expectativas de sus clientes en el resto de la economía, como la industria de telecomunicaciones, de computadoras, videojuegos, la militar o la automotriz.

Nvidia es una empresa de semiconductores. Por mucho que produzca los chips necesarios para la IA, no puede escapar a la ley de la gravedad económica que afecta a esta industria, sujeta a agudos ciclos de inventarios desde su creación. La forma en que el precio de Nvidia ha remontado implica que los inversionistas creen que la economía ha cambiado, y que lo que suele caracterizar a este sector desde su nacimiento ha dejado de aplicar. Creen que todo lo que tiene que ver con la IA es un mundo nuevo al cual no le aplican los ciclos económicos.

Pero hay una ley económica a la cual ni Nvidia ni nadie puede escapar: la competencia.

El enorme crecimiento de las ventas y las gigantescas ganancias de Nvidia son al mismo tiempo, el inicio de su final, pues atraerán ineluctablemente a competidores que buscarán una rebanada del suculento pastel que significa la economía de la IA. La historia es infalible: IBM fue la pionera en la fabricación de computadoras, un mercado del que ya desapareció; Yahoo fue el pionero en el mercado de buscadores de internet, en donde Google es el rey ahora; Nokia y Blackberry fueron los líderes innovadores en el mercado de teléfonos móviles, en donde hoy Apple gobierna; Tesla ha dominado por años el mercado de autos eléctricos, de donde la china BYD la ha desbancado, tumbando el valor de la acción recientemente; Intel dominó la industria de chips por décadas, hasta que llegaron TSM y Nvidia.

No hay modo. Lo mismo ocurrirá con el mercado de chips de Nvidia. Quizá la empresa siga siendo un jugador dominante, quizá incluso siga siendo la líder. Pero el actual monopolio sobre las ventas y ganancias del mercado de IA será la causa para que la competencia fiera comience el asedio de la líder.

La nueva economía que producirá la IA disparará una demanda por equipo, bienes y servicios relacionados que expandirán a la economía estadounidense primero, y al resto del mundo después, por las siguientes décadas. La escala y profundidad de esta revolución nos es desconocida, pero casi seguramente la sacudida será más amplia y honda que la de la computadora, el internet o la comunicación móvil de décadas pasadas.

Pero innovar, producir, implementar y vender la IA necesita dinero. Mucho dinero. Y quienes tienen dinero, muchísimo dinero son las grandes empresas tecnológicas de Silicon Valley: Apple, Microsoft, Google, Facebook y Amazon. La nueva economía tendrá una muy vieja característica: la concentración en un puñado de gigantes que serán aún más colosales, comprometiendo incluso la soberanía de los Estados nacionales.

domingo, 18 de febrero de 2024

Wall Street, ¿En Un Baño De Burbujas?

Si le piden a un economista que les ayude a evitar una burbuja financiera, la mayoría les dará un consejo que les servirá muy poco: “sólo sabemos que es una burbuja hasta que revienta”. Es difícil decir que lo que estamos viendo estos días en múltiples rincones de Wall Street no sea una burbuja. Desde los chips de inteligencia artificial, hasta las mega tecnológicas, pasando por al cacao y las criptomonedas, existen muchos activos financieros cuyos precios se han inflado más allá de cualquier cálculo racional. ¿Estamos en una locura especulativa que acabará mal? Sólo lo sabremos si, y cuando reviente. Lo siento.

Uno de los ejemplos más escandalosos es el precio de la acción de la fabricante de chips Nvidia, la líder de fabricante de semiconductores para el procesamiento de la inteligencia artificial. Su acción ha subido un impresionante 49 por ciento en lo que va de este año, luego de haber despegado un increíble 239 por ciento en el 2023.

Para ser una compañía ya tan grande, el rally continuo en el precio de su acción la ha propulsado por encima de las colosales Amazon y Google medidas por su valor en el mercado, convirtiéndola en la tercer mayor empresa del mundo por ese criterio.

La euforia por las acciones de Nvidia responden a la demanda furiosa por aquellas compañías relacionadas con la inteligencia artificial. Los inversionistas apuestan que dicha tecnología transformará la economía y los negocios mundiales, y que aquellas empresas, como Microsoft, que cuentan con divisiones enfocadas en su desarrollo e implementación, ganarán la próxima oleada de innovación y de ganancias.

La locura financiera por la inteligencia artificial ha causado que el valor en bolsa de Nvidia supere al de todo el sector energético cotizado en Nueva York, el cual incluye a gigantes petroleros como Exxon Mobil, Chevron, ConocoPhillips, Halliburton y Occidental Petroleum y otras diecisiete compañías. Lo asombroso es que el sector energético genera casi ocho veces más ingreso que Nvidia, por lo que la razón por la que la fabricante de chips vale más que todas las petroleras juntas es difícil de entender.

Otro rincón en donde hay un olor y sabor a burbuja es el de las cripto monedas, esos activos estrafalarios que no producen nada, que no proporcionan ingresos, pero que han sido exitosamente vendidos como un equivalente digital del oro. La criptomoneda más famosa, Bitcoin, trepó 106 por ciento el año pasado, y en lo que va de este ha remontado ya un fortísimo 22 por ciento, alimentado por la expectativa de bajas en las tasas de interés de referencia de la Fed. ¿Por qué algo que no da ingresos, ni sirve para algo, sube como ha ocurrido? La explicación es forzada.

Los precios de algunas materias primas están volando también más allá de lo lógicamente explicable, levantando sospechas de que los especuladores están avivando las cotizaciones del fruto más allá de lo determinado por su oferta y la demanda. Los precios del cacao por ejemplo han subido casi 110 por ciento en el último año, empujados por malas condiciones climáticas en Costa de Marfil y Gahana, los dos principales productores mundiales. Los precios del jugo de naranja han volado 55 por ciento en los últimos dos meses, rebasando el desempeño de la mayoría de las acciones de Wall Street.

El desempeño de las siete mayores empresas de las bolsas también tiene un tufo a burbuja. Las llamadas “Siete Magníficas” (Microsoft, Apple, Nvidia, Amazon, Google, Facebook, y Tesla) ha sido difícil de entender y de explicar: Los últimos dos años las acciones de estas siete vedetes del mercado ha sido tal, que su valor combinado en bolsa representa casi 30 por ciento del total del mercado, la mayor concentración para un grupo de ese número en la historia de Wall Street, salvo por la fatídica fecha de 1929, cuando las bolsas experimentaron su desplome más dramático.

Las burbujas especulativas son un ingrediente inherente en los mercados financieros. La exuberancia de precios quizá tenga la función de entusiasmar a los inversionistas para que entren en las bolsas y estas puedan así cumplir con su función de financiar la inversión de la economía. La ilusión de ganar mucho dinero en muy poco tiempo es un poderoso magneto para atraer a los ahorradores y canalicen sus recursos al financiamiento del capital. A los inversionistas no les gustan los mercados aburridos. La verticalidad de los precios es un atractivo necesario para que los mercados de capitales funcionen.

Pero el problema de las burbujas es que revientan. Que aquellos que compraron al final, justo antes de truene la burbuja acaban arruinados, perdiendo sus ahorros, miles de fortunas se destruyen, el canal de financiamiento se atrofia e interrumpe.

Mientras las burbujas se inflan surge una distorsión: la inversión se concentra en aquellas empresas protagonistas de la euforia, mientras que las empresas normales sufren una sequía de financiamiento, privándolas del capital necesario para su crecimiento, y cuando las burbujas estallan, estas empresas son presas del malestar general del mercado.

¿Estamos viendo un baño de burbujas en Wall Street?...lo sabremos solamente si, y cuando, estalle.

sábado, 10 de febrero de 2024

El Fantasma De La Crisis Bancaria Ronda Al Mercado

En su forma más simple, un banco es una gran idea: gana dinero prestando dinero de otros. Hacen negocio con dinero que no les pertenece. ¿Qué puede salir mal? En condiciones normales, todo debería de marchar bien. Pero una y otra vez a lo largo de siglos, el capitalismo ha sufrido sobresaltos, algunos severos, por fallas en el mecanismo bancario. ¿Será posible que esta marcha milagrosa de la economía y de los mercados, en donde todo marcha por la senda dorada de un crecimiento imparable, pleno empleo e inflación descendente, sea interrumpida, una vez más, por fallas en el sistema bancario? Veamos.

La semana pasada, Janet Yellen, una de las mejores mentes económicas del mundo, y que toca la casualidad, es la secretaria del Tesoro de los Estados Unidos, emitió una advertencia durante su comparecencia en el Congreso: el deterioro de la cartera crediticia ligada al sector inmobiliario estadounidense podría representar un riesgo a tomar en cuenta, especialmente entre los bancos menores, y entre los intermediarios no bancarios.

Vamos por partes. Primero, existe un eslabón especialmente débil en el sector inmobiliario: los bienes raíces comerciales (BRC), los cuales han sido afectados por el desplazamiento del comercio hacia vendedores en línea (como Amazon), así como por el trabajo en casa resultante de la pandemia. Lo anterior ha orillado a que el valor de las propiedades, la mayoría de ellos comprados con financiamiento, se encuentre en muchos casos por debajo del crédito contratado. Es decir, ni vendiendo el inmueble puede pagarse el financiamiento incurrido.

Segundo, el financiamiento de BRC está particularmente concentrado en los bancos regionales (de mediana talla), y en los intermediarios no bancarios (como fondos e hipotecarias), los cuales sufren de la peculiaridad de no tener una base diversificada de financiamiento. Como cuentan con depósitos limitados (los regionales), o de plano no tienen depósitos, y deben de recurrir a los bancos grandes o al mercado (los no bancarios), estos intermediarios son susceptibles a los vaivenes del mercado de crédito.

Un banco debe de cuidar en todo momento los dos brazos de su balance: el activo (los créditos que otorga), y el pasivo (los depósitos y créditos que recibe). La situación crítica en la que se encuentra el sector de BRC en Estados Unidos significa que muchas instituciones financieras se encuentran en un riesgo importante en esos dos brazos.

Las últimas dos semanas las acciones de los bancos regionales en Estados Unidos han sido masacradas, recordando la crisis bancaria de hace un año, si bien el resto del mercado, propulsado por las increíbles ganancias del sector tecnológico, ha permanecido aislado.

En este punto vale la pena recordar que una de las principales fuentes de financiamientos de los bancos regionales y de los intermediarios no bancarios, son los bancos grandes, aquellos que si cuentan con una extensa base de depósitos para llevar a cabo sus operaciones. Gigantes como JP Morgan, Bank of America, o Citigroup, si bien no financian directamente al sector BRC de manera intensa, si financian a la banca regional y al sector no bancario, por lo que su exposición indirecta al sector inmobiliario debe de añadirse a su exposición directa.

En lo personal, las memorias de la crisis financiera del 2008-2009 son vívidas. Me tocó sufrirlas mientras trabajaba en un intermediario no financiero internacional que quebró en esa coyuntura. La brutalidad de la crisis fue inusitada. Sentías caminar por un terreno minado en donde todo estallaba a tu alrededor.

Las principales economías aprendieron la lección de esa crisis, y las reglas y requerimientos de capital que impusieron al sector bancario reforzaron a esta industria, tan crucial para el capitalismo moderno, de forma que hasta el momento la banca ha tenido un desempeño sólido y sorprendentemente bueno durante el actual ciclo económico/monetario, en donde los bancos centrales han subido abruptamente sus tasas de referencia.

Decíamos al inicio que los bancos prestan dinero de otros, no el suyo. Tras la crisis de 2008-2009, los reguladores de las principales economías obligaron a los bancos a poner más dinero propio en el negocio. Esto es lo que significa aumentar la capitalización de los bancos. Los resultados son favorables, y la economía global ha sorteado el actual episodio económico, complicado como pocos, sin el sobresalto de quiebras bancarias. 

Pero la naturaleza del negocio bancario: el de prestar lo prestado, es susceptible de fallar si las condiciones económicas se deterioran. El desplome de los BRC en Estados Unidos desencadenó la semana pasada en muchos países una cadena de provisionamiento contra potenciales pérdidas que redujo la rentabilidad de los grandes bancos. El fantasma de la crisis bancaria sigue rondando, esperemos que se mantenga lejos.

domingo, 4 de febrero de 2024

Los Siete Pecados De Las Siete Magníficas

Si no existieran las siete más grandes empresas de Wall Street, el asombroso rally de las bolsas quedaría reducido a nada. Si quitáramos a las empresas tecnológicas que dominan el mundo, el alza increíble de los mercados del último año y medio sería un espejismo, una ilusión financiera. Las “Siete Magníficas”, como se apoda a las gigantes tecnológicas, acaparan el crecimiento, las ganancias, los titulares, y la atención de inversionistas y analistas, inflando sus precios a niveles insospechados, en medio de la mediocridad del resto del mercado. Repasemos aquí los siete pecados de las siete magníficas.

Usufructuando el título de la legendaria película de los años sesenta (“Los Siete Magníficos”, de John Sturges, refrito a su vez de la joya de Akira Kurosawa, “Los Siete Samurais”), la prensa financiera y los analistas han bautizado a las siete mayores empresas, medidas por su valor de mercados, como las “Siete Magníficas”. Ellas son: Microsoft, Apple, Facebook, Google, Nvidia, Amazon y Tesla. Un grupo en donde ésta última ha tenido un mal desempeño reciente, pero que, dada su popularidad, es incluida en el conjunto.

¿Cuáles son los siete pecados de las siete magníficas? 

Concentración del rally: Aquellos que están invertidos en portafolios que siguen al mercado están felices, pues al alza de estas siete magníficas ha jalado consigo a los índices. Pero aquellos inversionistas que analizan a todas las empresas e invierten de acuerdo con sus criterios, no la están pasando bien. Si no han invertido en las siete vedettes, se han perdido completamente de la fiesta. Basta una muestra: las sólidas ganancias de wall Street en enero fueron explicadas en un 98 por ciento por sólo cinco acciones (dado que Apple y Tesla tuvieron un mal desempeño)

Concentración de las ventas: En 2023, las ventas sumadas de las siete magníficas crecieron un muy sólido 14 por ciento. Pero si excluimos a las siete de las 500 empresas que componen el S&P 500, las ventas de las restantes 493 cotizadas se expandieron un pálido 2 por ciento. Las ventas han crecido en la economía estadounidense básicamente porque han crecido para las siete magníficas.

Concentración de los márgenes: El margen de beneficios (la diferencia entre ingresos y gastos) de las empresas del S&P 500 subieron un modesto 11 por ciento en 2023, por debajo del 25 por ciento de incremento del precio del S&P 500. Sin embargo, el margen de beneficios de las 493 empresas más pequeñas creció apenas 9 por ciento, mientras que el margen de las siete magníficas se expandió en 23 por ciento el año pasado. En otras palabras, si el crecimiento del mercado sigue al comportamiento de los beneficios, el desempeño de las siete magníficas explica prácticamente toda la historia.

Concentración de los beneficios: el siguiente dato es apabullante y obliga a la reflexión profunda. En la bolsa de Nueva York (el NYSE), cotizan poco menos de cinco mil empresas. Si tomamos las dos mil menores empresas tenemos el índice Rusell 2000, al cual se le conoce popularmente como el índice de las medianas y pequeñas empresas del NYSE, el desempeño es preocupante: sus ventas crecieron -4.6 por ciento el año pasado, mientras que sus beneficios se desplomaron 53 por ciento. Pareciera como si el crecimiento de la economía estadounidense estuviera muy mal repartido, concentrado en los siete colosos, y el resto de la economía estuviese sufriendo ya una punzante contracción.

Concentración de los medios: el premio Nobel de economía, Robert Schiller, pone mucho énfasis en cómo las narrativas se conjugan para mover a los mercados. La conversación importa, dice Schiller. Revisen ustedes la prensa financiera de los últimos doce meses, y serán la obsesión de los medios, los chats, los foros, los analistas, con las Siete Magníficas. Difícilmente se habla de otro tema, a menos que sea algo severo, como los gafes de los aviones de Boeing. 

Concentración del peso del mercado: ¿A dónde irá el mercado? A donde vayan las Siete Magníficas. Nunca antes en la historia del capitalismo un grupo tan pequeño de empresas había pesado tanto dentro de los índices bursátiles. Las siete representan poco más del 28 por ciento, casi la tercera parte de todo el mercado concentrado en un conjunto muy reducido de empresas. Para bien y para mal, la suerte de Wall Street está ligado a ellas.

Concentración de la Inteligencia Artificial y el Futuro: Si el futuro del mundo y de la humanidad depende de lo que ocurra con la inteligencia artificial y otros desarrollos, como la implantación de chips en humanos y la creación de cyborgs, entonces ese futuro depende de las Siete Magníficas. Ellas son las principales inversionistas en los equipos de técnicos y científicos desarrollando esas tecnologías de vanguardia que cambiarán nuestras vidas en formas ahora insospechadas. No nada más el destino de las bolsas, de Wall Street, o de la economía estadounidenses dependen de esas siete. Parece que el futuro dependerá también de ellas.