domingo, 15 de enero de 2017

¿Es Donald Trump Nuestro Enemigo?: Preparémonos Para Lo Peor

¿Qué puede hacer un país cuando su enemigo es el presidente de los Estados Unidos? ¿Qué puede hacer un país cuando el presidente de los Estados Unidos exacerba el odio contra éste para ganar la elección y vertebra su programa de gobierno de los próximos cuatro años alrededor de un muro en la frontera? ¿Qué puede hacer un país cuando el presidente de los Estados Unidos se ha fijado el objetivo de destruir su industria más exitosa?
Tales son las premisas sobre las cuales deberá de fijarse la política económica, la política exterior y la política en general en México en los próximos meses y años. Muchos analistas siguen diciendo que no hay que exagerar, que Donald Trump no es tan terrible como parece. Creo que debemos prepararnos para el peor escenario. Para un escenario en donde el león si sea como lo pintan.
Si Donald Trump será tan terrible con México como parece ser, entonces la primera misión de México es la de evitar que la fobia del presidente se convierta en una política de Estado. Que la fobia sea personal, y que ni el Estado ni las grandes corporaciones la compartan. Suena más fácil decirlo que hacerlo. La respuesta que Ford, Fiat y otras armadoras, junto con la simpatía con la que los republicanos ven el muro en la frontero mexico-estadounidense sugiere que la fobia de Trump tiene, ya sea simpatías, o será acatada por las corporaciones.
¿Cómo convencer a los republicanos, y más aún, al estadounidense promedio, que México no es el enemigo que le ha robado millones de empleos, sino un aliado que ha contribuido a que se creen millones de empleos adicionales? El aliado clave en este punto serán las corporaciones: las automotrices, las electrónicas, las de aviación, quienes se han apoyado en los trabajadores y proveedores mexicanos para competir en el mercado global. Son ellas las que deben de convencerse y convencer luego a la clase política, que independientemente de lo que su presidente piense, México es esencial para la competitividad de los Estados Unidos.
Convencer al partido republicano será más difícil. Esta instancia está cooptada por una coalición ultra conservadora para la cual México representa lo que Trump comunicó a sus electores: la razón por la cual millones de estadounidenses no han prosperado por un par de décadas. Los republicanos sin embargo no son un monolito, y sobreviven republicanos de centro, tradicionales, ligados a las grandes corporaciones, que siguen creyendo en la necesidad de la integración económica de Norteamérica. Sobre estos grupos republicanos deberá México de apoyarse para proteger y reconstruir el consenso a favor del multilateralismo destruido por la coalición Trump.
Lo que parece imposible es convencer a los estadounidenses que compraron el anti-mexicanismo de Trump de que el presidente no tiene la razón. Quizá en algunos años, cuando vean que los empleos que les prometió no regresen a pesar del muro, que las exportaciones estadounidenses no florecen a pesar del cierre de las automotrices en México, que sus salarios no se recuperan ni renegociando el Nafta, quizá pueden olvidar la rabia que los llevó a votar con la irracional xenofobia con lo que lo hicieron en noviembre de 2016.
Hay una forma más sencilla de atacar todos esos problemas. Convenciendo a Trump de no hacer con México todo lo que ha dicho.
¿Qué tan difícil será que Ford, General Motors o Nissan lo convenzan? ¿Lo podrán convencer las electrónicas y las aeronáuticas que han hecho de México una potencia en esos sectores? ¿Podrán convencerlo las petroleras que comienzan ya a prospectar en el país? ¿Podrá hacerlo México trabajando a nivel personal en el primer círculo de Trump?
Y suponiendo que el primer círculo de Trump, e incluso Trump mismo son convencidos de que su plataforma anti-mexicana es contraproducente para su país: ¿podrán Trump y los republicanos echar marcha atrás ante su furiosa coalición ultra conservadora de enterrar una de las banderas que lo eligieron? ¿Podría Trump regresar el genio de la lámpara sin que haya consecuencias? Quizá no.

Supongamos que México (el gobierno, sus empresarios, sus aliados, todos) no logra revertir la agenda anti-mexicana que vertebra la plataforma de gobierno de Trump. Como aquí hemos insistido muchas veces en el pasado: las consecuencias de ellos serían terribles, pues implican la reversión del consenso multilateralista e integrador que permeó en los Estados Unidos desde finales de los 80. Es un cambio total de las reglas del juego. Y para eso debemos prepararnos. Debemos de prepararnos para lo peor. Para una relación México-Estados Unidos totalmente distinta a la que vivieron las últimas dos generaciones de gobiernos y empresas.

sábado, 14 de enero de 2017

Poemas Para Beber En El Starbucks: Sor Juana y Fray José Alfredo Llorones

La imagen es la siguiente: Dos amantes riñen, se disputan. Hay descuido y amargura hasta que el llanto surge, y uno de los amantes cubre con sus manos el rostro húmedo de lágrimas del otro.

Esa imagen sencilla y común, que podemos ver en cualquier parque, en una estación del metro, en los patios de la escuela, en un puesto de tacos o en una película, ha producido algunos poemas fabulosos. En esta sección de "Poemas para beber en el Starbucks" presentamos dos de ellos: uno de Sor Juana, el otro de Fray José Alfredo.

El de Sor Juana es la cúspide. No creo de veras que exista un poema más hermoso basado en esa imagen. No existe mejor forma de describir el pleito entre los amantes, el estallido del llanto y el consuelo con el rostro de uno en las manos de otro. Es uno de los poemas más hermosos del mundo.

Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba,
como en tu rostro y tus acciones vía
que con palabras no te persuadía,
que el corazón me vieses deseaba;


y Amor, que mis intentos ayudaba,
venció lo que imposible parecía:
pues entre el llanto, que el dolor vertía,
el corazón deshecho destilaba.

Baste ya de rigores, mi bien, baste:
no te atormenten más celos tiranos,
ni el vil recelo tu inquietud contraste

con sombras necias, con indicios vanos,
pues ya en líquido humor viste y tocaste
mi corazón deshecho entre tus manos.

El otro es ese poema ebrio, tabernario y erótico de Fray José Alfredo, quien resolvía sus cosas de amor en cantinas y tugurios, en medio de tragos y de gritos. ¿Quién podría resolver sus cosas de amor en  una peda? Nomás José Alfredo cantando "El último Trago".

Pero en esa rola ebria y descarada hay una imagen sorjuanesca y hermosa:

"quiero ver a qué sabe tu olvido
sin tener en mis ojos tus manos"



La misma imagen, la común historia de amantes y su consuelo. Sor Juana y Fray José Alfredo

Salud a todos.

domingo, 8 de enero de 2017

El Imposible Mundo Disco De Donald Trump

Donald Trump está atrapado en los 70. Quiere ser presidente del mundo de cuando él era un adulto joven y los Estados Unidos se enfrentaban a la Unión Soviética en una carrera nuclear, los autos estadounidenses eran los mejores de la tierra, el dólar reinaba supremo entre todas las divisas, y él y sus amigos bailaban disco en el Studio 54 de Nueva York con conejitas de playboy. Ese mundo ya no existe, ha cambiado al punto de ser un recuerdo: pero Donald Trump piensa que allí vive, y que será el Rey.
El escenario que la mayoría de los bien intencionados columnistas gustan de repetir no ocurrirá. Donald Trump no cambiará. No será modulado por las intereses creados. La peor versión de Donald Trump será la que veremos desde el día uno de su presidencia: racista, proteccionista, armamentista y machista. Dispuesto a incumplir todo el código de comportamiento político conocido con tal de salirse con la suya. Y “la suya” es lamentable: imagina a unos Estados Unidos que ya no existen: cerrados al mundo, blanco y religioso, llenos de armas nucleares para pelear contra un enemigo que hace mucho se extinguió. Trump viene de un mundo que está luchando por no desparecer y que hará un último esfuerzo por permanecer relevante en la historia.
Donald Trump es como la música disco de sus adorados 70: una pieza de museo. Quienes votaron por él son los caídos del largo proceso de globalización que ha implicado la pérdida de empleos y capacidad industrial en vastas áreas de los Estados Unidos, quienes votaron por él piensan que regresar al pasado es posible: que Estados Unidos puede ser blanco de nuevo, expulsando a sus millones de inmigrantes; que es posible repatriar los millones de empleos que las empresas estadounidenses han establecido en China, México y el sudeste asiático; que es posible reconstruir el arsenal nuclear estadounidense y embarcarse en una carrera contra un enemigo que hace décadas dejó de ser la Unión Soviética y que ahora es más listo que Trump para hacer negocios.
El problema con Trump es que fue electo por los perdedores de la globalización bajo la promesa que revertirá los efectos de la misma. Eso es imposible. Trump vendió a sus votantes la idea que el tiempo puede volver, que la manecilla retrocede. Eso no es posible ya. No sólo no es posible en términos físicos. Todos sabemos que el tiempo no puede regresar. Regresar no es posible económicamente tampoco.
Los trabajadores de Detroit que perdieron sus empleos cuando su planta se mudó a México probablemente ya no estén calificados para hacer lo que hacían, incluso si la planta regresara. Las empresas que mudaron sus operaciones a China invirtieron millones de dólares que no pueden abandonar en el lejano oriente. Las empresas estadounidenses no pueden regresar sus fábricas a Wisconsin y pagarles a los trabajadores que alguna vez despidieron salarios la décima parte de lo que pagaban. O puede que los contraten pagando los salarios promedio, pero entonces tendrán que subir los precios de los automóviles y otros bienes para compensar los mayores costos. Y si lo hacen, los productores chinos, europeos y asiáticos los barrerán del mercado con sus precios más bajos. Trump puede evitar esa masacre por supuesto poniendo cuotas y aranceles para proteger el mercado interno. Pero si lo hace entonces los precios subirán y los Estados Unidos perderán competitividad.
Y por supuesto si Estados Unidos pierde competitividad siempre tiene su arsenal nuclear para convencer a sus rivales de adaptarse a sus reglas. Como solían hacerlo en los años setenta cuando la música disco reinaba y Trump y sus novias se divertían en Studio 54 en Manhattan .



La estrategia de Trump es imposible porque se trata de regresar a un mondo que ya no existe: bipolar y cerrado, proteccionista y nuclear, rural y blanco. Lo dramático es que quien abrió al mundo, lo desnuclearizó y lo hizo secular y abierto a la necesaria migración fueron los Estados Unidos. Trump es el imperio renegando de su creación más acabada. Los costos de la globalización a raja tabla han sido tan altos, que su propio creador está tratando de revertirlo. No podrá. El sueño de Trump está destinado al fracaso. No podrá cumplir el mundo que prometió simplemente porque el pasado no vuelve. Ni yendo a bailar música disco al Studio 54. Ni yendo a bailar a Chalma.

domingo, 18 de diciembre de 2016

Janet Yellen Y Su Misión Para Salvar Al Mundo

Esta semana la Reserva Federal de los Estados Unidos, (la Fed) hizo válidos la mitad de los pronósticos respecto de su decisión de política monetaria: conforme a lo pronosticado, incrementó sus tasas de interés 25 centésimas hasta 0.75%, el nivel más alto de los últimos siete años, y la segunda ocasión en una década que las tasas suben. Pero la otra mitad de los pronósticos fallaron: la senda futura de las tasas para los próximos doce meses parece estar más empinada de lo que se creía, pues Janet Yellen, la solitaria presidenta de la Fed tiene una misión bien complicada: salvar al mundo de la era de dislates de Donald Trump.
Creo que el principal destinatario indirecto del cambio en el mensaje de la Fed de Yellen es justamente Donald Trump. El destinatario directo son los mercados por supuesto, y a ellos la Fed les dice ahora que en lugar de dos, quizá tendrá que haber tres alzas de tasas en el 2017. Y la razón para ello quizá sea Trump.
La economía estadounidense se encuentra en la cercanía de lo que los economistas llaman “pleno empleo”. La tasa de desempleo está en mínimo de muchos años, el PIB está creciendo por encima de lo esperado, las nóminas no agrícolas han crecido durante 74 meses consecutivos y la expansión económica lleva siete años ininterrumpidos. La inflación, por suerte para todos, permanece moderada y sin señas de un repunte preocupante, pero las condiciones que típicamente se asocian a una incremento de precios se encuentran presentes y la Fed siente que debe de cuidar ese aspecto.
Si la economía se encuentra en buen estado, la Fed dice que ya no es necesario inyectarle oxígeno y vitaminas manteniendo las tasas cerca del cero por ciento como lo hizo desde el 2008, y es necesario aplicar el freno de manera gradual. El crecimiento está sólido, y procede aplicar el freno gradualmente para que la inflación no asome las narices.
Pero si la economía está en la ruta correcta ¿Por qué Trump prepara lo que parece ser un paquete masivo de reducción de impuestos a las empresas y a los más ricos? ¿Por qué si estamos cerca del pleno empleo Trump quiere desregular el mercado financiero y regresar de nuevo la expansión masiva del crédito? ¿Por qué si la economía está en un camino de expansión equilibrada Trump parece querer recurrir a un colosal déficit fiscal para producir quien sabe qué tipo de crecimiento económico?
La política macha y estamínea de Trump, que asocia su obsesiva virilidad al dólar fuerte, a un crecimiento vigoroso, a deuda masiva y a expansión en esteroides, produciría de concretarse al menos tres efectos: un dólar fuerte, el disparo de los déficit comerciales y fiscal, y quizá un resurgimiento de la inflación, la cual ha dormido plácida las últimas tres décadas.
Es este último escenario quizá lo que preocupa a Janet Yellen. El hecho que un empresario adicto a la deuda, a la moratoria, a los excesos corporativos, conduzca a la economía estadounidense a una ruta de crecimiento desequilibrado que deba ser moderada con los instrumentos que la Fed tiene a su disposición: la credibilidad de su política, la regulación financiera, y las tasas de interés.
Lo que estará entonces en juego en los próximos dos o tres años será el delicado balance político y económico entre el más poderoso funcionario electo (haiga sido como haiga sido) del mundo, Donald Trump; y la más poderosa funcionaria no electa del mundo: Janet Yellen.
Quien preside la Fed comanda el centro de poder más amplio del planeta sin que medie una elección. Es el funcionario no electo más poderoso del mundo. Janet Yellen, propuesta por Barack Obama, de repente se encuentra en una posición tremendamente complicada: ser el único y el último contrapeso contra un presidente que ha demostrado que está más cerca de un dictador que a la tradición democrática estadounidense.
El Partido Republicano, que se opuso hasta el último instante a la candidatura de Trump, se ha convertido en un apéndice del proto dictador, y el Senado y el Congreso, dominado por dicho partido, no harán mayor oposición a los desenfrenos del neoyorquino. Los medios de comunicación han mostrado la poca eficiencia que tienen sus denuncias y opiniones ante una sociedad y un presidente electo a quienes no les importa en lo más mínimo la decencia, los valores democráticos, y la rectitud política. Ante el cinismo de Trump y sus electores, ante la muerte de la moral, los medios no pueden ser un contrapeso para Trump.
Con Trump del lado de Rusia, con China cauta ante el desafío de Trump, sin contrapesos internos. Súbitamente una solitaria mujer, Janet Yellen, parecería ser la única capaz de salvar al mundo

sábado, 17 de diciembre de 2016

Poemas Para Beber En El Starbucks: Occupy Pacheco Y El Ready-Made

El bucolismo y la obra de Marcel Duchamp son dos extremos de una línea que no podemos decir que se tocan, porque nacen y se extinguen en un mismo punto: lo instantáneo de la belleza. La poesía bucólica celebra la naturaleza, canta a la belleza bruta y virginal del mundo tal y como nos fue dado. Marcel Duchamp, al exponer en una galería un mingitorio y una rueda de bicicleta empalada, decía que la sociedad industrial producía objetos de arte. El ready made es la aceptación de la inutilidad del artista.

El artista es sólo un medio para que la naturaleza (el bucolismo), y la sociedad industrial (el ready made de Duchamp), se expresen.¿Pero qué pasa cuando se trata no de objetos, sino de palabras? ¿Será posible que la sociedad industrial produzca palabras que sean ya poesía? 

La naturaleza no produce palabras. Las palabras son el inicio de la civilización. La palabra es anti-natura. Así que dado que la palabra no existe en el paisaje, ¿Será posible que, así como el mingitorio convertido en fuente de Marcel Duchamp, las palabras producidas por la sociedad industrial avanzada -Marcuse dixit-, puedan convertirse en arte?

Entre a la escena José Emilio Pacheco.

YA TODOS SABEN PARA QUIÉN TRABAJAN


Traduzco un artículo de Esquire
sobre una hoja de la Kimberly-Clark Corp.,
en una antigua máquina Remington.
Lo que me paguen irá directamente a las arcas
de Gerber, Kellogg’s, Procter and Gamble, Nabisco, Heinz,
General Foods, Colgate-Palmolive, Gillette
y California Packing Corporation.

----------------------

Cuando Pacheco escribe este poema había una discusión que en retrospectiva, era bastante inútil: ¿la poesía debe ser comprometida? ¿debe servir a una causa? ¿a la lucha de clases? La respuesta llegó sola con los años. La poesía debe estar comprometida con ella misma: hay poemas políticos preciosos y poemas no comprometidos que no valen la hoja en que fueron escritos.

Pacheco construye aquí un poema sencillo y maravilloso. Da un guiño a la poesía comprometida abordando un tema complejo, la ubicuidad de las multinacionales y el trabajo alienado (el título es inequívoco), pero lo hace con un tono que fue lo que siempre me atrajo de su poesía: un humor resignado.

En la sociedad industrial avanzada todos somos una pieza más, somos objetos de la sociedad de consumo, y el fruto de nuestro trabajo no nos pertenece. Pero decirlo de esta forma: acomodando las marcas de las trasnacionales para hacer un falso alejandrino ( "de Gerber, Kellogg’s, Procter and Gamble, Nabisco, Heinz,"); un inusual tridecasílabo ("General Foods, Colgate-Palmolive, Gillette"), es una muestra del genio, la picardía, el pesimismo sublimado de uno de los mayores poetas del castellano.

Este breve poema es humor, dechado de virtudes técnicas, provocación política, ensayo de filosofía social, y California Packing Corporation. 

(así termina el poema, con un endecasílabo perfecto y ready-made, como la hebra suelta de una camisa tejida)

Ahora lo sé. Pacheco, en esta Oujia rara que son los sueños, me indujo el título de esta sección. ¿Será posible que este poema se pueda escribir hoy así?

Bebo un café en el Starbucks
con un iPad Pro de Apple Corporation
llena de apps de Instagram y Face
Lo que me paguen irá directamente a las arcas...(ustedes síganle)

domingo, 4 de diciembre de 2016

El Macho Dólar Ataca De Nuevo


Si una economía tiene una moneda demasiado fuerte, hay siempre ganadores y perdedores, tanto dentro como fuera de ese país. Una moneda demasiado fuerte ayuda a los importadores y perjudica a los exportadores, y dentro del país ayuda a la demanda de bienes y servicios, eleva el precio de los bienes raíces y mejora el balance de los bancos, pero desanima el crecimiento del sector manufacturero y a veces el empleo general. Una moneda demasiado fuerte es siempre algo que hay que cuidar, pero cuando esa moneda es el dólar estadounidense las implicaciones alcanzan el último rincón del mundo, y debemos de estar preparados.
Que el dólar sea típicamente una moneda fuerte es algo casi genético: el hecho de que sea la reserva de valor de todos los consumidores e inversionistas le da una valuación que supera su precio normal. Todos estamos dispuestos a perder incluso, teniendo un rendimiento de cero, con tal de contar con la seguridad y el poder de transacción del dólar. Los economistas usan el antiguo concepto de “señoreaje” para  describir esta característica del dólar y otras monedas usadas como reserva de valor.
Pero tras la elección de Trump, y como aquí lo hemos comentado, el dólar se ha apreciado más allá incluso de sus niveles tradicionales, y parece enfilarse incluso a alturas mayores, a un estatuto vitamínico a tono con la retórica macha y desafiante de Donald Trump y la oleada conservadora que se apoderó del gobierno de los Estados Unidos en la reciente elección.
Pero el mercado de divisas es como una cobija. Si se jala de un lado para cubrirnos la cara se nos descobijan los pies. Si el dólar sube es porque las otras divisas bajan en valor. Si el dólar sube es porque más gente quiere comprarlo, y al mismo tiempo, quiere deshacerse de las otras divisas.
Del otro lado del dólar fuerte entonces hay muchas divisas que pierden valor, y es eso lo que le está pasando por ejemplo a nuestro peso. En cierto margen es bueno tener una moneda más barata, exportamos más y recibimos más inversión. Pero una moneda demasiado barata significa que los inversionistas no la quieren, que no le confían, y eso puede causar muchos problemas a esos países: les puede inducir inflación de costos, tienen que subir las tasas de interés domésticas para tratar de anclar sus monedas, el poder adquisitivo de sus habitantes se diezma, y si sus compañías, familias y gobiernos tiene pasivos en dólares, entonces la solvencia de ese país y su sector privado puede complicarse.
Si el dólar se fortalece, como parece que puede ser el caso, bastante más allá de lo que la economía de los Estados Unidos justificaría, veríamos seguramente a las empresas estadounidenses comprando compañías por el mundo usando su divisa sobre valorizada, lo cual puede crear resentimientos en un orden en dónde el gobierno de Trump aplica una diplomacia panzer contra todos.
Hay otro efecto muy probable. Y peligroso en el mediano plazo. Un dólar fuerte, como lo habíamos platicado en una columna anterior, aumenta el precio de los bienes raíces: casas, terrenos residenciales y comerciales, y edificios. Como la mayor parte de la riqueza de las familias lo representan los inmuebles, una revalorización de ese sector tendrá dos efectos: las familias se sentirán más ricas y gastarán más allá de sus medios; y los bancos prestarán más dinero, pues en sus activos obra un porcentaje importante de bienes raíces por un lado, y por el otro el colateral de sus clientes sube de valor.
Un contexto como este es el fermento ideal para un mercado alcista en las bolsas. El panorama es casi un reflejo al período 2001-2008 cuando un espiral alcista de precios de bienes raíces retroalimentó una burbuja accionaria que acabó reventando y hundiendo a la economía global en una profunda recesión.
Un dólar demasiado fuerte puede crear la ilusión de una falsa prosperidad, y ese es el ingrediente básico para un mercado desquiciado, que desalinee el equilibrio entre sectores y provoque burbujas que acaben tronando por todas partes.