sábado, 22 de septiembre de 2018

Domingos Rancheros: La Banda El Recodo Antes De lo Vulgar; "Costumbres"

¿Por qué el sur de Sinaloa ha dado tantos símbolos identitarios para la cultura popular mexicana? Quien sabe. Pero allí nacieron Pedro Infante, Lola Beltrán, los legendarios Tigres del Norte, y también allí fue creada la hoy famosísima Banda El Recodo.
Durante décadas la tambora era una música local, reducida a Sinaloa, y por alguna razón, a Zacatecas, y sin duda su mejor interprete era La Banda el Recodo de Don Cruz Lizarraga.
Cuando llegué de Sinaloa a estudiar a la Ciudad de México en 1985, la música de banda era una rareza en la capital. Quienes oíamos y bailábamos tambora éramos los expatriados sinaloenses y nayaritas perdidos por acá. Pero de pronto algo pasó, y hoy la música de banda es tan popular que está por todas partes, hasta el punto de la saturación.
Parece ser que Don Cruz Lizarraga se opuso siempre a que su banda incluyera vocalistas. Quiso mantener la tradición instrumental y limitarse a la música regional, lejos de la música comercial. Pero al morir Don Cruz Lizarraga sus hijos y parientes que formaban El Recodo decidieron volcarse a la música comercial e incluir un vocalista, teniendo el tino de escoger a una voz tremenda: la de Julio Preciado.



Tengo para mi que Julio Preciado define, para bien y para mal, la evolución de la música de tambora. Una voz poderosa, suave y con altos agudos, que interpretaba canciones difíciles con una tremenda facilidad, supo capturar el espíritu tabernario y festivo de la música de la tambora.
La banda se canta en fiestas, palenques y cantinas, no es música de cámara ni de sala de estar. Y la voz de Julio Preciado fue justo lo que se necesitaba para que el Recodo diera el gran salto de una banda de música tradicional a un fenómeno transcultural y transregional, convirtiéndola en un fenómeno internacional y poniendo a la música de tambora en el centro de la cultura popular mexicana, incluso a despecho del ranchero.
El Recodo y Julio Preciado fueron incapaces de manejar su tremendo éxito comercial (un ejemplo, dos de los tres álbumes más vendidos de la historia de México son de la Banda El Recodo) y se separan, y es allí donde inicia la vulgarización de la tambora.
Tras la separación de su vocalista, El Recodo recluta a "el Mimoso", un cantante correcto pero incapaz de alcanzar las notas y el estilo del coloso Julio Preciado, así que para tratar de alcanzar los tonos de Preciado el Mimoso no tuvo otro remedio mas que gritar, y fue allí donde se chingó la patria.
La llegada del Mimoso coincide justo con la invasión del país por la música de banda, todo mundo comenzó a escucharla y llegó a Bandamax y otros canales de televisión, y de allí en adelante todas las bandas que surgieron, queriendo imitar a El Recodo, comenzaron a gritar como el Mimoso. Ya no hubo regreso: la banda se grita. Lamentable.
Todo por querer imitar a Julio Preciado, siendo que la banda se puede cantar como la cantaba Antonio Aguilar y José Alfredo Jimenez, e incluso Pedro Infante. Maldito Mimoso.

EL Peso/Dólar Y La Torta de Jamón

Si tomamos dos rebanadas de bolillo y les untamos mayonesa, y ponemos una loncha de jamón y una rodaja de jitomate, tendremos una torta de jamón. Si lo hacemos una o cien veces, tendremos siempre el mismo resultado: una torta de jamón. Pero si lanzamos un dado tendremos un resultado incierto. Si lo hacemos uno u cien veces tendremos resultados dispares. Algunas partes de la economía funcionan como una torta de jamón, pero otras funcionan como un tiro de dados, especialmente las divisas.
Donald Trump es fácil de entender: quiere que lo quieran obligándote a golpes. Quiere mejorar las condiciones comerciales de EEUU ante el resto del mundo cerrando el comercio. Es como invitar a alguien a tu casa y que llegue tirando la puerta a patadas para que lo trates bien. Tal es la política comercial de Trump, y quizá le haya logrado algunas victorias, pero contra China las cosas pueden ser diferentes.
La semana pasada publicamos en esta casa editorial un rápido análisis sobre las posibles consecuencias que podría tener sobre México la acrimoniosa disputa comercial entre Estados Unidos y China. El razonamiento es el siguiente: dado que en algunos sectores México y China compiten por el mercado estadounidense, si Trump incrementa aranceles a China eso hará a las exportaciones mexicanas más competitivas en el mercado del norte.
Esta incremento inesperado de la competitividad puede traducirse en dos efectos: sea que México exporte una mayor cantidad con la actual paridad peso/dólar; o que exporte la misma cantidad pero permitiendo que la cotización peso/dólar se aprecie. O una mezcla de ambas. Y eso parece ser lo que está ocurriendo. La disputa comercial EEUU Vs China ha coincidido con una apreciación modesta del peso/dólar, a pesar de que las perspectivas de un acuerdo del TLCAN no parecen haber mejorado.
Y aquí es donde regresamos a nuestra torta de jamón y el tiro de dados. Los mercados de divisas son extremadamente difíciles de pronosticar. Son tantos los factores que intervienen de manera simultánea en la oferta y la demanda de divisas que en el mercado y en la academia existe un consenso respecto a la dificultad de predecir el curso de corto plazo de las paridades.
Una partícula de sólido dentro de un líquido describe una trayectoria imposible de pronosticar. Son tantas las combinaciones de los efectos de otras partículas entre sí y sobre dicha partícula sólida, que su derrotero es imposible de predecir, pero si es posible de describir, a través de las ecuaciones del movimiento browniano. Muchos economistas afirman que los precios de las acciones y de las divisas son tan impredecibles como un volado, un tiro de dados, o el movimiento browniano. Y quizá tengan razón.
El sistema de aranceles, cuotas y acuerdos comerciales actualmente en vigor en el mundo han producido un período prolongado de relativa estabilidad cambiaria desde que la crisis de 2008-2009 provocó un sobresalto significativo en el equilibrio previamente existente. Lo anterior no es un hecho menor: históricamente el patrón oro fue sustituido por un sistema de tipos de cambio fijo, y cuando el sistema de tipos fijos no pudo ser mantenido pasamos a un esquema de paridades flexibles pero con volatilidades mínimas.
Una volatilidad reducida es el nuevo patrón oro.Es imposible atar las paridades a un metal de oferta limitada como en el patrón oro; el sistema de tipos fijos es extremadamente ineficiente para absorber choques externos y crea incentivos para hacer trampa. El esquema que la economía global ha encontrado para convivir es un sistema de tipos de cambio flexibles con una volatilidad mínima.
Y es esa volatilidad mínima la que la política comercial de Trump está poniendo en entredicho. Cada nueva ocurrencia del estadounidense introduce grados de volatilidad adicionales en el sistema que amenazan con desalinear el sistema de paridades actual. Un día son aranceles a los autos y el acero europeos, el otro día son cuotas a los lácteos canadienses, al siguiente es la amenaza de terminar el TLCAN, y ayer fueron los misiles comerciales contra China en la forma de múltiples aranceles y barreras comerciales.
En un régimen de tipo de cambio flotante, la forma más rápida y eficiente de combatir un arancel es una depreciación cambiaria. Con cada arancel que Trump dispara el riesgo de una desalineación del delicado equilibrio de paridades en el mundo se incrementa, y dado el sistema complejo que es la economía global, el resultado final de dicho aumento de la volatilidad son impredecibles.
El ejemplo de la tríada EEUU-China-México es un buen ejemplo de lo anterior. El mercado 
cambiario nacional parece saludar con entusiasmo cada misil que Trump lanza contra la muralla china, como si cada arancel contra el gigante asiático fuera un esteroide a favor del peso mexicano. Los vasos comunicantes de las finanzas globales son caprichosos y no vaya a resultar que de ser los bad hombresde la campaña de Trump, los mexicanos acabemos siendo beneficiados de rebote por la política de Trump en contra de su principal rival comercial: China

domingo, 16 de septiembre de 2018

2008-2018: Mi Historia Personal De La Crisis

Lo recuerdo muy bien: el fin de semana de conmemoraciones de la independencia mexicana hace diez años coincidió con la eclosión de la mayor crisis financiera en lo que va de este siglo, y en la cuenta larga, sólo rivalizada en virulencia, aunque no en intensidad, por la Gran Depresión de 1929. Recuerdo abrir en internet el website del Wall Street Journal y ver los titulares: Lehman Brothers se declaraba en quiebra, y la colosal Merrill Lynch era vendida a precio de saldo a Bank of America. En los meses subsecuentes yo perdí mi empleo y la economía mexicana se hundió en su peor crisis desde 1994. Mas que eso: el mundo cambió para siempre. Y sigue cambiando debido a esa crisis.
Yo era el director general adjunto de un poderoso banco franco-belga, Dexia, a la sazón el mayor banco del mundo en financiamiento del sector público y del de infraestructura. Era en aquél tiempo un orgulloso conjunto de equipos entrenados en la estructuración de proyectos de infraestructura en todo el planeta, reconocido por el cuidado con el que generaba sus activos, pero tuvo un problema: financiaba proyectos de muy largo plazo y poco líquidos, con financiamiento de corto plazo y volatil. Ese modelo estaba destinado a tronar: tarde que temprano habría una crisis de liquidez en la cual las necesidades de financiamiento no podrían ser cubiertas con los activos de muy largo plazo.
La mañana del 16 de septiembre de 2008 disparó una crisis bancaria que muy rápidamente derivó en una crisis de liquidez, por lo que los grandes bancos que como Dexia, dependían del financiamiento de corto plazo para operar se quedaron sin oxígeno, pues los bancos centrales, especialmente el europeo, tardaron mucho en reaccionar y abrir la llave de la liquidez. En el curso de muy pocos meses Dexia, junto con decenas de bancos alrededor del mundo, eran obligados a cerrar sus actividades. 
Un banco es un negocio peculiar: pide prestado para prestar. Eso es lo que hace. Pide prestado al público ahorrador y/o al mercado, para prestar, así que cuando el mercado dejó de prestar, y el prestamista de última instancia, el banco central, vaciló en hacerlo, decenas de bancos crujieron y tronaron, y el panorama financiero cambió para siempre. Hoy los grandes bancos de hace diez años, antes verdaderos emperadores, son eclipsados por los colosales gestores de activos: Blackrock, Vanguard y State Street, entre otros, y los bancos centrales, hace diez años ausentes en el mercado de liquidez de corto plazo, hoy son una fuente –si bien recalcitrante- del fondeo de corto plazo.
El banco en el que trabajaba, Dexia, siguió los pasos de decenas de sus competidores: cerró, y con el tiempo tuve el honor de hacerme cargo del manejo de las finanzas de la Ciudad de México. Durante una buena parte de mi gestión, tuve un ayudante peculiar: la Reserva Federal de los Estados Unidos, la cual al bajar sus tasas de interés a cero por ciento, con el fin de inyectar la urgente liquidez en el sistema bancario, nos dio a gobiernos, empresas y hasta los especuladores, un regalo histórico: los costos financieros mínimos de la historia del capitalismo mundial. En México las tasas de interés líder reguladas por el Banco de México cayeron casi al tres por ciento, algo jamás visto, lo que significó que la Ciudad de México, así como el país y sus empresas, gozaron de un costo financiero extremadamente bajo y nos dio un margen de maniobra que en nuestro caso, pudimos utilizar para producir finanzas públicas equilibradas y acomodar las otras presiones de gasto para entregar superávits estables.
Diez años después estos es lo que sé: que los bancos son instituciones extremadamente frágiles y peligrosas si no existen mecanismos precisos de liquidez; que la ortodoxia económica es un lastre irresponsable en tiempos de crisis y que el costo humano de vacilar es prohibitivo, se debe de intentar lo que sea para evitar que una crisis se profundice –ojo, esto no es simétrico en las expansiones-; que las finanzas públicas en los últimos diez años gozaron de un regalo histórico, tasas de interés mínimas, que ya van de salida, y que deben de estar preparadas para el regreso a la normalidad; que es fácil ser dogmáticos en economía, y que es muy fácil dejar de serlo, sólo hay que creer lo que ven tus ojos; que si ocurrió una vez, entonces volverá a ocurrir: la economía vive a lo largo de ciclos, de expansiones y cataclismos, y que luego de caer en un hoyo espantoso hace diez años la recuperación económica ha sido portentosa, pero que debemos de estar atentos a los riesgos que pululan por doquier, y que tarde que temprano, nos estallarán de nuevo en la cara.

domingo, 9 de septiembre de 2018

El Mundo Está Por Acabarse

Cuando los griegos ganan la batalla de Maratón, los atenienses se enteraron horas después de la victoria y prepararon la ciudad para el nuevo escenario. En la era de los descubrimientos geográficos europeos, las potencias imperiales tardaban meses en saber de sus nuevos territorios ganados. Hoy los eventos se conocen al instante y sus repercusiones son veloces, y eso está cambiando la forma en que los gobiernos y las instituciones, de por si lentos por diseño, reaccionan ante los raudos cambios de la nueva economía, y se están quedando atrás sin remedio.
Sillicon Valley va mucho más rápido que Washington. La franja costera y los valles adyacentes a la costa del pacífico californiano llevan casi cuarenta años transformando al mundo a una velocidad inesperada, y sus productos han hecho obsoletos no únicamente los artefactos que conocíamos, sino a los gobiernos mismos.
La forma en que escuchamos música, en que conservamos imágenes, en que nos comunicamos, en que nos entretenemos, ha sido revolucionada por Sillicon Valley, con el financiamiento de Wall Street, durante las últimas décadas, abrumando al orden económico establecido y presentando un acertijo a los gobiernos.
Pensemos por ejemplo en Uber. Sillicon Valley toma un bien ya existente, el automóvil, y lo convierte en un extraordinario negocio para la empresa que desarrolla la plataforma: Uber, pero también para decenas de miles de personas que tienen una oportunidad de ingreso. Las víctimas de este invento son evidentes: los taxistas, quienes gozaban de una patente de corso de la cual extraían rentas del resto de la sociedad, y quienes han montado espectaculares protestas, con distintos resultados, en diversas ciudades del mundo. 
Los gobiernos del mundo no han articulado una solución coherente ni uniforme al reto y la oportunidad planteado por inventos como Uber o Airbnb. Pero eso no es lo peor. Lo peor es que quizá Uber es sólo un producto temporal en lo que llegan los autos no tripulados. Si los gobiernos no saben bien a bien qué hacer con Uber, en términos de la regulación y de sus efectos sobre esa parte de la fuerza laboral que enfrenta de súbito una competencia nueva, ¿Qué van a hacer los gobiernos cuando lleguen las flotillas de autos no tripulados? ¿Cómo va a enfrentar el reto de regular, vigilar, contener y administrar esas flotillas de autómatas que transportarán a sus pasajeros sin necesidad de conductores? 
El auto no tripulado está, literalmente a la vuelta de la esquina (nomás para abrirle la puerta), y cientos de desafíos planteados por la automatización y la inteligencia artificial, que en un plazo menor a lo que imaginamos estarán en las calles: robots atendiéndonos en bares y restaurantes; autos, trenes y aviones no tripulados; robots decidiendo en dónde y como invertir; robots vigilando el cumplimiento de contratos y redactándolos; robots divirtiéndonos y contándonos historias; robots vigilándonos y castigándonos.
Muchas de esas actividades para las cuales la automatización es ya inminente, no sólo tendrán implicaciones económicas profundas, o las están teniendo ya, sino que tendrán efectos dramáticos sobre el poder político y la efectividad del mismo. Antes de Uber un taxista era una patente del poder público. Hoy Uber ha expropiado ese poder y lo ha puesto en una plataforma informática que no responde mas que a la oferta y la demanda por el servicio. Lo mismo ocurre con Airbnb, en donde el poder público ha sido expropiado de su derecho de autorizar el hospedaje y regularlo. Ocurre lo mismo con ese sector llamado Fintech, en donde las tecnologías están avasallando la forma en que el dinero llega de un lado a otro sin pasar por los bancos, quienes los últimos cinco siglos han detentado la patente de ser el camino del dinero con permiso del poder público.
Lo que estamos viendo es el albor de una revolución tecnológica inimaginable, en donde no sólo los actores económicos están completamente a oscuras, sino sobre todo, los gobiernos no saben lo que les espera. Eastman Kodak era hasta los ochenta, la empresa tecnológica por excelencia. Hoy ya no es mas que un recuerdo. Arqueología económica. El tsunami de cambios tecnológicos que se aproxima puede dejarnos así, en calidad de vestigios de otros tiempos.

domingo, 2 de septiembre de 2018

¿Tiene Remedio La Argentina?

Para un enamorado de Argentina, plantearse la pregunta que da título a este texto no es fácil. Pero es necesario. Por razones profesionales me ha tocado seguir de cerca el desarrollo de la economía de las pampas por muchos años, y la pregunta es siempre la misma: ¿por qué acaba siempre en lo mismo?. No importa que sea conducida por peronistas, radicales, o independientes. Sea cual sea el signo del gobierno, de izquierda o de derecha, la postguerra argentina ha sido una tragicomedia constante que acaba siempre en moratoria y devaluaciones.
Borges decía que el peso argentino no pertenecía al ámbito económico, sino al de la literatura fantástica. Durante décadas la paridad peso/dólar era tan desquiciada que la diferencia entre el precio de la mañana y el de la tarde eran abismales. Ecos de aquellos terribles años de hiperinflación y mega devaluaciones han resonado estos días, en que el peso ha perdido más de cuarenta por ciento de su valor en lo que va del año, a pesar de los intentos del banco central por detener el derrumbe llevando las tasas de interés a un nivel asombroso, del 60%.
Esta depreciación agresiva ocurre bajo la tutela de Macri, un político conservador con una agenda pro mercado, que prometía arreglar el desorden económico dejado tras casi dos décadas de conducción peronista de la economía, en donde el populismo inherente a la administración Kichner acabó en una alta inflación y en déficit crecientes del sector público.
Pero el tiempo se le acabó a Macri. Luego de un breve período de amabilidad con los mercados, concluyendo una larga y costosa moratoria disparada por los Kirchner, Macri logró que Argentina regresara de nuevo a los mercados de capitales y acceder al financiamiento necesario para el crecimiento económico. Pero una mezcla de mal manejo y mala suerte acabaron en la complicadísima crisis que actualmente enfrenta argentina. Por un lado Macri no hizo lo suficiente para enderezar las cuentas fiscales, y por el otro, los mercados le voltearon la espalda a las economías emergentes tras el colapso de la economía turca: el desplome de la lira arrastró consigo al peso argentino.
Pero culpar a la lira turca de los males del peso argentino es inútil. El real brasileño no ha caído tanto, y el peso mexicano ha tenido una resistencia sólida en el contexto del desplome turco, así que la amplitud y virulencia del desplome argentino deben de ser atribuidos a sus condiciones domésticas y no al contagio turco. Y he allí lo complicado.
El sistema político argentino es sin duda uno de los más complicados del mundo. Siempre recuerdo la historia de San Martín, el gran libertador de Argentina y Chile. El magnífico militar que destrozó a los ejércitos españoles y liberó dos naciones fue derrotado una y otra vez por las intrigas palaciegas de Buenos Aires y nunca logró comandar la nueva nación.
Las cosas no han cambiado mucho desde entonces, y el peronismo y sus secuelas, junto a la incapacidad de los conservadores argentinos de articular una estrategia territorial que lo contrapese de manera efectiva, ha creado un balance de poder notablemente inestable y centrado alrededor de un punto insostenible: el nivel de bienestar de los argentinos es demasiado alto para ser sostenido por las frágiles finanzas públicas de ese país. 
Desde el peronismo, cuando el modelo económico de la posguerra basado en los altos precios internacionales de las materias primas, se derrumbó tras la recuperación de la agricultura europea, los gobiernos argentinos se han resistido a hacer el necesario ajuste de acomodar el salario real de la economía a los niveles de la productividad promedio doméstica.
Argentina enfrenta un problema familiar y conocido. Es difícil recortar beneficios cuando la fuente que los financiaba desaparece. Lo más fácil cuando esto ocurre es echar mano de la deuda para intentar mantener los niveles anteriores de consumo. La verdadera solución es incrementar de manera sostenida la productividad del trabajo.
Pero ni peronistas, ni radicales, ni independientes. Ni la derecha ni la izquierda argentina han tenido el valor para resolver el tema de fondo, y han sobrevivido por décadas trepándose a la ola cuando las materias primas suben de precio y lamentando no haber hecho los ajustes necesarios cuando los precios de las mismas se abisman. Como en esta ocasión.

domingo, 26 de agosto de 2018

Poemas Para Beber En El Starbucks: Lope Enojado, Valiente, Fugitivo

Al Siglo de Oro se le conoce así por algo. Es el período en donde el castellano asciende a las alturas y se convierte en uno de las lenguas cumbres de la literatura. Poblado de gigantes como Quevedo, Góngora y Cervantes, la poesía de ese período produce poemas que no olvidaremos nunca mientras el castellano exista sobre el mundo.

Lope de Vega fue el dramaturgo de ese Siglo de Oro, pero escribió uno de los poemas más hermosos del castellano. Tensionado entre su devoción católica y su pasión por las mujeres, Lope escribió este, el famosísimo soneto 126, una exhaustiva descripción del amor que no nos es difícil imaginar recitándolo a las actrices de sus piezas teatrales en la noche y arrepintiéndose en la capilla en la mañana.

El Soneto 126 es en realidad un hermoso plagio. Una imitación del padre original del soneto: Petrarca, quien escribe en su soneto CXXXIV de su Canzionere, versos que Lope acabará transponiendo e imitando en el 126. El Soneto 126 de Lope es usado para dar clases, como herramienta académica, como motivo de ensayos y de estudios.

Hagámoslo sencillo y nomás rindámonos ante su hermosa perfección.

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;
no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;
huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor süave,
olvidar el provecho, amar el daño;
creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño;
esto es amor, quien lo probó lo sabe.

La Extraordinaria Normalidad Regresa

A los economistas les enseñan una hipótesis que en las últimas dos o tres décadas ha resultado ser una mentira: al bajar el desempleo repunta la inflación, por lo que la política monetaria a veces es una ilusión. Al inyectar liquidez en la economía los precios subirán, y el efecto expansionista del banco central acabará en pura inflación, sin efectos sobre el empleo y el producto. Pero el desempleo está en niveles mínimos históricos, y la inflación no repunta, y la expansión monetaria ha producido una expansión económica notable. ¿Hasta cuando?
El párrafo anterior significa que en las últimas décadas la famosa Curva de Phillps no ha servido mas que para pasar exámenes en la escuela. La dicotomía entre inflación y desempleo no se ha materializado, y la acción de la política monetaria ha sido efectiva. A pesar de lo anterior en las escuelas de economía se sigue privilegiando la enseñanza de la llamada síntesis neoclásica y se sigue abjurando del enfoque neokeynesiano. Es como si nos enseñaran aún el modelo de Ptolomeo en nuestras clases de ciencias naturales.
Los últimos dos años han sido no obstante, una prueba al límite de esta excepcionalidad económica, y los últimos datos muestran que quizá estemos en la franja en que lo extraordinario deje de ser normal. La tasa de desempleo en un conjunto importante de países se encuentra en niveles extremadamente bajos: en Estados Unidos por ejemplo está en 3.9%, en Alemania se encuentra en 3.5% y en el Reino Unido en 4%.
Tales niveles de desempleo se habrían asociado hace poco más de treinta años a tasas de inflación intolerables para los bancos centrales, y las tasas de interés asociadas con dichos niveles de desempleo serían de entre 5.5-7% en los Estados Unidos por ejemplo, comparado con la tasa de 1.75% en vigor. Es decir, la inoperancia de la Curva de Phillps le ha regalado a los Estados Unidos unas cuatrocientas centésimas de costo financiero, que medido en pesos y centavos es una inyección enorme de financiamiento a la economía que contribuyó a que la gran recesión económica de 2008-2009 sea casi un recuerdo en términos de nivel del producto una década después (pero no en términos de equidad económica).
Pero los últimos meses han presenciado el regreso de un temido fantasma que poco a poco parece estar asomando las narices: la inflación. En Estados Unidos está en el límite del dos por ciento establecido por la Fed como el umbral tolerado, situándose en 1.9%. Otras economías, como la mexicana, tienen ya niveles de inflación tercos y con dificultades para someterlos dentro de las franjas toleradas.
Este atisbo de inflación parece entonces confirmar una hipótesis bastante extendida entre los economistas en décadas recientes. La razón por la cual la sacrosanta ley de la Curva de Phillps ha sido incumplida en años recientes es por la enorme oferta de bienes y servicios baratos provenientes de China. Hay un dato demoledor que ilustra este efecto: el acero producido por China los últimos veinte años supera con mucho al producido por Inglaterra en toda su historia: el gigantesco crecimiento chino y la vasta capacidad instalada que lo ha acompañado han tenido un efecto deflacionista en el resto del mundo al producir una plétora de mercancías que han vendido por el mundo a precios deprimidos, provocando una reducción dramática en la inflación.
Si el exceso de capacidad y de oferta chinas son lo que ha anclado a la inflación en las últimas décadas y han permitido la convivencia de bajas tasas de inflación con bajo desempleo entonces el poner cuotas y aranceles a las importaciones de ese país hacia Estados Unidos probablemente provoque un repunte en la inflación por encima del dos por ciento tolerado por la Fed y despierte de nuevo los miedos a una espiral de precios, que han estado dormidos y ausentes en las últimas décadas.
En economía los milagros no existen. Y si hemos disfrutado bajas inflaciones en la mayoría de las economías del mundo durante los últimos treinta años ha sido por la vasta oferta china y al libre comercio. Si se levantan muros arancelarios y regresan las cuotas entonces que no nos sorprenda que viejos trucos inservibles, como la Curva de Phillips, regresen por sus fueros.