domingo, 11 de agosto de 2019

Pagar Por Que Te Peguen: ¿Allí Vienen Las Tasas Negativas?


José López Portillo acuñó una tristemente célebre frase, al negarse a pagar publicidad en los medios que eran críticos para su presidencia: “no pago para que me peguen”. Pero el mercado de bonos en el mundo de estos días está refutando a JOLOPO: cada vez son más los mercados en donde los inversionistas pagan para que les peguen. O pagan para prestar. Lo asombroso es que las últimas dos semanas esa ha sido la discusión en los mercados estadounidenses: la posibilidad de que EEUU pague tasas negativas en sus bonos.
Un gobierno, como el mexicano por ejemplo, pide prestado a los inversionistas en el mercado para financiar su presupuesto. Eso ocurre todos los días y a todas horas, en cualquier lugar del mundo. En México por ejemplo el gobierno paga una tasa de 8.12% si pide dinero a plazo de un mes; paga 7.77% a plazo de un año; y si pide dinero a un plazo de diez años, paga 7.25%. Se oye raro, pero así es: entre más largo es el plazo, el gobierno de México paga menos que a corto plazo. Los mercados de bonos andan bien raros.
Pero si el de México está raro, vean a los mercados de bonos en Alemania. Si el gobierno teutón pide dinero a tres meses, “paga” una tasa de -0.546%; y si pide dinero a diez años, “paga” una tasa de -0.567%. Si, los inversionistas en Alemania tienen que pagar para que les peguen, o para que les paguen. Tienen que pagar para prestarle su dinero al gobierno alemán. Compran los bonos a un precio tan caro, que la tasa efectiva es negativa. Están dispuestos a pagar para prestar.
¿Qué tan raro es lo que está pasando en Alemania, en donde los inversionistas pagan para prestar? Es cada vez más común, y una tercera parte de los bonos del mundo ya pagan tasas negativas. Es decir, los inversionistas aceptan pagar para prestar. Si un tercio del total.
En ese entorno no sorprende en absoluto la sólida fortaleza del peso mexicano, en donde los bonos del gobierno pagan entre 7.25-8.25% dependiendo del plazo. La búsqueda de rendimientos positivos en un mundo en donde las tasas negativas se están expandiendo, hacen que los inversionistas toleren riesgos como los de la Lira turca o el peso argentino, por ejemplo.
Casi todos los países desarrollados, de Alemania a Japón, pasando por España, Francia y los países nórdicos, padecen ya tasas negativas. Lo bueno dicen los inversionistas, es que el mercado más importante de todos: el de Estados Unidos, aún paga tasas positivas: paga 2.05% a un mes; paga 1.63 % a dos años; y paga 1.74% a 10 años. 
Las tasas en EEUU aún son positivas, pero están cayendo tan rápido que recuerdan la velocidad con la que las tasas europeas pasaron de positivas a negativas hace un par de años. En enero EEUU pagaba 2.40% a un mes; 2.50% a dos años; y 2.66% a diez años. Y justo en ese momento la Fed, aterrada porque las bolsas de valores se abismaban sin control, anuncia que estaría dispuesta a bajar las tasas.
El mercado no esperó, y las tasas comenzaron a bajar rapidísimo, sin esperar a la Fed, quien apenas bajó hace dos semanas, y los mercados no solo se anticiparon, sino bajaron más de lo que la Fed bajo. Tanto más y tan rápido, que el chisme del día en los mercados es que quizá lo impensable podría pasar: que los Estados Unidos comenzaran a pagar tasas negativas en sus bonos, como ocurre en Europa y Japón.
Si eso ocurre estaremos en un entorno económico muy peculiar e inusitado. La tasa de interés es, entre otras cosas, el castigo implícito que pagamos por asumir riesgos. Si llevamos a cabo un proyecto riesgoso, lo mínimo que podemos perder es la tasa de interés. Una tasa de interés negativa significa que nos estarían pagando por asumir riesgos, nos podrían pagar por hacer tonterías. Estaríamos, refutando a Jolopo: pagando para que nos peguen

Réquiem Por Cancún

Los mexicanos solíamos construir bellas ciudades: desde esta, la Ciudad de los Palacios, pasando por Querétaro, Guanajuato, Oaxaca, San Luis Potosí, y ciudades lejanas incluso como Álamos o Durango, entre muchas otras, eran notables en su tiempo por su eficiencia para resolver los dilemas urbanos de ese momento, al tiempo que lo hacían con elegancia y belleza. Pero no supimos manejar bien la explosión demográfica de las décadas 1940-1970, y nuestras ciudades se desbordaron y afearon. Pero aún podemos hacer algo.
Una ciudad y su planeación no deben ser asunto únicamente de los gobiernos locales o estatales. Las ciudades claves del país deben de coordinarse con una planeación nacional pues son las ciudades las que a final de cuentas representan a los países ante el mundo.
En términos económicos, culturales, educativos y políticos, la economía mundial es en realidad una red concatenada de grandes ciudades, que se incrustan en dicha red de acuerdo con sus ventajas competitivas. Cada ciudad tiene fortalezas particulares, y en esa calidad se inscribe y cincela la red económica global.
En una economía en donde el capital intelectual y humano cuenta tanto o más que el capital físico y natural, la capacidad de atraerlo y alojarlo es crucial para la competitividad de una ciudad y de un país. Y el capital intelectual y humano tiene un imán especial: las ciudades bonitas.
Ciudades seguras, en donde la naturaleza se inserta en el paisaje urbano, con amplias ofertas de espacio público, y una arquitectura y parrilla urbana que incentive la oferta cultural y educativa son atrayentes del talento y las habilidades que conforman el capital humano. Ciudades bonitas y seguras son un recurso crítico para atraer, retener y generar el capital intelectual que forman la base de la economía moderna.
Un ejemplo de cómo no debimos hacer una ciudad es Cancún. En su etapa inicial la armonía entre el bellísimo entorno natural, la zona de explotación económica (basada en el turismo), y la ciudad propiamente dicha en donde vivían los ciudadanos, era relativamente sólida. Pero la explotación desmesurada de la zona turística y el éxito económico de la zona se tradujo en una sobreexplotación del entorno natural, en un deforestación de la selva,  y una depredación de los manglares y el desbordamiento del casco urbano sin que haya existido una planeación urbana, ni arquitectónica que impidiera que ese paraíso natural se convirtiera en una ciudad fea y sin ningún atractivo fuera de los hoteles a los que sólo pagando es posible disfrutar.
Cancún no tiene un espacio público que valga la pena, ningún espacio de convivencia pública que incite a la creación y a la potenciación del capital humano e intelectual para que la ciudad prospere sobre bases duraderas y diversifique su oferta económica para el futuro.
Cancún es la muestra de nuestra capacidad para estropear las oportunidades de largo plazo al buscar las ganancias de corto plazo. Dilapidamos selva y manglares para erigir hoteles de lujo que van a dar ganancias a sus dueños, pero que en el largo plazo implican  ya una caída en la belleza de Cancún que desanima a los turistas que siempre encontraron en ese lugar algo distinto y que hoy miran en lo que se ha convertido: una oportunidad perdida como lo fue Acapulco.
Pero hay esperanza: la Ciudad de México, Monterrey, Guadalajara, entre otras, han dado muestras de cómo regenerar espacios urbanos que habían colapsado y que hoy son de nuevo espacios vitales atrayentes de talento global que apuntala sus economías. Entornos bellísimos que resultaron en ciudades inviables como Acapulco, y muy pronto, Cancún, pueden renovarse con soluciones urbanas apropiadas y volver a florecer.

viernes, 26 de julio de 2019

Algunos Inconvenientes Del Dinero Gratis

Casi la tercera parte de los bonos de deuda soberana en el mundo están pagando a los inversionistas tasas negativas. Eso quiere decir que quien está pagando es el inversionista, no el emisor. El gobierno alemán, el danés, el sueco, el japonés, entre otros, están pidiendo prestado y les pagan por hacerlo. Los inversionistas están dispuestos a pagarles a los gobiernos para prestarles. Es el mundo al revés. Es la economía que no nos enseñan en la escuela porque nadie pensó que podía ocurrir. Pero el dinero gratis no es tan buena cosa. Como veremos aquí.
Si la tasa de interés es cero o negativa, lo normal es esperar un aumento en la demanda de crédito por parte de empresas y familias que sirva para que la economía crezca más. Y sin embargo, cuando las tasas de interés están demasiado bajas el comportamiento de los agentes puede ser muy extraño.
Un préstamo tiene dos partes: el prestamista y el prestatario. Para el prestatario una tasa de cero por ciento es una excelente noticia, pues sólo deberá pagar al final del plazo el monto principal. Pero para el prestatario una tasa de cero significa que no gana nada al emprestar sus fondos. Si no gana nada: de dónde va a sacar dinero para pagar sus gastos operativos, el costo de capital y el costo regulatorio que le impone el gobierno? Tasas demasiado bajas (y negativas peor aún), en principio crean incentivos para tomar crédito, pero por el lado de los bancos, desincentivan la activación de créditos nuevos para la economía. Con tasas negativas a los bancos les resulta mejor quedarse con los fondos en su balance en lugar de pagar para prestar.
Pero no son únicamente los bancos quienes se comportan de manera extraña cuando las tasas son negativas. Los individuos ahorran para consumir en el futuro. Y parte de ese consumo se dará cuando dichos individuos estén retirados y ya no tengan otros ingresos mas que los que le generan sus ahorros. Con tasas de interés altas un individuo hoy sabe que sus ahorros le darán para comer en su retiro. Pero con tasas negativas el individuo solo mira cómo su ahorro pierde valor y entonces no tiene otro remedio mas que aumentar hoy sus ahorros.A pesar de que el banco central quiere que él ahorre menos y gaste mas para relanzar la economía, con tasas negativas los individuos, que están ahorrando para su retiro, se comportan al revés. 
Hace cincuenta años, cuando los macroeconomistas comenzaron a pensar el impacto que la política monetaria tenía sobre la decisión de ahorro/consumo, la esperanza de vida era sensiblemente menor, y los teóricos no tenían por que preocuparse por estas paradojas. 
Keynes por ejemplo, murió a los 62 años, sin haber vivido un solo día de retiro (como mi padre), por lo que él mismo no tuvo que decidir entre ahorrar más hoy o consumir más para cuidar su retiro. Hoy, que en algunos países, sobre todo aquellos en donde la tasa de interés es negativa, la esperanza de vida es casi de ochenta años, por lo que el retiro, durante el cual ya no hay ingresos y se vive de lo que se ahorró y capitalizó, es crucial para los individuos.
Para los inversionistas comprar bonos con tasas negativas puede ser un peligro. Pues si resulta que tales tasas son una anomalía y dentro de algunos años las tasas subirán, ellos sufrirán pérdidas de capital considerables pues el precio de los bonos y las tasas se mueven en dirección inversa.
De fondo las tasas de interés demasiado bajas, tan bajas que pueden ser negativas, parecen reflejar un problema serio. Keynes creía, y creo que está en lo correcto, que la tasa de interés estaba ligado al rendimiento del capital. Si tiene razón entonces la eficiencia del capital en la economía contemporánea es extremadamente baja, negativa incluso, lo que explicaría que estemos dispuestos a pagar precios estratosféricos por negocios como Apple y Amazon, cuyo rendimiento de capital es superior al promedio.

domingo, 7 de julio de 2019

La Fed No Debería De Bajar Sus Tasas. No

Los datos mensuales de empleo que publica la oficina de estadísticas laborales de los EEUU (la BLS), son los números más esperados por los mercados porque proveen información amplia y la más oportuna sobre la salud de la economía estadounidense. Los datos de empleo de mayo habían sido bastante débiles, provocando que las apuestas se inclinaran hacia una disminución de tasas de interés por parte de la Fed que reaccionaría a síntomas de debilidad. Pero las cifras de junio fueron todo lo contrario.
Pocas veces en el pasado reciente vi este zigzag entre datos muy sólidos un mes y muy débiles el siguiente, oscilando entre expansión y estancamiento de un corte de datos a otro. Las cifras de empleo suelen ser consistentes con una tendencia: si la economía se está expandiendo suelen ser consistentemente sólidos; si la economía está en recesión las cifras son regularmente débiles. Lo que ha pasado en el último semestre es inusual. Raro.
Las implicaciones de lo anterior son importantes, pues ni la Fed tiene evidencia suficiente para recortar sus tasas de interés; ni Wall Street tiene el empuje como para depender de dicho recorte de tasas para seguir marcando nuevos máximos.
El peso mexicano y las monedas emergentes, que habían tenido una semana de alzas debido al consenso respecto de una inminente baja de tasas, cayeron fuerte al inicio de la sesión del viernes pero luego recuperaron su nivel.
En medio de esta confusión de datos existe una sola persona que sabe qué es lo que quiere hacer: Donald Trump. Y su receta, recortar tasas de interés, sería dañina.
A la Fed de los Estados Unidos le costó muchísimo trabajo dejar el piso de tasas, luego de pasar más de cinco años aplanadas en cero por ciento. Una tasa de cero por ciento significa que la eficiencia del capital es tan baja que el banco central necesita regalar el dinero para que la economía despegue. Tasas extremadamente bajas son síntoma de una economía enferma, no de una economía vigorosa. 
Trump, que cree que porque George Washington es el nombre de un aeropuerto que él conoce, entonces tuvo que haber tomado los aeropuertos de los ingleses en la Guerra de Independencia, más de 170 año antes de que el primer avión existiera, no es posible que tenga la capacidad intelectual para darse cuenta que lo que pide: recortar tasas de interés, podría provocar algo contrario a lo que quiere.
Si las tasas bajaron hasta cero por ciento hace una década es porque la economía estaba, literalmente, haciéndose pedazos. Afortunadamente no es el caso ahorita, y las tasas, de bajar en este momento, con la economía prolongando aún una histórica expansión, quizá provocaría mayores daños que beneficios.
Las tasas de interés son una especia de máquina del tiempo. Nos hacen dialogar con nosotros mismos en el futuro. Si bien tasas de interés bajas son buenas para nosotros hoy pues nos ayudan abaratando el costo de consumir e invertir, las tasas bajas son el enemigo de nosotros mismos en el futuro. Nuestro yo de 70 años lo que necesita son tasas de interés mayores para que sus ahorros para el retiro rindan lo suficiente.
Hay otra enfermedad asociado a niveles extremadamente bajos de tasas de interés: la llamada trampa de liquidez por ejemplo, que reduce incentivos para que los bancos inyecten en la economía la liquidez que reciben del banco central, es la más importante de ellas, y que le costó mucho a la Fed romperla luego de más de un lustro de tasas en cero.
Pero la más importante ventaja de tener tasas de interés real positivas es que la Fed tiene margen de acción para actuar en caso que la economía entre en recesión. Si la Fed le hace caso a Trump y recorta tasas mientras está en expansión, se quedará sin herramientas cuando la economía decrezca. Trump y Wall Street están presionando a la Fed para un recorte de tasas. La presión será difícil de resistir, pero en caso de ceder, la Fed estaría disparándose en el pie.

domingo, 30 de junio de 2019

El Caldo Comienza A Hervir En Wall Street

Si las bolsas de valores son una medida del optimismo y de la salud global, entonces, como lo creer Donald Trump, vivimos en una época de ro, dados los niveles máximos históricos en donde cotizan los principales índices de Wall Street. Hay que matizar: Wall Street se encuentra allí a pesar de que las señales de una desaceleración económica son numerosas por dos motivos: porque se espera que la Fed baje sus tasas de interés pronto, y porque apuestan a que Trump y China llegarán a un acuerdo comercial.
Los precios de los activos financieros se determinan por dos factores: cuánto flujo de dinero producirán en el futuro, y a que tasa dichos flujos son convertidos a valor presente. Esta última operación se realiza con una tasa llamada la “tasa de descuento”, que típicamente está basada en la tasa de interés fijada por la Reserva Federal de los Estados Unidos.
El nivel y la expectativa de trayectoria futura de las tasas de interés son uno de los determinantes principales del precio de los activos financieros. Por ello es que Wall Street y todos los mercados del mundo están atentos en todo momento a la posible trayectoria de las tasas.
En diciembre del año pasado, mientras Wall Street se despeñaba, La Fed envió un claro mensaje de que estaba dispuesto a reducir sus tasas de ser necesario, interrumpiendo el ciclo de alzas iniciado desde diciembre de 2015. La última comunicación de la Fed de hace una semana mostró que el banco central está dispuesto y casi listo a cumplir su promesa de reducir sus tasas, el primer recorte en más de diez años. Si esto ocurre, la expectativa de Wall Street será validado y quizá veamos nuevos máximos.
Pero por otro lado está la guerra comercial de Trump Vs China. Este fin de semana en las reuniones del G-20 se acordó una tregua, pero no hubo una solución al conflicto. Quizá esto le baste a los mercados para continuar su imparable ascenso, pero muy probablemente Trump seguirá usando los amagos contra el gigante asiático como una herramienta electoral y asegurar su reelección. 
Tanto México como China adivinan que las represalias comerciales, migratorias y políticas blandidas contra ellos por Trump serán armas electorales de corto plazo, que serán usadas de acuerdo con la situación en las encuestas.
Trump tiene un aliado invaluable que no existe: el candidato del partido demócrata. Hasta hoy Trump parece electoralmente imbatible porque el ejército de pre-candidatos demócratas no alcanzan a producir un rival que pueda enfrentarse al presidente en las elecciones. Si del proceso resulta un candidato demócrata fuerte, capaz de montar un desafío serio contra Trump, entonces México, China y el mundo (Vietnam y Japón) por ejemplo, deberán de prepararse para un uso caprichoso y electorero de aranceles, muros, y prohibiciones de viaje de sus ciudadanos a EEUU, entre otros.
Si los demócratas producen un candidato fuerte, ecualizando la contienda que en este momento parece de un solo lado, entonces los mercados quizá reaccionen como lo hicieron en la larga campaña de 2017 de Hillary Clinton Vs Trump: congelándose y yendo a ningún lado debido a la incertidumbre respecto de la identidad del ganador.
Todo lo anterior se da en un contexto muy peculiar:  si la Fed está dispuesta a recortar tasas por primera vez en más de una década, es porque las probabilidades de una recesión económica son las más altas desde entonces. Los mercados de bonos suelen atinarle, y sus pendientes inversas por todos lados parecen predecir una contracción de la economía que será el caldo en donde todos los ingredientes anteriores, se combinen para producir el potaje.

sábado, 22 de junio de 2019

¿Qué Tan Independiente Es El Banco Central?

La semana pasada escribimos sobre la rapidez y extensión de la caída de las tasas de largo plazo de los bonos mexicanos. Vale la pena comentar que no estuvieron solos: prácticamente todos los bonos de largo plazo del mundo han visto sus tasas reducidas de manera significativa en una sincronía que vale la pena comentar porque lo que está de por medio es la independencia del banco central más poderosa del mundo, la Fed, asediada por dos flancos: los mercados financieros y Donald Trump.
Que la Fed y los bancos centrales sean oficialmente independientes no los libra de tener presiones a las que eventualmente tienen que ceder y en esta ocasión la Fed, y con ella hasta cierto punto, los principales bancos centrales del mundo, están enfrentado dos presiones muy intensas: una por parte de los mercados, que en buena medida ellos mismos crearon; y la segunda de parte de Donald Trump, cuya capacidad para extralimitar sus poderes está siendo extendida, al punto de amenazar con despedir al presidente de la Fed de ser necesario.
Trump para si mismo, y para sus electores, ha atado su futuro electoral al de la bolsa de valores. Siente que el precio de los valores de Wall Street se traducirá en optimismo entre los votantes que le darán la reelección (o quizá quiera inflar su portafolio personal y ya). Como la economía no presenta tasas de inflación que la obliguen a seguir subiendo tasas, Trump quiere presionar a la Fed para que recorte sus tasas de interés y propulsar a la economía aun por encima del actual nivel de dinamismo y garantizar la victoria republicana en 2020.
Que un presidente de EEUU presione a la Fed en su política de tasas no es nuevo. George Bush intentó detener a Alan Greenspan mientras la Fed estaba en un ciclo restrictivo. Trump ha llevado la presión hasta el límite de buscar opciones para despedir a Powell como presidente de la Fed, algo que los mercados ya han normalizado en una muestra de que mientras les bajen tasas, están dispuestos a tolerar la subversión de la independencia del banco central.
Se equivocan por supuesto, pues la independencia de los bancos centrales es un activo extremadamente valioso que es fácil menospreciar en ambientes de mínima inflación y crecimiento estable como el que hemos vivido los últimos años. Pero la economía no siempre fue así y nada garantiza que siga siendo así en el futuro.
Los mercados han minimizado, casi como una anécdota, que Trump busque despedir a Powell si éste último no baja las tasas como aquél quiere. Han podido minimizarlo porque no hay inflación, y porque la economía global es tan sólida y resistente que da la sensación de que los bancos centrales no son necesarios. 
La liquidez global es tan vasta y el exceso de ahorro es tan profundo, que el conculcar la independencia de la Fed, la reducción de la calidad crediticia de algunos emisores, el deterioro de los bonos de mayor riesgo, que el 737-800 Max esté en tierra sin poder despegar, nada es capaz de detener la marcha imparable de los mercados financieros, que han dejado de lado toda reserva, toda precaución estorba y el rol típico del banco central: de garantizar la liquidez del sistema, parece salir sobrando en una economía global repleta de la misma. 
Y cuando la última semana de diciembre de 2018 los mercados comenzaron a hundirse al dudar de las perspectivas de crecimiento de la economía global y de los Estados Unidos, la Fed hizo lo mismo que ha hecho las últimas tres décadas: sugerir que de ser necesario, bajaría tasas, inyectaría liquidez, todo con tal de evitar que el pesimismo invada Wall Street. Los mercados saben que los bancos centrales son presos de su propia trampa: se han convertido en los garantes de la euforia, y no de la precaución, y con ello comprometen su independencia más que los esfuerzos de Trump.

domingo, 16 de junio de 2019

¿Qué Parecen Estar Diciendo Los Bonos Mexicanos?

La tasa de los bonos de diez años en México ha caído de manera pronunciada en las últimas semanas, y ya se encuentra por debajo de la tasa de dos años. La caída ha sido muy rápida además: el 13 de febrero estaba en 8.56 por ciento, y para el cierre de la semana pasada se había derrumbado a 7.68 por ciento. Que el costo del dinero a largo plazo baje debería de ser una buena noticia, pero hay unos comentarios que vale la pena hacer.
Hace seis meses la tasa del bono de dos años en México se encontraba en cerca de 8.75 por ciento, mientras que las de diez años rendía 8.95 por ciento. Al cierre de la semana pasada la tasa de dos y diez años eran de 8.2 y 7.68 por ciento, respectivamente. En Estados Unidos, cuando la tasa de dos años se encuentra por encima de la de diez años ha sobrevenido una recesión económica, así que los mercados están de manera constante monitoreando esta relación, conocida como la pendiente de la curva de plazos.
Aquí en México la curva ha estado invertida varias veces en el pasado sin que haya sobrevenido una recesión, pues existen factores que impiden que dicha correlación no se mantenga. Pero la velocidad con la que se ha hundido la tasa de largo plazo parece estar enviando un mensaje al Banco de México: tendrá que reducir las tasas de interés más tarde que temprano, a pesar de la reticencia entendible de la junta de gobierno. Ese es el mensaje, aunque existen razones para matizarlo. Como las siguientes:
Primero, el poder predictivo de la curva de plazos en México no es como el de Estados Unidos. La inversión de la curva no ha predicho una recesión. Una de las explicaciones más razonables para que esto ocurra es que el grado de intermediación financiera en México es muy bajo comparado con el de EEUU, y por lo tanto el efecto que implica la inversión de la curva al desanimar el crédito bancario, no presenta en México el mismo efecto que en su vecino.
El segundo factor es que el Banco de México no tiene un mandato dual. La Fed de Estados Unidos está obligada a garantizar el mayor crecimiento del PIB sujeto a una inflación baja. El mandato del Banco de México sólo incluye el poder adquisitivo de la moneda, es decir, una inflación baja, así que el mensaje del mercado hacia el Banxico, en el sentido de que debe de bajar sus tasas de referencia en los próximos meses dada la dinámica de la economía, no es compatible con el mandato unidimensional de nuestro banco central.
El mandato del Banco de México no implica potenciar la expansión económica, incluso en condiciones de baja inflación y bajo crecimiento, así que bajo un mandato único, la inversión de la curva de plazos no debe de interpretarse como un pronóstico de reducción de tasas del Banxico, como sería el caso con la Fed si esto ocurriera en EEUU.
Lo que preocupa entonces, más allá del poder predictivo de los mercados y del mensaje que los inversionistas en bonos estén comunicando de manera no intencionada hacia las autoridades monetarias, es el probable trasfondo. Es probable que lo que los inversionistas estén viendo hacia delante es una continua suavidad en las condiciones económicas del país, y que sea ese pronóstico lo que está detrás de la reducción tan rápida que hemos visto en las tasas de largo plazo mexicanas.
El Banco de México no tiene en su mandato las herramientas para de manera directa responder a esa perspectiva de suavidad económica, pero el mercado está apostando a que no podrá permanecer ajeno a la misma. Los inversionistas parecen estar diciendo que si las condiciones actuales de fragilidad económica en algunos sectores se extienden en el tiempo y hacia otros sectores, entonces el Banxico no podrá sustraerse a la discusión y necesidad, y reducirá sus tasas de referencia de corto plazo allí en donde el mercado está apostando que serán movidas.