domingo, 23 de abril de 2017

Francia: La Resignación Cartesiana

El establishment necesita romper con el establishment para poder reinventarse. Tal es la lección del primer turno de la elección francesa, en donde el independiente Emmanuel Macron superó incluso a la favorita Marine Le Pen, del ultra derechista Frente Nacional. Los dos partidos que habían dominado la política francesa de la quinta república, los conservadores y los socialistas, quedaron fuera de la segunda vuelta, ilustrando el descrédito que el modelo que ambos cincelaron sufre entre la población.
Pero la elección francesa es por demás interesante. Emmanuel Macron es quizá más más pro-euro y más pro-mercado que cualquiera de los candidatos del establishment: ya sea conservador o socialista. Los franceses parecen haber dicho: “la Europa unida y la moneda común son una buena idea, pero quienes la implementan han sido un desastre”. O bien quisieron decir: “Europa unida y el euro son un desastre, pero votar por el populismo de ultraderecha o de ultraizquierda sería mucho peor”.


Si Macron y los mercados leen el resultado de la elección francesa del domingo como un voto de confianza al euro, estarán equivocados. Los franceses han votado resignados por Macron y lo que representa con tal de no enfrentar una opción infernal: o la destrucción de Europa por la ultraderecha o por la ultraizquierda. Se han aferrado a la idea de Europa resignados, no convencidos. Su voto ha sido cartesiano y responsable. Pero no entusiasta.
Los franceses se han dado cuenta, como lo han hecho de manera intermitente desde el año 800 con Carlomagno, que son el corazón de Europa, y resignados, han aceptado el peso de dicha responsabilidad. Han aceptado el largo camino de la lenta transformación de un continente económicamente anquilosado preservando ineficientes instituciones comunitarias, antes que apostar peligrosamente (como lo hicieron los británicos) por el desmembramiento del proyecto común y el de buscar cada quien su ruta, lo cual se ha demostrado históricamente que sólo conduce a la guerra.
Los mercados y los analistas están seguros que en el segundo turno, dentro de quince días, Emmanuel Macron se impondrá a Marine Le Pen. Quizá sea ese el escenario más probable hoy, pero hay que estar muy atentos: el terrorismo podría golpear de nuevo y cambiar el escenario, el atavismo de los comunistas de Melenchon (que obtuvo 19.6% del voto), que lo ha llevado a no dar consigna, podrían reducir el margen de victoria de Macron; Trump podría meter las narices, o Putin las suyas. Muchas cosas pueden pasar pero por el momento un escenario en donde Macron gana la presidencia es el más plausible.
Pero los próximos quince días deberemos preguntarnos: ¿Cómo gobernará Francia un presidente sin diputados? Las elecciones para la asamblea nacional serán en junio, y la plataforma de Macron, En Marche!, quizá no gane mas que una bancada pequeña y tenga que sentarse a negociar con los Republicanos y en mucha menor medida con los socialistas.
Y es allí en donde la salida planteada por Macron representa una contradicción.
Su plataforma es más pro-Europa que la de los dos partidos del establishment, pero tuvo que romper con ellos para poder ganar. Rompió con ellos, pero no a ellos. Los dos partidos seguirán dominando el congreso francés y condicionarán la política de Macron produciendo quizás un impasse. No muy distinto al impasse que, en otras circunstancias, ha enfrentado Donald Trump en Estados Unidos, cuya agenda extremista se ha visto limitada por los intereses creados dentro de su propio partido.

Pero como le es propio al carácter de Francia, lo que ocurre allí suele ser más grande que si misma. Con resignación, pero los franceses han aceptado el reto de definir una opción: o globalización o aislamiento á la Trump, o aldeanismo á la Brexit o multilateralismo. O Europa o balcanización del mundo. Varias veces en la historia los franceses han tenido que decidir en nombre de la civilización, y en la mayoría han estado a la altura. Veremos qué ocurre esta vez.

domingo, 2 de abril de 2017

Donald Vs Trump: La Fierecilla Domada

Donald Trump llegó a la presidencia convenciendo y convencido de que llegaría a Washington tirando la puerta a patadas y cambiando el mundo en un santiamén. Hombre que desde que nació ha tenido su empresa en donde se hace su soberana voluntad, está sufriendo en carne propia la muestra de que el poder es como el mar: nada lo mueve, pero se mueve. Y no hay forma de pararlo.
El poder en el Estado democrático moderno es autónomo. El presidente sólo jala una polea, aprieta un botón, o da un golpe de timón para encaminarlo en una dirección o en otra: pero nadie puede moverlo por si sólo, nadie puede voltearlo de cabeza. Incluso en regímenes presidenciales tan absolutos como era el PRI mexicano de los años setenta, José López Portillo, quien representó la cúspide del poder unipersonal, razonaba que el presidente es apenas “el fiel de la balanza”: el más igual entre pares que inclina a un lado o al otro el enorme peso del poder estatal.
Donald Trump, ignorante supino de la cosa pública, hizo creer y creyó, que manejar el poder del estado era como manejar uno de sus clubs de golf: tronando los dedos y esperando el resultado.
Donald Trump fue electo como el héroe de la ultraderecha. Montado en la plataforma híper-conservadora, avasalló a los republicanos centristas y luego a los demócratas que la jugaron desde el centro. ¿Y quién le ha propinado a Trump la que ha sido su peor derrota política en tan sólo diez semanas de gestión? La ultraderecha que lo prohijó y cuyas banderas arropó para dinamitar al centro. No nada más no puede controlar el estado, sino que no puede manejar a la ultraderecha que lo propulsó.
Como decíamos en un comentario anterior. Trump tiene dos opciones: o se entrega a la ultraderecha que tan bien le sirvió como candidato, pero que tanto le estorba como presidente, y en ese caso, su presidencia se acaba; o bien se corre hacia el centro y abraza a los republicanos de centro a quienes insultó y escupió durante la campaña, e incluso lanza una guirnalda a sus odiados demócratas si quiere sacar una agenda mínima en los próximos meses, en cuyo caso se ganará el odio de la ultraderecha.
La reacción inmediata de Trump ha sido la de repudiar a la ultraderecha, incluso con sus mortales tweets, y abrazar a quienes vapuleó: a los republicanos de siempre, a sus odiados políticos de Washington, mostrando que la mole del poder del Estado acaba siempre venciendo a aquellos que quieren escapársele: como la gravedad.
El mismo patrón salta por todos lados: Tillerson, el Secretario de Estado, alabó a la OTAN y amenazó a Rusia, contraviniendo lo dicho por su jefe Donald Trump, quien había llamado a la alianza atlántica “obsoleta”. Sus órdenes ejecutivas para contener la migración de países musulmanes, demasiado extremas, han tenido que ser moduladas y archivadas ante la acción de jueces y juzgados. Y si el borrador de propuesta de modificaciones al TLCAN con México y Canadá filtrado por el Wall Street Journal la semana pasada es el documento que está siendo preparado, sería la mayor constatación de que la rabia espetada por el candidato Donald, se está transformando en los maullidos del presidente Trump ante la imposibilidad de conculcar el estatus quo como él pensó e hizo pensar que podía hacerlo.
Trump tiene un par de tópicos urgentes en donde va a tener que tragarse enteritas las palabras del candidato Donald: para empezar el presupuesto. Si Trump insiste en construir el muro frente a México, y aumentar el gasto militar que el candidato Donald prometió, los republicanos, especialmente los más conservadores que han jurado impedir que el déficit fiscal crezca, no lo van a acompañar y pueden darle un revés igual o peor que el del fallido repudio al Obamacare. La solución normal sería buscar el apoyo de los demócratas, pero ni Trump los va a buscar, porque sería aceptar que Donald se equivocó, ni los demócratas se van a ofrecer.
Todo esto ocurre en una arena en donde Trump ha visto que la popularidad que le dio el Donald se ha derrumbado, y que es el presidente más impopular de la historia antes de cumplir los primeros cien días de gobierno. No tiene apoyo en los medios, sus hijos y yernos están siendo monitoreados por cínicos conflictos de intereses, y el expediente de la influencia de Rusia y Putin en su campaña y gobierno no lo van a soltar en el corto plazo.
Y luego viene China. Esta semana Washington recibirá al líder chino Xi Jingpin, y vamos a ver si Trump es tan vociferante como lo fue Donald. Donald culpó a China de inventar el mito del calentamiento global; llamó al gigante asiático un manipulador de su divisa; juró revertir el monstruoso déficit comercial con ese país; y habló incluso de beligerancia y rayas en el agua del mar de China. Vamos a ver si el presidente confirma lo que dijo Donald. O si Trump se traga todas sus palabras. 

sábado, 1 de abril de 2017

Poemas Para Beber (Y para ligar) En El Starbucks: Oyendo Llover A Octavio Paz

Julio Cortazar decía que para él, la poesía de Octavio Paz era como una estrella polar. Yo comparto el dictum: sin ella, al igual que el argentino, yo estaría perdido. Sin saber hacia dónde navegar.

No exagero. No es una licencia poética. Comenzándolo a leer en mi temprana adolescencia, Paz no sólo es mi poeta: es mi instructor, el reto perpetuo por pensar las cosas como él las habría pensado, en leer la vida como él la habría leído, un motor intelectual y musical que nunca me ha abandonado.

Cuando pienso en el Brexit y en Trump, cuando leo a Amichai o a Muldoon, cuando veo un cuadro de Anselm Kiefer, en algún momento pasa siempre por mi cabeza qué hubiera pensado él, cómo habría visto lo que yo veo. Inevitablemente. Sin darme yo cuenta de ello.

Ayer 31 de marzo de 2017, Octavio Paz habría cumplido 103 años, así que esta entrega de "Poemas para beber en el Starbucks" es para él.

Hace 30 años, en 1987, con 73 años de edad, Octavio Paz publica un libro hermoso: "Árbol Adentro", en aquella bellísima editorial llamada Seix-Barral. El libro abría con uno de los poemas más lindos que yo haya leído:

Óyeme como quien oye llover


Óyeme como quien oye llover,
ni atenta ni distraída,
pasos leves, llovizna,
agua que es aire,
aire que es tiempo,
el día no acaba de irse,
la noche no llega todavía,
figuraciones de la niebla
al doblar la esquina,
figuraciones del tiempo
en el recodo de esta pausa,
óyeme como quien oye llover.

Sin oírme, oyendo lo que digo
con los ojos abiertos hacia adentro,
dormida con los cinco sentidos despiertos,
llueve, pasos leves, rumor de sílabas,
aire y agua, palabras que no pesan:
lo que fuimos y somos,
los días y los años, este instante,
tiempo sin peso, pesadumbre enorme,
óyeme como quien oye llover,
relumbra el asfalto húmedo,
el vaho se levanta y camina,
la noche se abre y me mira,
eres tú y tu talle de vaho,
tú y tu cara de noche,
tú y tu pelo, lento relámpago,
cruzas la calle y entras en mi frente,
pasos de agua sobre mis párpados,
óyeme como quien oye llover,
el asfalto relumbra, tú cruzas la calle,
es la niebla errante en la noche,
como quien oye llover.

Es la noche dormida en tu cama,
es el oleaje de tu respiración,
tus dedos de agua mojan mi frente,
tus dedos de llama queman mis ojos,
tus dedos de aire abren los párpados del tiempo,
manar de apariciones y resurrecciones,
óyeme como quien oye llover,
pasan los años, regresan los instantes,
¿oyes tus pasos en el cuarto vecino?
no aquí ni allá: los oyes
en otro tiempo que es ahora mismo,
oye los pasos del tiempo
inventor de lugares sin peso ni sitio,
oye la lluvia correr por la terraza,
la noche ya es más noche en la arboleda,
en los follajes ha anidado el rayo,
vago jardín a la deriva
entra, tu sombra cubre esta página.


El castellano es un idioma poético. Su consonancia le da un poderío incomparable. Y en su genio está siempre lo poético. "oír como quien oye llover" es una frase del habla popular, un dicho de todos los días para decir que ponemos poca atención. Como un "ready made" Octavio Paz toma esa frase popular -le encantaba hacer eso- y construye una cantata, una pequeña aria sensual, ligadora, de una elegancia dulce línea a línea pero que cuando se acaba de leer conforma un poema romántico súper poderoso: una herramienta de seducción inigualable.

No creo equivocarme, si existe un poema que sirve para ligar, es "Óyeme como quien oye llover", de Octavio Paz.

Postdata:

¿Qué tan chingón era Octavio Paz? Digamos por ejemplo que el prefiguró, predijo a Starbucks.

Lean estos versos de uno de sus más grandes poemas: "Piedra de Sol":

«yo vi tu atroz escama, /
Melusina, brillar verdosa al alba, /
dormías enroscada entre las sábanas /
y al despertar gritaste como un pájaro /
y caíste sin fin, quebrada y blanca, /
nada quedó de ti sino tu grito»

Melusina es un personaje creado por el francés Jean D'Arras, en una serie de cuentos publicados en 1392, quien era presa de una terrible maldición: todos los sábados (ojo por si la ven hoy) se convertía en serpiente de la cintura para abajo. Alguna de sus representaciones, para atenuar la fealdad de ese semi-reptil, representan a Melusina no como mitad serpiente, sino como una Sirena coronada.

La más conocida de esas representaciones de una Melusina light es justo la dama verde del Starbucks. Si. La sirena del Starbucks es Melusine.

domingo, 26 de marzo de 2017

La Derrota De Trump Y La Derecha Caníbal

La clave de por qué Donald Trump fue derrotado por su propio partido de manera tan lastimosa la semana pasada, cuestionando su auto-promocionado liderazgo y arriesgando el desaforado optimismo que los mercados financieros han puesto en él, descansa en la misma razón por la cual pudo alzarse con esa extraña victoria en noviembre pasado: la furia de la ultraderecha contra el establishment.
La rabiosa ultraderecha estadounidense, híper-religiosa, abiertamente racista y aislacionista, no acepta concesiones. Su agenda anti-establishment coincidió política y geográficamente con la candidatura presidencial de Trump y dicha confluencia se tradujo en una mezcla territorial precisa que aprovechó la aritmética electoral barroca de Estados Unidos para derrotar a la abrumadora mayoría demócrata en la presidencial.
Pero la confluencia no podía ser mas que fortuita. Trump se robó la agenda de la ultraderecha de manera oportunista para flanquear al partido Republicano y alzarse con la candidatura presidencial primero y con la presidencia después. Pero ya en el poder Trump ha tenido que enfrentar con un hecho contundente: no se puede derribar al establishment desde el establishment. Pocos productos tan acabados del establishment que un billonario neoyorquino de bienes raíces. Tal producto del establishment no puede ser el que lo destruya y conculque. No es de extrañar entonces que cuando Trump presenta su iniciativa anti-Obamacare, el proyecto protegía los intereses de dicho establishment.
La ultraderecha (nucleado en el Freedom Caucus) admonitoriamente le condenó: es un “Obamacare” sin sacarosa, light, y se lanzaron contra la propuesta hasta hundirla y producir una derrota vergonzosa para el petulante Trump.
¿Pero cómo es posible que los republicanos se hayan hundido a sí mismos, arriesgando el resto de la administración Trump?
El argumento que sigue no es mío, sino de mi maestra Eloísa Andjel, y creo que es correcto y explica este y los posibles fracasos que vienen: a diferencia de la derecha francesa, quien se ha negado a aceptar a la ultraderecha racista y xenófoba, y ha preferido verse derrotado antes de aliarse con ella (enemigos de la República), el partido republicano ha acomodado gozoso a la ultraderecha estadounidense a sabiendas que son enemigos de la democracia y del proyecto globalizador que son el gen de los Estados Unidos.
Ya sea por el miedo a su desintegración o por inconfesable afinidad, el Partido Republicano ha albergado y prohijado siempre a la ultraderecha de buena gana, incluso sabiendo que es un germen destructor de la democracia estadounidense. Pero la reacción contra la globalización que ha incendiado al mundo en los últimos meses y años, que ha venido más de la derecha que de la izquierda, ha hecho crecer a la ultraderecha estadounidense al punto que ya pese más dentro del partido republicano que los conservadores tradicionales que han dominado eternamente al partido.
En ese sentido el caso estadounidense es muy particular. A diferencia de la experiencia europea y otras latitudes (Filipinas, por ejemplo), la ultraderecha ha desfondado a la derecha tradicional: el Frente Nacional en Francia, el Brexit en el Reino Unido, los casos de Holanda y Grecia muestran que la derecha ha sido rebasada y eclipsada por nuevas instituciones de la ultraderecha que la han desfondado.
Pero el bipartidismo estadounidense ha producido este engendro del cual incluso su hijo predilecto, Donald Trump, ha sido víctima. De hecho para la ultraderecha estadounidense este modelo es más eficiente. En vez de empezar de cero y construir su base de poder desde el suelo, ha sido mejor para ellos capturar gradualmente al partido conservador más poderoso del mundo y correrlo hacia la derecha sin desmoronarlo. En lugar del asalto al poder, la ultraderecha estadounidense ha capturado el alma y corazón del partido hasta su conversión final con Donald Trump.
Pero el despistado de Trump, creyendo que era el arquitecto de la revolución híper conservadora que lo usó para la toma del partido y de la presidencia, no siquiera vio que su propuesta anti-Obamacare moderada sería despedazada por la ultraderecha. De repente, sorprendido, sufrió sin darse cuenta la consecuencia de su victoria: la ultraderecha es la dueña de la política estadounidense, lo quiera Donald Trump o no.

Esto le deja al tragicómico neoyorquino dos opciones: o se entrega a la ultraderecha y despedaza a la democracia estadounidense, o bien, cansado de derrotas a mano de la ultraderecha decide aliarse con los odiados demócratas para poder gobernar, en cuyo caso su presidencia estará condenada por la furia de la ultraderecha.

lunes, 20 de marzo de 2017

Poemas Para Beber En El Starbucks: La Perfección De La Derrota I, Kavafis

Existen grandes cantos para celebrar la victoria: la Iliada, Las Luisiadas, los himnos nacionales, la "Star Spangled Banner" que satura los juegos olímpicos en cada victoria estadounidense. De forma natural la poesía gusta de celebrar a los victoriosos.

Pero la derrota ha producido grandes poemas también. Algunos de ellos perfectos ejemplos de maestría, como "Asturias", de Pedro Garfias, o el bellísimo "Termópilas" de Constantino Cavafis.

Gracias a Hollywood esta generación conoce bien la historia de las Termópilas. Los legendarios 300 hombres comandados por Leónidas que se imponen la tarea de defender con sus vidas el avance del ejército del "millón" de Medos (Persas) que se abalanzaba contra Grecia.

Los historiadores modernos están de acuerdo con que el ejército de los Medos-Persas eran cerca de 250 mil, y que Leónidas comandaba una tropa de cerca de 10 mil. Poco importa: Leónidas y sus 300 espartanos contuvieron hasta su muerte al vasto ejército invasor hasta morir masacrados, por culpa de la traición del griego Efíaltes, (que muestra a los Medos un paso para llevarlos a la retaguardia) sabiendo que su sacrificio sería útil, pues la pequeña flota griega tuvo tiempo para prepararse y defenderse de los invasores en Salamina, lo que al tiempo resultó en la victoria griega.

El poeta griego Constantino Cavafis, nacido en Alejandría, escribió en 1903 estos bellísimos versos para cantar lo que la derrota puede dejarnos. Es un poema incomparable.


ΘΕΡΜΟΠΥΛΕΣ
Τιμή σ' εκείνους όπου στην ζωή των
όρισαν και φυλάγουν Θερμοπύλες.
Ποτέ από το χρέος μη κινούντες·
δίκαιοι κ' ίσιοι σ' όλες των τες πράξεις,
αλλά με λύπη κιόλας κ' ευσπλαχνία·
γενναίοι οσάκις είναι πλούσιοι, κι όταν
είναι πτωχοί, πάλ' εις μικρόν γενναίοι
πάλι συντρέχοντες όσο μπορούνε·
πάντοτε την αλήθεια ομιλούντες,
πλην χωρίς μίσος για τους ψευδομένους.

Και περισσότερη τιμή τους πρέπει
όταν προβλέπουν (και πολλοί προβλέπουν)
πως ο Εφιάλτης θα φανεί στο τέλος,
κ' οι Μήδοι επι τέλους θα διαβούνε.

Κωνσταντίνος Π. Καβάφης (1903)

Desconozco cual sería la mejor traducción del griego original. Pero esta versión es muy buena.


Termópilas

Constantino Cavafis 


Honor a aquellos que en sus vidas
se dieron por tarea el defender Termópilas.
Que del deber nunca se apartan;
justos y rectos en todas sus acciones,
pero también con piedad y clemencia;
generosos cuando son ricos, y cuando
son pobres, a su vez en lo pequeño generosos,
que ayudan igualmente en lo que pueden;
que siempre dicen la verdad,
aunque sin odio para los que mienten.

Y mayor honor les corresponde
cuando prevén (y muchos prevén)
que Efialtes ha de aparecer al fin,
y que finalmente los Medos pasarán.



domingo, 12 de marzo de 2017

Poemas Para Beber En El Starbucks: Llegó Borracho El Quevedo

Dicen que la poesía sirve para enamorar mujeres, para alabar a los héroes, para decir cosas bellas. Todo eso por supuesto. Pero los antiguos la usaban para muchas más cosas: "Los trabajos y los Días" de Hesíodo, por ejemplo, es un largo poema que casi es un instructivo sobre economía doméstica; "Las Luisiadas", la obra maestra de Camoes, es la historia propagandística del imperio portugués puesta en bellísimos versos.

La poesía sirve para todo, incluso para ponernos bien borrachos.

Imagine que está usted sentado en una taberna con una copa de vino enfrente. Atraídos por el caldo un grupo de mosquitos entran volando a la copa y al beber el vino quedan atrapados y mueren dentro. ¿Por qué desperdiciar la copa, si los mosquitos están llenos de vino? Para vengar la muerte de los insectos, usted apura la copa y se bebe también los mosquitos, tan borrachos como usted.

¿Se puede hacer poesía con esa anécdota cantinera y vulgar? La respuesta no es únicamente si. La respuesta es que esa imagen produjo uno de los más complejos, perfectos y gloriosos poemas de la lengua castellana.

Este, por el genio Don Francisco de Quevedo


Tudescos moscos de los sorbos finos,
caspa de las azumbres más sabrosas,
que porque el fuego tiene mariposas,
queréis que el mosto tenga marivinos.
aves luquetes*, átomos mezquinos,
motas borrachas, pájaras vinosas,
pelusas de los vinos invidiosas,
abejas de la miel de los tocinos,

liendres de la vendimia, yo os admito
en mi gaznate pues tenéis por soga
al nieto de la vid, licor bendito.

Tomá en el trazo hacia mi nuez la boga,
que bebiéndoos a todos, me desquito
del vino que bebistes y os ahoga.

Francisco de Quevedo
Madrid,  1580-1645
*luquetes: rodajas de naranja o limón que se agregaban al vino.
Tudescos es un apelativo de los alemanes, famosos bebedores; la hermosa palabra "azumbre" es una antigua medida para los líquidos; el mosto es el primer jugo de la uva, con semilla y piel incluidas; y marivinos es una palabra inventada por Quevedo para conjuntar a las mariposas con el vino, una genialidad. El resto del poema no necesita mayores claves. Como no las necesita el poema entero.

Quevedo de hecho se inscribe en una larga tradición. Desde la poesía latina e italiana, el tema de los moscos y las moscas ahogadas en el vino es una constante. Hay muchos poemas sobre el mismo tema, el cual tristemente fue cayendo en desuso y ya no vemos poemas modernos sobre mosquitos borrachos siendo ingeridos en una peda.

Pero nunca es tarde para rescatar la tradición. La siguiente vez que beban vino precioso con mosquitos dentro, recuerden estos magníficos versos, y continúen una venerable tradición.

Salud.


domingo, 26 de febrero de 2017

¡Oh La La! ¡C’est La Catastrophe!

Que la Gran Bretaña salga de la Unión Europea es un golpe terrible para el proyecto económico común por supuesto, pero la verdad es que las islas británicas siempre se han visto como eso, como ínsulas en todos los aspectos respecto de Europa, y cada vez que alguien les recuerda a los ingleses que ellos son en verdad normandos que olvidaron el francés, los que se creen anglosajones puros saltan furiosos. Pero que Francia abandone la zona Euro es otra historia: sería el fin de la moneda común.
Donald Trump y su psique esquizofrénica nos han tenido tan entretenidos, que hemos olvidado un riesgo fundamental: la posibilidad que la extrema derecha francesa llegue al poder, lo que implicaría quizá la desintegración de la Unión Europea y por tanto del Euro, pues tales premisas se encuentran dentro del corazón de la plataforma del temible Frente Nacional.
El ejemplo francés es un escenario de pesadilla: el centro está completamente desecho, pues existe la posibilidad de que ninguno de los dos partidos que han dominado la política francesa desde el fin de la Segunda Guerra, logren colarse a la segunda vuelta. Francia es el ejemplo más claro de lo que pasa cuando la globalización falla en beneficiar a la mayoría de la población: el centro político hace implosión. Ni el Partido Socialista, ni los Republicanos podrían estar en la segunda ronda para detener la marcha de los fascistas del Front National, y esa tarea podría recaer en un candidato independiente sin estructura política capaz de hacer frente al fascismo, el sorprendente Emmanuel Macron.
En Estados Unidos y en Inglaterra el populismo nacionalista encontró cabida en el partido conservados (los Republicanos y los Tories), y la extrema derecha victoriosa ha jalado hacia el límite a las instituciones políticas sin destruirlas. Pero en Francia eso no ha sido posible: la furia del Frente Nacional no ha sido albergado dentro de los Republicanos, y el desencanto del partido socialista ha provocado el desfonde del otrora más sólido partido de izquierda de Europa. El centro ha sido dinamitado, completamente desintermediado, a diferencia de la Gran Bretaña y los Estados Unidos en donde las instituciones, corridas al extremo, pudieron albergar a la ultraderecha globalifóbica.
El colosal mercado de bonos global, que vale 13.9 billones de dólares, ha sido presa los últimos dos meses de los avatares de la elección presidencial francesa. Que el Front National sea el partido más votado en la elección es un hecho, así que lo importante es ver quién enfrentará a Marine Le Pen en la segunda vuelta, y todo parece indicar que será el independiente Emmanuel Macron, un trásfuga del gobierno socialista de François Hollande que ha presentado al electorado francés una opción fresca, fuera de los partidos dominantes, y una plataforma europea e integracionista para oponerse al fascismo del Frente.
La desintegración del centro francés ha incrementado la posibilidad de una victoria de Le Pen, y cada punto adicional en las encuestas tiene un costo en el mercado de bonos, abaratando los bonos franceses y aumentado el diferencial respecto de los más seguros bonos alemanes, enviando ese diferencial a niveles récord. Como el precio de los bonos y su rendimiento se mueven en sentido contrario, la alta demanda por la seguridad de los bonos alemanes ha hecho que estos instrumentos tengan un rendimiento de -1% (si, menos uno por ciento), presionando los márgenes operativos de los bancos alemanes y encareciendo el financiamiento de los franceses.
Todos los sondeos en Francia indican que la estrategia desarticulada e improvisada de sus habitantes para detener al fascismo va a funcionar después de todo: ya sea Macron o Fillon, derrotarán a Marine Le Pen en una segunda vuelta de manera abrumadora. Si tal evento se materializa entonces la estrategia francesa de desfondar al centro tradicional para construir una alternativa fresca e independiente ante la extrema derecha habría funcionado. Y si es el caso entonces es buen momento para comprar bonos y acciones de bancos franceses que han sido vapuleados recientemente. Pero de no ser así entonces sería un ¡Oh la la!, ¡C’est la catastrophe!