domingo, 11 de noviembre de 2018

Sanos Vs Enfermos: El Impuesto Al Churrasco

La política fiscal debe ser equitativa, nos dicen, debe de gravar a los que mas tienen para ayudar a los menos favorecidos y buscar la máxima igualdad posible en una sociedad. Bajo ese esquema existen dos extremos: ricos y pobres. ¿Pero qué ocurre cuando esos dos extremos son los ciudadanos sanos, que cuidan lo que comen, por un lado; y por el otro tenemos a los ciudadanos enfermos crónicos, cuya dieta los incapacita económica, y por lo tanto fiscalmente?
Para la actual política fiscal la dieta y la salud de los individuos no es relevante. La única variable es la capacidad de generar ingresos y acumular riqueza: los impuestos buscan entonces modular la desigualdad siendo progresivos. Los deciles más altos ayudarán a financiar a los más bajos con el fin de cerrar la brecha de equidad.
¿Pero qué ocurre cuando un ciudadano, por culpa de su dieta, sufre una enfermedad crónica que lo incapacita económicamente y por lo tanto ya no puede tributar? ¿Es justo que su tratamiento sea financiado por ciudadanos que cuidan su dieta, hacen ejercicio y cuidan su salud?
La incidencia de enfermedades crónico degenerativas en el mundo, pero especialmente en México, es tan aguda, que es necesario hacernos esta pregunta y plantear su respuesta, porque dicha solución no es sencilla, pues hay un elemento muy complicado en la discusión: la elección personal y la industria alimenticia.
La libre elección es el principio sagrado de la libertad económica. ¿Pero qué ocurre cuando el consumidor decide una dieta que lo lleva a una enfermedad crónico degenerativa que lo incapacita económicamente a una edad mucho más temprana que un consumidor que elige una dieta sana?
Ya no es posible negar la evidencia que muestra que una dieta basada en proteína animal (sobre todo carnes rojas y procesadas), rica en grasas y en azúcar y alimentos excesivamente procesados, está asociada a la creciente y alarmante incidencia de enfermedades crónico degenerativas como la diabetes, afecciones coronarias y cardiopatías. La dieta de las sociedades avanzadas está produciendo poblaciones con una edad productiva menor, a pesar de que la esperanza de vida siga creciendo. Las poblaciones quizá vivan más, pero su vejez es de mucho menor calidad y su productividad decrece aceleradamente debido a las enfermedades crónico degenerativas que se presentan a una edad cada vez más temprana.
Lo anterior implica un porcentaje cada vez mayor de las poblaciones con necesidad de tratamientos de muy largo plazo, prácticamente permanentes, lo que significa una trayectoria alarmante para los presupuestos de salud pública en el muy corto plazo. De hecho, y a juzgar por experiencias personales, el sector público en México ya está en una situación en donde la cobertura de las enfermedades crónico degenerativas representan la más importante presión de finanzas públicas.
El gran problema es que dicho patrón de dieta y sus tremendas consecuencias económicas surgen de la elección personal. Es la elección personal la que lleva a un consumidor a ingerir un churrasco en vez de una ensalada; a preferir un pastelillo procesado a unas almendras como postre. Es la elección personal la que lo lleva a decidir hacer o no ejercicio una hora diaria. El gran problema es que esas decisiones personales se han convertido en una enorme carga fiscal para el colectivo social.
Para modular la brecha de renta entre ricos y pobres tenemos el impuesto sobre la renta. ¿Pero cómo modulamos la desigualdad entre enfermos por su elección de dieta y los individuos sanos? ¿Es justo que un ciudadano sano, laboral y fiscalmente viable a los sesenta años, financie a un conciudadano suyo que a la misma edad ya no puede trabajar ni tributar debido al daño a su salud causada por la dieta seguida a lo largo de su vida?
Si ponemos un impuesto especial a las carnes rojas y a los alimentos muy procesados, los cuales se encuentran indudablemente tras las enfermedades crónico degenerativas, los precios aumentarán, con lo que quizá el consumo disminuya y la prevalencia baje. Pero también estaremos imponiendo un impuesto a los consumidores que hayan hecho esa elección de dieta, y así con su consumo presente, puedan ayudar a solventar, a sus hijos y nietos, el costoso tratamiento que necesitarán en el futuro.

domingo, 4 de noviembre de 2018

El Liberalismo Sordo

El orden económico liberal está roto. Hecho pedazos. El liberalismo tiene tres vertientes: el comercial, el monetario, el económico, y el fiscal. Y mírenlo ahora: naufragando entre guerras comerciales, presidentes queriendo intervenir en las decisiones del banco central, coartando el crecimiento de los gigantes tecnológicos, y produciendo déficit fiscales en medio de expansiones económicas. Pero el liberalismo fue sordo. No quiso escuchar. Y eso que se le advirtió muchas, muchas veces.
La advertencia al liberalismo vino incluso desde dentro: quien quizá sea el mejor economista contemporáneo, Joseph Stiglitz, durante su labor como economista en jefe del Banco Mundial, y después, fue claro y vocal al respecto: el éxito del orden neoliberal se ha concentrado en demasiadas pocas manos y ha descansado sobre la pobreza de muchos. No fue el único: economistas como Paul Krugman, Paul Romer, e incluso empresarios como Warren Buffet advirtieron puntualmente sobre las consecuencias de la profunda desigualdad implicada por el orden liberal.
Las advertencias fueron múltiples: el ascenso de la ultraderecha extrema en Francia, la convulsión política en Italia, el fin del histórico bipartidismo en España, el Brexit, la elección de Trump en Estados Unidos y la de Bolsonaro en Brasil. El fin del orden liberal acecha también a Alemania y a Canadá. Quedarán pocos bastiones. Incluso Francia, votando por el liberalismo con tal de no caer en el nazismo, está en peligro de ceder.
Pero el liberalismo eligió la sordera. Incluso cuando llegaba a escuchar las críticas sobre el grave problema de la inequitativa distribución de ingreso y riqueza, respondía, tozudo: el problema es que las reformas liberales no se implementan completas, si se llevaran a cabo a fondo, el problema de la desigualdad amainaría. Fue sordo hasta cuando oía.
El orden liberal se puede romper por la derecha, o por la izquierda. El ascenso de Hitler y Mussolini respondió también al fracaso del liberalismo decimonónico y de principios del siglo XX. Y está ocurriendo de nuevo, con las connotaciones antisemíticas, racistas, anti-intelectuales y de uso de la fuerza que les caracterizan. 
El liberalismo eligió la sordera, porque de dentro, y de fuera (como Thomas Piketty por ejemplo) se les dijo muchas veces: la apropiación tan concentrada de los ingresos y los acervos, requisito y resultado de la expansión económica liberal iniciada tras la caída el Muro de Berlín, tarde que temprano será motivo de una crisis política y económica. Los votantes hartos de no ver sus salarios reales subir durante décadas. Los consumidores endeudados para poder alcanzar un mediano nivel de vida.
A cada reclamo el orden liberal respondía con la misma receta: menores impuestos para el capital, so pena de perderlo y que huyera a economías más amables con él; menores salarios reales para atraer las empresas que buscaban maximizar sus beneficios reduciendo costos; invirtiendo en países en donde la regulación y la implementación de las políticas medioambientales fueran las más laxas para así reducir los costos; reduciendo el salario real futuro (las pensiones), mediante el sometimiento de los sindicatos, creando así un severísimo problema fiscal para los Estados nacionales.
Todo lo anterior se vio reflejado en un espectacular crecimiento de las ganancias corporativas, propulsadas además por una oleada de innovaciones tecnológicas que crearon bienes y servicios que no existían y para los cuales no había reglas tributarias (como Airbnb o Amazon, por ejemplo) y cuyos ingresos no ha sido recaudado por los Estados como las industrias tradicionales, y han producido por tanto ganancias fastuosas para los accionistas.
El capitalismo propietario incluso está en crisis. Hace algunas pocas décadas los trabajadores en los países avanzados eran grandes poseedores de las acciones de sus compañías y de otras. Hoy incluso las empresas usan sus beneficios para recomprar sus propias acciones en el mercado. El número de empresas que cotizan en las bolsas y cuyas acciones pueden ser adquiridas por el público se encuentra en mínimos de casi un siglo, pues las nuevas empresas (como Uber, Airbnb y Cabify, por ejemplo) son poseídas por las grandes fortunas individuales y familiares, y ni siquiera llegan ya al mercado de valores.
El liberalismo no escuchó y no escucha. Lo lamentaremos todos. Verán.

lunes, 29 de octubre de 2018

La Nueva Economía Mixta: Dos Ejemplos

Hace algunas décadas la economía mixta era común: el gobierno era propietario de empresas, y competía incluso con los privados, e incluso los sustituía. Este modelo sigue vigente en algunos países como Francia y es la norma en naciones como China. Pero la nueva economía, la que surja de la crisis tan seria del orden liberal, deberá de ser mixta. Pero de una forma distinta. En mi opinión deberá de usar al estado para que alcancemos la mejor solución de mercado, la cual si no interviene el gobierno, no puede ser alcanzada. Aquí revisamos dos ejemplos que tienen que ver con un tema difícil: la pobreza.
No es fácil, ni siquiera para los que se dedican a esos temas, diferenciar entre flujos y acervos, entre el estado de resultados y el balance, entre el PIB y el stock de capital de un país, entre ingresos y riqueza. Vale la pena establecer esa diferencia porque en el debate sobre la desigualdad estos dos conceptos tienden a borrarse y con ello se mal diagnostica el problema y se falla en la solución. Hay ricos que tiene muchos activos y pocos ingresos; hay pobres que tienen ingresos y no acumulan activos. Y el remedio para esos problemas difiere, pero los impuestos son clave en cualquiera de los casos.
Hace algunos años un economista peruano, Hernando De Soto, hizo popular entre los círculos conservadores un diagnóstico interesante, que partía del diagnóstico correcto, pero que tenía una trampa clásica en la solución. De Soto decía que para muchos pobres en Latinoamérica su problema era que estaban sentados sobre activos valiosos, sus tierras comunales, que debido a que carecían del adecuado registro legal, no podían comprarse y venderse. 
El diagnóstico es correcto, pero no es nuevo. Es tan viejo como la colonia. Las tierras comunales han sido siempre un bien valioso para el mercado, y si las condiciones fueran propicias, las comunidades podrían prosperar al entrar en el mismo. Pero al minimizar de Soto la pobreza de ingresos deja a los pobres una salida falsa: malbaratar su tierra. No es lo mismo comprar, vender o hipotecar la tierra comunal cuando se tienen ingresos sólidos que hacerlo en un ámbito en donde no hay ingresos y se tienen deudas que pagar. En el primer caso el valor de la tierra se potencia, en el segundo se remata. 
Históricamente el argumento de De Soto ha servido para rematar la propiedad comunal en el mercado. Bueno sería que la tierra comunal entrar al mercado en condiciones ventajosas para las comunidades y que incluso en el mercado, las comunidades crecieran las tierras que poseen, como lo hacen los menonitas en el norte de México. Las transferencias son esenciales en este caso para alcanzar la mejor solución de mercado.
El otro extrema del desbalance entre acervos e ingreso es también un caso muy interesante. Existe, y es creciente incluso, un segmento de la población de los estratos más altos cuyos ingresos son decrecientes, casi hasta desaparecer pero que tiene activos también. Es el caso opuesto a los pobres rurales. Son ricos urbanos que debido a su edad han dejado ya de trabajar y sus ingresos dependen de sus pensiones o la reducción de sus ahorros, pero que cuentan con acervos acumulados a lo largo de su vida laboral: sus casas.
Típicamente las clases media alta, y alta urbanas acumulan una o varias casas durante su vida laboral, y el tamaño de las mismas fue determinado por la necesidad de criar una familia que, al llegar los individuos a la vejez, ya ha emigrado a otro hogar. Viejos solos en grandes casa o departamentos urbanos, con bajos ingresos pero con alto valor comercial de sus propiedades son cada vez más comunes en las metrópolis modernas y plantean no únicamente problemas sociales: cómo ayudar a ese segmento creciente de la población, sino también urbanos, barrios regenerados por jóvenes afluentes con alto dinamismo comercial que presionan a la expulsión de los viejos residentes al encarecerlos.
En las economías más desarrolladas los mercados proveen la suficiente liquidez para convertir a los acervos en ingresos, pero el principio y el problema es el mismo. Las transferencias a los adultos mayores son muy importantes incluso en ese caso para que los individuos aprovechen la oportunidad del mercado en condiciones favorables, y no que la vejez y la urgencia de ingresos los obligue a rematar sus activos.

domingo, 21 de octubre de 2018

¡Dame Otra C! ¿Qué Dice? T-MECC

La fuente principal de la caravana que quiere entrar a los Estados Unidos a través de México es Honduras, el país más desigual de Latinoamérica, y uno de los más violentos. También es el país centroamericano que más ha sufrido por el profundo bache en el precio de las materias primas experimentado desde inicios del 2015 y que llevó a colosos como Brasil a una recesión severa. Creo que sólo hay una salida duradera para este problema: el convertir a Centroamérica en un exportador de manufacturas a través de su inclusión en el T-MECC (así, con una C adicional).
Centroamérica, con la excepción de Costa Rica (con una economía diversificada), y Panamá (un centro financiero), tiene una economía similar a la que México tenía hace cuarenta año, con una carencia notable: petróleo. La región económicamente más complicada de Centroamérica es el conjunto Honduras-El Salvador-Nicaragua, países que dependen de la exportación de ciertas materias primas para poder tener los recursos e importar alimentos y los bienes de capital para impulsar la economía. Como su base manufacturera es extremadamente débil, están sensiblemente ligados al ciclo de los precios de las materias primas, las cuales entraron en los inicios del 2015 en una severa depresión, que no da visos de repunte en el corto plazo.
Honduras exporta principalmente textiles (camisetas y sweaters), plátanos, café, langosta, aceite de coco y cables aislados. El 58 por ciento de sus exportaciones van a los Estados Unidos, y sus otros mercados importantes son El Salvador, Alemania y México. Sus importaciones abarcan prácticamente todos los sectores aunque destacan, no por su monto, sino por su importancia, tres artículos: maíz, trigo y arroz, cuyos precios han subido notablemente en los últimos meses, mientras que los precios de las exportaciones hondureñas se han desplomado.
El precio de lo que Honduras vende ha caído, y el precio de los alimentos que Honduras compra ha subido. El resultado es el hambre y la violencia que ha disparado la caravana de desesperados ciudadanos de ese país rumbo al norte del continente con el fin de escapar a esta cruel pinza económica que los aplasta.
Hace cuarenta años, toda proporción guardada, México tenia una economía con un dilema similar. Sus exportaciones, fuera del petróleo, eran jitomates, camarón congelado, algunas frutas tropicales, y otros productos primarios. Hace cuarenta años las exportaciones manufactureras de México eran mínimas. Cuando en 1982 el país cayó en quiebra por el desplome de los precios petroleros, el gobierno y los empresarios tomaron una decisión, desesperada que hoy parece visionaria: convertir a México en un exportador de manufacturas para evitar depender de los impredecibles y agudos ciclos de las materias primas que habían impulsado y hundido a lo largo de la historia la economía mexicana.
Hoy México es una potencia exportadora, y en sectores como el automotriz, el de aviación, el de computadoras y partes electrónicas y maquinaria, se encuentra entre los cinco más relevantes en el mundo. El TLCAN sirvió justo para ese propósito, utilizar a México como la plataforma de bajo costo laboral de Norteamérica, mientras que en Estados Unidos se generaban las actividades de mayor valor, como la invención, el diseño, la mercadotecnia, etc. México se insertó en este proceso como un mero maquilador, pero con los años la cadena de valor manufacturera ha sido transferida cada vez más hacia el país, y hoy la manufactura local va mucho más allá del mero ensamble.
El TLCAN y su muy parecido sucesor, el T-MEC, no son la solución a los problemas económicos del país, e incluso en términos de los salarios reales pagados a los sectores ligados a la exportación, la evolución no ha sido la necesaria para reducir la pobreza en México. El TLCAN también ha partido a México en dos económicamente: el norte integrado a la economía de los Estados Unidos, y el sur anclado a la producción primaria y lejos de la cadena de valor de Norteamérica. 
Pero la mejor opción para Centroamérica es aliarse con México y entrar en el corto plazo a la integración económica norteamericana. Es su mejor apuesta para romper con el acentuado ciclo de las materias primas. Seguro que es un proceso complejísimo. Pero es la mejor apuesta en este momento para los jugadores involucrados.

domingo, 7 de octubre de 2018

El Ecologismo, Fase Superior Del Liberalismo

Desde la Residencia Otes, en Essex, en donde vivió, pensó y discutió en sus últimos años, quizá John Locke no imaginó que el bosque espeso que lo rodeaba era el límite argumental de la teoría que el prohijó y defendió toda su vida: el liberalismo. Los ingleses llaman a un parque urbano “common”, reflejando el carácter comunal del entorno natural, en oposición a los cotos privados. La naturaleza debiera de ser un bien común, pero en el liberalismo se encuentra la semilla de la terrible devastación ecológica que sufre el planeta y nuestro país.
El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), publica de manera regular las Cuentas Económicas y Ecológicas de México, un singular esfuerzo por contabilizar el costo al acervo natural de México de nuestro crecimiento económico. Las estadísticas del INEGI, casi únicas en el mundo, deberían de ser monitoreadas y tomadas en serio. ¿Cuántas selvas nos ha costado la próspera ganadería del sureste? ¿Cuánto daño a los mantos freáticos del norte nos cuesta la historia exitosa de la maquiladora en el norte de México? ¿Cuánto bosque, urbano y rural, nos cuesta el extraordinariamente dinámico sector inmobiliario del banco de México? ¿Cuánta degradación de las cuencas hídricas nos cuesta la boyante agricultura del noroeste y el noreste del país?
¿Cuánto vale el Río Bravo, la Laguna de Chapala y la Laguna de Mayrán? Desecados o en peligro de desecarse debido al éxito económico de la maquila, de la zona metropolitana de Guadalajara y la región lechera-agrícola-industrial de La Laguna. Las cifras del INEGI intentan mostrar justo eso: el costo medioambiental de nuestro crecimiento económico, y presentan cifras ajustadas por ese costo: una estimación del crecimiento económico neto de la pérdida medioambiental.
El liberalismo pone en el centro del contrato social la libertad del individuo. Dicha libertad de emprender, de trabajar y apropiarse de los frutos de su trabajo, es necesario para despertar la inventiva y la energía social que e final de cuentas podrá producir una mejor sociedad para todos. Es la mano invisible: buscando el interés particular maximizamos el interés general.
El primer problema conceptual que enfrenta el liberalismo es en dónde termina la libertad del emprendedor y en dónde empieza la libertad de los que no lo son. La libertad de los emprendedores puede implicar la explotación del asalariado, dando origen a las teorías que buscan defender a los trabajadores. El surgimiento de la ideología socialista es un resultado natural del liberalismo, aquellos menos favorecidos oponen a la ideología dominante un mecanismo de defensa que elimine los excesos en la explotación laboral y la desigualdad económica. Aquellos para los que la libertad económica se traduce en sufrimiento y precariedad, tienen desde el siglo XIX una alternativa política que ha buscado equilibrar la injusta distribución del producto y la carga de trabajo sociales.
Los trabajadores pudieron oponer una o varias teorías al liberalismo. Han podido organizar una respuesta y un contrapeso a través de un discurso y una práctica. Pero ¿qué ocurre con aquellos otros insumos de la economía, además del trabajo, que son estresados por la explotación, pero que no son capaces de articular una réplica al liberalismo? Los animales, domésticos o salvajes, forman parte del costo del desarrollo económico fundado sobre la libre acción individual de los emprendedores, y su sufrimiento es patente. Tan patente que los movimientos para evitar su sufrimiento y extinción lograron implantarse en las buenas consciencias del liberalismo y la izquierda desde inicios del Siglo XX. El sufrimiento de una tortuga con un popote de plástico enterrado viralizado en internet ha desatado una campaña mundial contra ese producto que ha sido muy efectiva.
Pero la cuenca del Río Bravo no puede comunicar su sufrimiento, la seca Laguna de Mayrán no puede volverse viral en internet. El ecologismo es un intento desesperado de un extremo del liberalismo por hacerle ver al liberalismo puro y salvaje que no es posible tratar al planeta como lo estamos tratando: la economía está desecando la fuente mismo de su riqueza, la naturaleza. Nuestro INEGI nos está ayudando a calcular cuánto nos cuesta cada peso de PIB. Hagamos algo al respecto 


domingo, 30 de septiembre de 2018

¿El Regreso Del Petróleo Caro?

Quien lo diría hace tres años: el precio del barril de petróleo se ha disparado y muchos hablan de ver de nuevo el nivel de los cien dólares. La recuperación del precio había sido gradual pero sostenida a lo largo de los últimos veinte meses  más o menos, pero de agosto a la fecha todo se aceleró, y lo interesante es que el factor que provocó hace cuatro años el desplome de las cotizaciones: el petróleo shale, y que todo mundo pensaba que sería un factor para evitar el despegue de los precios de nuevo, no parece estar presente: al menos por el momento.
No hay que subestimar la fuerza del petróleo shale. A partir de hace dos meses un dato muestra su potencia: los Estados Unidos se convirtieron en el principal productor de petróleo del mundo, parados en la fuerza del shale. Pero un par de factores inesperados: el renovado bloqueo contra Irán, la larga crisis de producción en Libia y el desplome petrolero de Venezuela, han compensado el aumento de la producción en EEUU y en otras latitudes.
El precio del barril, medido por el referente Brent, el crudo ligero del mar del norte, cerró por encima de 80 dólares la semana pasada, y los contratos de futuros han incrementado su volumen y las posiciones cortas se han reducido dramáticamente. Los inversionistas en ese mercado se han tornado muy optimistas en meses recientes. No obstante, el alza en precios ha sido muy rápida en los últimos dos meses y otros analistas piensan que el mercado podría estar cerca de una corrección a la baja.
Más allá de la dirección de corto plazo, vale la pena reflexionar sobre dos factores de mediano y largo plazo. El primero es la ausencia casi completa del mercado de dos jugadores cruciales: Irán y Venezuela, ambos enfrentados a los Estados Unidos y el segundo, sumido en una crisis desesperante que ha aniquilado no solo a una otrora orgullosa industria petrolera, sino a lo mejor de su sociedad incluso.
Es difícil no decirle a Donald Trump que antes de quejarse de altos precios del petróleo se ponga en paz a si mismo. La suspensión del acuerdo que Obama había logrado con Irán, y la renovación de las sanciones comerciales contra ese país, redujo dramáticamente la oferta de los persas en el mercado, y junto con el desplome venezolano, ha sido una factor importante en el reciente despegue de los precios.
Por el lado del otro jugador, el petróleo shale, algunos factores coyunturales parecen estar conteniendo el potencial de corto plazo, aunque hay un factor de mediano plazo que vale mucho la pena monitorear. El factor de corto plazo es un inesperado faltante de oleoductos que ha hecho que la adición de nuevos pozos haya sido negativa en las últimas dos semanas, es decir, ha habido un cierre neto de pozos en los últimos quince días en los EEUU debido a la súbita escasez del tubos para ductos. 
La recuperación de los precios ha sido tan súbita de inicios de agosto a la fecha que la demanda ha superado a la oferta de ductos y actualmente hay un cuello de botella en el sector shale que le ha impedido aumentar la oferta, lo que ha ayudado al disparo de los precios en el mercado. El número de pozos shale no se aumentado desde junio, y a pesar de ello la producción de EEUU alcanzó el récord de 11 millones de barriles, lo que significa que los petroleros están sacando más de cada pozo.
De mediano plazo entonces, hasta que la producción doméstica se capaz de cerrar la brecha de demanda, habrá un cuello de botella en el sector shale, sobre todo por un factor irónico: la política comercial de Trump que, entre otras cosas, ha levantado barreras a centenares de importaciones, entre ellos los tubos para los oleoductos. Trump se ha quejado de los altos precios del petróleo, y quizá él sea la razón del alza, al declarar guerras comerciales contra medio mundo, causando escasez de insumos para la industria.
El otro factor que estaría limitando la oferta de shale es potencialmente preocupante. Análisis recientes sugieren que muy pocas petroleras shale son rentables, y que el auge en ese sector tiene rasgos de una burbuja especulativa, banqueros de Wall Street desesperados por prestar dinero, petroleros hambrientos de liquidez, pero una operación poco o nada rentable debido a los altos costos y los bajos precios. Si el shale no se ha subido al auge de los últimos meses debido a restricciones financieras, vale la pena estar atentos.


sábado, 22 de septiembre de 2018

Domingos Rancheros: La Banda El Recodo Antes De lo Vulgar; "Costumbres"

¿Por qué el sur de Sinaloa ha dado tantos símbolos identitarios para la cultura popular mexicana? Quien sabe. Pero allí nacieron Pedro Infante, Lola Beltrán, los legendarios Tigres del Norte, y también allí fue creada la hoy famosísima Banda El Recodo.
Durante décadas la tambora era una música local, reducida a Sinaloa, y por alguna razón, a Zacatecas, y sin duda su mejor interprete era La Banda el Recodo de Don Cruz Lizarraga.
Cuando llegué de Sinaloa a estudiar a la Ciudad de México en 1985, la música de banda era una rareza en la capital. Quienes oíamos y bailábamos tambora éramos los expatriados sinaloenses y nayaritas perdidos por acá. Pero de pronto algo pasó, y hoy la música de banda es tan popular que está por todas partes, hasta el punto de la saturación.
Parece ser que Don Cruz Lizarraga se opuso siempre a que su banda incluyera vocalistas. Quiso mantener la tradición instrumental y limitarse a la música regional, lejos de la música comercial. Pero al morir Don Cruz Lizarraga sus hijos y parientes que formaban El Recodo decidieron volcarse a la música comercial e incluir un vocalista, teniendo el tino de escoger a una voz tremenda: la de Julio Preciado.



Tengo para mi que Julio Preciado define, para bien y para mal, la evolución de la música de tambora. Una voz poderosa, suave y con altos agudos, que interpretaba canciones difíciles con una tremenda facilidad, supo capturar el espíritu tabernario y festivo de la música de la tambora.
La banda se canta en fiestas, palenques y cantinas, no es música de cámara ni de sala de estar. Y la voz de Julio Preciado fue justo lo que se necesitaba para que el Recodo diera el gran salto de una banda de música tradicional a un fenómeno transcultural y transregional, convirtiéndola en un fenómeno internacional y poniendo a la música de tambora en el centro de la cultura popular mexicana, incluso a despecho del ranchero.
El Recodo y Julio Preciado fueron incapaces de manejar su tremendo éxito comercial (un ejemplo, dos de los tres álbumes más vendidos de la historia de México son de la Banda El Recodo) y se separan, y es allí donde inicia la vulgarización de la tambora.
Tras la separación de su vocalista, El Recodo recluta a "el Mimoso", un cantante correcto pero incapaz de alcanzar las notas y el estilo del coloso Julio Preciado, así que para tratar de alcanzar los tonos de Preciado el Mimoso no tuvo otro remedio mas que gritar, y fue allí donde se chingó la patria.
La llegada del Mimoso coincide justo con la invasión del país por la música de banda, todo mundo comenzó a escucharla y llegó a Bandamax y otros canales de televisión, y de allí en adelante todas las bandas que surgieron, queriendo imitar a El Recodo, comenzaron a gritar como el Mimoso. Ya no hubo regreso: la banda se grita. Lamentable.
Todo por querer imitar a Julio Preciado, siendo que la banda se puede cantar como la cantaba Antonio Aguilar y José Alfredo Jimenez, e incluso Pedro Infante. Maldito Mimoso.