domingo, 23 de febrero de 2020

Los Mercados Podrían Equivocarse Con El Coronavirus

Nunca hay que esperar empatía de parte de los mercados. Los mercados son cínicos y calculadores. Son indiferentes a la desgracia humana, y muchas veces las malas noticias, entre peores sean, suelen alegrarlos. No es que sean ruines. Son casi inocentes, diríamos. Cuando el desempleo cunde, cuando las plagas se extienden como el Covid19, los mercados suelen ascender hacia nuevas alturas en previsión de que los gobiernos y los bancos centrales actuarán inyectando liqudez en la economía. Pero puede ser que esta vez se equivoquen.
Los efectos del coronavirus de Wuhan, conocido como Covid19, sobrepasan ya los registrados por epidemias similares en el pasado, tanto en términos de víctimas como en su impacto en la economía local china, y su probable impacto en la economía global.
Los casos fatales en Corea del Sur se han disparado, lo mismo en Japón y en otros países de Asia. Italia ha decidido cancelar el famosísimo carnaval de Venecia para evitar el contagio masivo tras la muerte de varios pacientes en ese país, e intentar contener su difusión a otras regiones del continente. En la misma China, en donde una cuarentena extrema en la región original del coronavirus ha sido implementada, la epidemia aún no parece estar controlada.
La incapacidad de controlar la difusión y la mortandad del virus se está traduciendo en un riesgo que los mercados hasta el momento han decidido simplemente ignorar, pues se han concentrado en la perspectiva de mayor inyección de liquidez por parte de los bancos centrales para aliviar sus efectos.
Dicho riesgo es la disrupción de las cadenas de abasto y producción globales. En los últimos veinte años, el rol de China y su manufactura dentro de la red de producción global no ha hecho mas que crecer. Por ejemplo, la cuota de mercado que China representaba dentro del total del comercio mundial en el año 2000 era del doce por ciento, dicha cifra se había casi triplicado hasta el treintaicuatro por ciento en el 2018.
Varias regiones de China, han sido incapaces de volver a los niveles de producción anteriores a la irrupción del coronavirus debido a la falta de trabajadores, quienes se encuentran en cuarentena, o no han regresado a las fábricas ante el temor del contagio y sus mortales efectos.
El problema para la economía global es que hoy es tres veces más dependiente de China y su manufactura de lo que era hace veinte años. Una disrupción significativa de la cadena de suministro y producción global debido a un quiebre en la mano de obra china resultante de la epidemia si que tendría un efecto extremadamente importante sobre la economía y los mercados, pues la amplitud y profundidad del mercado laboral chino han sido la base del milagro económico global de las últimas tres décadas: crecer sólidamente sin inflación.
Si el Covid19 y sus efectos se hacen sentir de manera cada vez más extensa y duradera sobre China y otras regiones del mundo, entonces puede ser que el fantasma que hasta ahora ha permanecido completamente ausente del balance de riesgos global: la inflación, asome la cabeza, y si eso ocurre, entonces la política monetaria no podrá repetir el truco que ha llevado a cabo de manera repetida las últimas tres décadas: bajar y bajar las tasas de interés, inundar con liquidez los mercados y circuitos financieros, corriendo con la fortuna de que la inflación, ayudada por la mano de obra china y asiática, ha estado asombrosamente ausente.
Si la epidemia se prolonga y extiende, y comenzamos a ver presiones de costos y de precios, y presiones inflacionarias comienzan a acumularse a lo largo de la economía global, los bancos centrales se verán limitados para repetir el truco de bajar tasas e inyectar liquidez. Y como esa inyección de dinero barato es lo que los mercados estan descontando cada vez que marcan nuevos máximos, la reacción de los mismos en ese escanario puede ser muy virulenta, como el Covid19.

sábado, 15 de febrero de 2020

Supongamos Que Todos Los Autos Son Eléctricos

…y que mañana se prohiben todos los autos de combustión interna. Uno de las grandes prerrogativas que tiene la disciplina económica es su tendencia a trabajar bajo supuestos. A veces se le pasa la mano y supone barbaridades que la llevan a resultados peligrosos. Pero la capacidad de suponer, de elucubrar situaciones hipotéticas y simular resultados, es una característica deseable que ha tenido importantes aplicaciones, como lo muestra por ejemplo, la literatura de Julio Verne.
De acuerdo con los datos de la Agencia para la Información sobre Energía de los Estados Unidos (EIA), el principal uso que se le da al petróleo es el de combustible para vehículos de motor (46 por ciento); seguido de combustible para la calefacción; y combustible para aviones (8 por ciento); mientras que otros fines diversos complementa el resto de los usos.
Los economistas no son los únicos que hacen escenarios con base en supuestos. Y ni si quiera son los mejores en eso. Los mercados financieros de manera constante e instantánea venden y compran escenarios sobre el futuro. Si mañana desaparecieran todos los autos de combustión interna y en su lugar aparecieran autos eléctricos, el mundo sería muy, muy distinto. ¿Qué tan distinto? Las acciones de Tesla nos dan una idea de ese escenario.
El valor de mercado de Tesla, que produce cerca de cuatrocientos mil autos al año, es de 135 mil millones de dólares; mientras que el valor de mercado de Volkswagen, el segundo mayor productor de autos del mundo, con más de diez millones de unidades, es de 95.9 mil millones de dólares; mientras que la venerable BMW, que produce dos millones y medio de vehículos al años, vale en el mercado 47.9 mil millones de dólares. 
Es decir, los inversionistas le han dado a Tesla un valor equivalente a Volkswagen y BMW juntos, a pesar de que las alemanas producen treinta veces más autos que la estadounidense. De hecho Tesla (si, quizá sea una burbuja especulativa), vale más que cualquier automotriz, con la excepción de Toyota.
Pero Tesla es el mayor productor de autos eléctricos del mundo, delante de la china BYD; y Tesla produce el auto eléctrico más vendido del mundo, el Tesla Model 3; mientras que BMW es el quinto y Volkswagen es el sexto mayor productor de autos eléctricos, respectivamente. El mensaje es absolutamente claro: el mercado está viendo un futuro en donde el auto eléctrico y quienes lo produzcan y vendan, serán los dueños de la industria. Y ese futuro que ven, de acuerdo con los cálculos implícitos en la valuación de Tesla, no es muy distante.
Si el futuro en donde el auto eléctrico (y además, no tripulado), se encuentra tan cercano como el mercado está calculando, las implicaciones pueden ser muy significativas para la actual industria automotriz, y tambien para países y regiones que dependan económicamente de este sector, como México (y regiones como el bajío y el norte), cuyo destino económico y de comercio exterior ha estado ligado a esta industria desde hace un par de décadas.
Consideremos por ejemplo lo siguiente: el motor de un auto eléctrico contiene alrededor de veinte partes, comparada con las más de dos mil partes con conforman un tradicional motor de combustión interna. Para países como México, con una importante industria de auto partes, el escenario de un mundo eléctrico debe de ponernos a pensar.

México es muy dependiente también de las tres grandes marcas estadounidenses: Ford, General Motors y Chrysler, las cuales han logrado salvar su competitividad antes los productores asiáticos armando autos en nuestro país. Pero ninguna de las otrora tres grandes son jugadoras relevantes en el mercado de autos eléctricos, y las valuaciones que les asigna el mercado no les dan muchas posibilidades de sobrevivir en el futuro. Y estamos por el momento, muy ligados a ellas.
Para países como el nuestro, cuyas principales exportaciones son los autos y el petróleo, un futuro en donde sólo haya autos eléctricos puede darnos un gran susto si no reaccionamos a tiempo.

miércoles, 12 de febrero de 2020

Coronavirus: Los Mercados No Le Temen Ni a Dios

Las pestes fueron asociadas siempre a la ira divina. Azotes de Dios, las plagas que diezmaron en el pasado las poblaciones humanas fueron siempre temidas por los pueblos víctimas de sus estragos. Pero esta vez es distinto. Estos mercados, estas bolsas, no le temen a Dios, pues tras un leve tropezón al inicio de la epidemia relacionada con el coronavirus, se levantaron aún más fuerte de lo que estaban y no nada más recuperaron lo perdido, sino que están marcando nuevos máximos históricos. Lo dicho: como si no temieran a Dios.
Los tres principales índices de Wall Street: el Dow Jones, el S&P 500 y el Nasdaq, han roto los récords históricos y esta semana han establecido máximos históricos. Los mercados, que de acuerdo con muchos parámetros, estaban ya muy caros, parecen celebrar cada nuevo caso reportado de coronavirus ascendiendo a nuevas alturas, marcando nuevos máximos, poniéndose cada vez más caros.
Lo mismo ocurre con las divisas, que han visto el fortalecimiento inesperado del dólar (y el peso mexicano acompañándolo), a despecho de las monedas orientales, con el yuan y el yen encabezando las pérdidas.
Eventos tan importantes para la industria global, como el Mobile World Congress han sido clausurados; los casos reportados en la provincia china de Hubei se han revisado dramáticamente a la alza, superando los 14 mil infectados; la cifra de víctimas supera las de epidemias de virus similares en el pasado. Y la respuesta ante ese escenario que parece cabalgar al apocalipsis ha sido el de romper récord tras récord.
¿Qué es lo que ocurre? ¿Por qué parece ser que los mercados financieros, no nada más son inmunes ante la amenaza que la epidemia del coronavirus pudiera concretarse sobre la economía global, sino que parecen decir que la fortalecen?
Trataremos de ensayar algunas respuestas:
1)    Después de grandes ganancias corporativas, lo que los mercados más aman es el dinero barato, así que probablemente detrás de la aparentemente cruel reacción de los mercados de marcar nuevos récords históricos cada vez que las noticias sobre la plaga del coronavirus empeoran, se encuentra un inncremento en la probabilidad de que los bancos centrales, incluida la Fed de los Estados Unidos (y el Banco de México), se embarquen en una ronda sincronizada de reducción de las tasas de interés. De nuevo.
2)    Entre mayor sea el daño que la plaga infrinja en la economía, mayor será la reducción de tasas de interés, o como ya ocurrió en China, mayor será la inyección de liquidez que las autoridades fiscales y monetarias dispersen en los sectores financieros del mundo. Ante las relativamente limitadas opciones de inversión, dicha liquidez acudirá al santuario de las ganancias rápidas: las bolsas de valores, y es esta anticipación lo que está moviendo al alza a los mercados
3)    La desgracia de muchos son siempre la fortuna de algunos pocos, y mientras que las acciones de las aerolíneas, y las ligadas al sector turístico, así como otras sectores específicos, sufrieron una caída inicial (que también, ya recuperaron), las acciones de algunas farmacéuticas, de equipo médico, de vigilancia y monitoreo, de cadenas de hospitales, de aseguradoras médicas, se han disparado ante la posibilidad de un disparo en la demanda de sus productos y servicios al empeorar la epidemia causada por el Covid-19.
Revisando la historia de los mercados, es usual que las grandes expansiones concluyan con el siguiente patrón: las bolsas celebran las buenas noticias subiendo, pero suben más con las malas noticias, y entre peor la noticia, mayor es la subida. Así fue en el año 2000 y en el 2008. Pronto sabremos si ese patrón se repitió, o si el 2020 fue el año en que incluso el apocalipsis fue una gran ocasión.

domingo, 9 de febrero de 2020

¿Extrañaremos La Guerra China Vs EEUU?

Los caminos del señor funcionan de manera misteriosa, gustan de decir quienes profesan alguna religión. La economía moderna funciona más o menos igual, y mientras que China, algunos sectores de los Estados Unidos, como la agricultura, la manufactura alemana, los proveedores de la industria china, y otros, sufrieron en carne propia el enfrentamiento comercial entre las dos mayores economías del mundo, el peso mexicano fue probablemente el insospechado ganador de la bronca.
Los dos años que duró la trifulca comercial entre China y los Estados Unidos tuvieron una consecuencia muy severa sobre los flujos comerciales globales, los cuales, tras crecer seis por ciento en 2017 y cuatro por ciento en 2018, casi se estancaron en 2019, avanzando un magro uno por ciiento, la tasa más baja desde la terrible crisis del 2009, y la cuarta tasa de crecimiento anual más baja de la historia moderna. Es más, ha sido la tasa más baja de la historia sin que medie una recesión económica.
Que el crecimiento del comercio global se haya casi detenido implica serias consecuencias para las economía modernas, especialmente aquellas que, como México, están muy abiertas al exterior, tales como Alemania, Singapur, Taiwan, Corea y otras similares. Con miy pocas excpeciones, como México y Vietnam, esas economías fueron las que más sufrieron por el enfrentamiento comercial entre los dos gigantes económicos globales.
La reducción en el comercio China-EEUU fue verdaderamente significativo, las compras de China hacia Estados Unidos se redujeron en 59 mil milones de dólares, mientras que las compras de EEUU hacia China cayeron 42 mil millones de dólares, mostrando lo que de manera repetida escribimos aquí en los últimos dos años: que el coloso americano tenía más que perder en este enfrentamiento contra el gigante asiático. China dejó de comprar a EEUU, mas que los EEUU hacia China como resultado de este enfrentamiento.
Como resultado de lo anterior, la parte del comercio exterior que China representaba se redujo sensiblemente, de poco más de 17 por ciento a cerca del 15 por ciento. Dos puntos porcentuales no parecerían pesar demasiado, pero el tamaño del mercado estadounidenses es tan grande, que una décima de punto porcentual ya es significativa, y muchos países celebran cada décima que logran conquistar de ese gigantesco mercado, con mucho el mayor del mundo.
Por ello es importante saber que de esos aproximadamente dos puntos porcentuales que China cedió en el mercado estadounidense, poco menos de un punto y cuarto fue ocupado por el socio más hábil y oportunista que tienen los Estados Unidos en años recientes: México.
Si bien en términos relativos Vietnam fue el país cuyas exportaciones más crecieron hacia los Estados Unidos al reducirse las compras de este país hacia China, en términos absolutos la industria y los productores mexicanos fueron los grandes ganadores de la pendencia comercial entre los dos gigantes.
Ganar poco más de un punto porcentual del enorme pastel que representa el mercado externo de los Estados Unidos no es cualquier cosa, y los productores mexicanos lo lograron de manera súbita, en un período muy corto de tiempo: los dos años que ha durado el enfrentamiento comercial China Vs EEUU.
Por lo anterior a nadie debe de sorprednder que el peso mexicano sea una de las monedas que mejor desempeño han tenido frente al dólar estadounidense en los últimos veinte meses. De manera insospechada, el mejor aliado del Banco de México ha sido la guerra comercial China Vs EEUU.
Por ello cabe preguntarnos si el acuerdo parcial recientemente firmado entre los dos colosos económicos del mundo no tendrá un víctima colateral inesperada, y si la tendencia reciente del peso mexicano pueda revertirse en el mediano plazo si los flujos comerciales China-EEUU se normalizan respecto a la situación pre guerra comercial. Si es así, vamos acabar extrañando la trifulca. La economía funciona de manera misteriosa.

domingo, 2 de febrero de 2020

¿Quién Le Teme Al Coronavirus?

La mayor parte de la última década la economía global ha caminado por una senda dorada: crecimiento muy cerca o por encima de su potencial, desempleo cerca de niveles mínimo, e inflación por debajo de los umbrales máximos fijados por los bancos centrales. Esta sincronía áurea ha sido acompasada con un alza furiosa de los mercados de capitales que han llevado a los índices a máximos históricos. Vale la pena preguntarnos: ¿la epidemia de coronavirus, podría descarrilar esta senda dorada por la que hemos transitado los últimos diez años?
Dos economías similares en su perfil: la surcoreana y la mexicana, han tenido desempeños similares en los últimos diezyocho meses. Ambas se han desacelerado hasta el punto de presentar una moderada recesión, lo cual podría ser un síntoma de que el sector manufacturero global podría estar pausando su ritmo luego de una década apurada y casi frenética. El vacilante estado de la economía alemana, también dependiente de la manufactura, parece apoyar esta visión.
La economía china cerró 2019 con un crecimiento de 6.1 por ciento, una cifra impresionante para casi cualquier país del mundo, pero la menor para el gigante asiático en quince años.
Las anteriores son algunos síntomas de debilidad en un contexto por lo general robusto, especialmente en el centro de la economía global, la economía estadounidense, cuya economía ha desafiado todo pronóstico y continúa creciendo con mínimo desempleo y bajísima inflación.
Es en este contexto que surge un factor inesperado, el cual ha sido recibido por los mercados globales con una contracción que ha borrado el avance que habíamos tenido en las primeras semanas del año: la expansión de la epidemia del coronavirus.
Aún incierta su cura y su virulencia. Desconocido aún su capacidad de diezmar poblaciones y causar daños que puedan alterar la buena marcha de la economía global. La reacción a la primera oleada de efectos del cornavirus ha sido menguada y contenida.
Cierto, la semana pasada los mercados cerraron a la baja luego de nueva evidencia respecto de la rapidez con la que el virus se ha expandido y de los esfuerzos fallidos del gobierno chino por contenerlo, pero hasta ahora la reacción ha sido moderada y apenas ha logrado contener el entusiasmo frenético de los inversionistas, sin abatirlo.
Algunos sectores han sido más afectados que otros. Notablemente las acciones de las compañías ligadas al turismo, como las aerolíneas, las hoteleras, las de tarjeta de crédito, etc. han sentido el embate de las restricciones al flujo de personas desde y hacia China impuestas por distintos gobiernos hasta el momento. China es la segunda mayor fuente de turistas y uno de los principales destinos de los viajeros del mundo, así que las restricciones a la movilidad impuestas a millones de personas para tratar de contener el contagio del virus ha impactado de forma importante en el sector.
Pero la economía global ha sufrido epidemias similares en el pasado, y ha resistido. Desde el SARs, hasta el A1hn1, pasando por el peligroso ébola y otras epidemias, la economía mundial ha podido sortear hasta el momento los efectos de virus inesperados, a pesar de los severos efectos que éstos a nivel local, regional y personal hayan inflingido.
Si acaso las noticias de la epidemia lo que han producido es atemperar el entusiasmo que reinaba en los mercados. Luego de tener un año perdedor en el 2018, ante la notica de menores tasas de interés los mercados financieros se dispararon y tuvieron en 2019, contra todo pronóstico, el mejor retorno en seis años. Ha sido hasta ahora un pretexto para vender y embolsarse fabulosas ganancias que ahora pueden consumirse y gastarse.
Pero no sobra estar atentos. Si el aleteo de un una mariposa puede iniciar una secuencia de sucesos que produzca un huracán en Brasil, como ilustra la teoría del caos, no vaya  a ser que esta epidemia inicie la serie de eventos que dispare una corrección de los mercados.

domingo, 26 de enero de 2020

La Bomba De Tiempo De Las Pensiones


Hay un costo muy alto de mantener las tasas de interés en niveles históricamente bajos, como ha sido el caso en casi todo el mundo desarrollado en la última década: el retiro de quienes tenemos entre 30-60 años está seriamente sub fondeado. Los rendimientos que obtienen los ahorros y pensiones de las generaciones actualmente activas en el mercado laboral, no serán suficientes para financiar el retiro individual de los que hoy trabajamos.
Debido a lo anterior, quiéranlo o no, los Estados dentro de un par de décadas se verán forzados a algo que hoy no quieren ni pensar: tendrán que aumentar sus déficits y sus deudas para solventar la brecha de pensiones, y al ocurrir esto dificilmente el costo del dinero, la tasa de interés, podrá mantenerse en los niveles tan bajos en que se encuentra ahora, y probablemente veamos una destrucción tremenda de valor en el mercado de bonos durante un período más o menos prolongado de tiempo.
La tasa de interés, el precio del dinero, funciona como cualquier otro precio, se determina básciamente por su oferta y demanda,  y si la tasa ha podido estar tan baja es porque existe una oferta de dinero relativamente mayor a la demanda del mismo.
Muchos economistas, como Lawrence Summers y Ben Bernanke, han caracterizado este exceso de dinero respecto su demanda como un “empacho de ahorro”, proveniente de naciones como China, Japón y los países petroleros que tienen enormes superávits comerciales, que no son reinvertidos en su totalidad; y también derivado del saldo ahorrador que la generación actualmente activa en el mercado laboral, tiene en su balance ahorro-gasto.
Keynes había ya advertido de una situación similar de la economía, en donde las tasas de interés eran tan bajas que las herramientas monetarias perdían eficiencia, llamándola, “trampa de liquidez”. La tradición marxista también tipifica esta situación, y desde sus textos clásicos, la “sobreacumulación de capital”, en donde la tasa de ganancia es tan baja debido al exceso de capital invertido, juega un rol muy importante en su análisis de la dinámica del capitalismo moderno.
La podemos llamar como queramos, y explicarla como nos plazca, lo cierto es que el síntoma es claro: el precio del dinero en el mundo es bajísimo, incluso negativo en algunos casos. Podemos, como los médicos, discrepar respecto del origen y del tratamiento, pero la sintomatología es inequívoca.
Dejando de lado los distintos ojos con los que se mira, existen dos preguntas básicas que cabe hacer: la primera es, ¿qué pasará en el momento, si llega, en que el balance de ahorro-inversión se restablezca o se revierta? Y la más difícil de contestar: ¿cuándo ocurrirá ese nuevo balance?
Si una de las razones para el actual empacho de ahorro es que quienes trabajamos hoy, como generación global, estamos ahorrando mucho respecto de nuestro gasto, y no hay inversión capaz de absorber tal ahorro y producir rendimientos que remuneren nuestras pensiones. Cuándo esta generación deje la fuerza laboral y comience a consumir sus ahorros, y más aún, los Estados deban endeudarse para cubrirle a esa generación la brecha de pensiones: ¿se revertirá el saldo ahorro-inversión y por lo tanto se elevará el costo del dinero?
Si la respuesta es positiva entonces la respuesta respecto del cuándo es quizá en un par de décadas, cuando la pirámide poblacional comience a mostrar que el número de pensionados es mayor al de los trabajadores activos.
Si ese momento llega (puesto que muchas cosas pueden ocurrir para revertir esta tendencia), entonces los Estados deberán de relajar la regla del déficit y de la deuda. Por ejemplo, la Unión Europea, que hizo de su razón déficit/PIB de dos por ciento el requisito de admisión y permanencia, deberá de incrementarla si quiere fondear las pensiones de sus retirados en un par de décadas.
Lo malo de los buenos tiempos, como los que las economías han vivido en estos años, es que no dan incentivos a pensar qué hacer cuando las cosas no vayan tan bien. Vale la pena recordar entonces aquella aforística lección que nos recuerda que lo único que no cambia es el cambio.

domingo, 19 de enero de 2020

El Dow Jones Tocando A Los 30 Mil Puntos

Por alguna razón, a los mercados les gustan los números redondos. Les gustan las cifras célebres, que puedan significar algo para el imaginario colectivo. Por eso es fácil predecir que algo ocurrirá, en algún sentido, cuando el Dow Jones, el índice bursátil más famoso del mundo, rompa la barrera de los treinta mil puntos, lo cual deberá de ocurrir en los próximos días. Difícilmente algo se lo impedirá, pues estamos a menos de tres por ciento de la marca, y a este mercado no parece detenerlo nadie.
Es curioso recordar que el Dow franqueó por primera vez la barrera de los mil puntos el 14 de noviembre de 1972, es decir, le tomó al índice casi cien años lograr esa primera marca mágica. Hace diez años los índices comenzaban a salir de los abismos en los que se hundieron tras la espantosa crisis financiera de 2008-2009, entre muchas dudas respecto de la duración y solidez de la reciperación económica y de la bursátil.
Diez años despues, todas las dudas cayeron una tras otra, el Dow se ha disparado más de veinte mil puntos, pasando de cerca de diez mil, a los casi veinte mil puntos en una década, empujado por las bajas tasas de interés, el crecimiento y económico y los recortes impositivos. Si, un alza del doscientos por ciento en poco más de diez años, una racha con pocos paralelos en la historia de los mercados financieros.
Con plena seguridad, quien tocará los clarines por todo lo alto el minuto que el Dow cruce los treinta mil puntos será Donald Trump, quien ha apostado su suerte política al alza imparable de Wall Street, y quien no pierde oportunidad de agenciarse la paternidad de esta espuma financiera que ha dado ganancias fabulosas a los dueños de acciones, reforzando la tendencia a la concentración de la riqueza que tanto descontento ha causado en distintas sociedas del mundo.
Los académicos y financieros discuten la utilidad del Dow Jones como un referente del mercado, y casi todos están de acuerdo con usar a su primo más joven, el S&P 500 como el principal indicador de Wall Street. Pero Dow Jones, la vieja dama, guarda un prestigio peculiar, aristocrático. Aunque sus treinta componentes palidecen en eficiencia como representante del mercado frente a los quinientos miembros del S&P, el hecho de ser el índice más antiguo y más famoso del mercado le dan al Dow un componente muy valioso en estos momentos: el político.
Defenestrado por la cámara baja, investigado por su descarada parcialidad en negociaciones con Ucrania, Trump ha buscado en el ataque directo contra Irán, y en la militarización de su agenda, distractores que le ayuden a distraer la atención de los estadounidenses en donde el comportamiento del presidente es equiparable a traición a la patria, pues le ha pedido a un mandatario extranjero que dañe a un estadounidense, que es además, el hijo de su principal rival político.
El Dow saltando la reja de los treinta mil puntos llega en un momento precioso para Trump, y tratará de darle un uso político a un impredecible índice financiero. Trump habla de lo que sabe: para él, nacido en pañales de seda y con cuchara de plata, la suerte del mercado ha sido seguida por la economía de su pudiente familia. Por eso piensa que la suerte de Wall Street le será agradecida por sus votantes.
No entiende, porque no puede entenderlo, que la suerte del mercado no es la de la mayoría de sus conciudadanos. Pero eso no le impedirá hacer un uso absolutamente político de esa cifra mágica que es el Dow Jones en treinta mil puntos. Disparará una ráfga de tweets atribuyéndose la autoría de esa marca arbitraria que financieramente nada significa, pero que en el imaginario colectivo fija una idea: de que la última década produjo una bonanza dificilmente comparable, que en medio de cuestionamientos respecto de su eficiencia para producir una sociedad igualitaria y sustentable, el capitalismo moderno sigue produciendo riqueza como ningún otro sistema económico en la historia.
Hay que tener cuidado con querer colgarse de esa cifra mágica. Los mercados, si algo, lo que ha demostrado es ser extremada y violentamente impredecibles. No vaya a ser que Trump, poco tiempo después de atar su suerte a la cima aérea del Dow, lo acabe acompañando en un despeñadero.