sábado, 16 de junio de 2018

EEUU Vs China Y México: La Muerte Del Liberalismo

Que el liberalismo ha fracasado de manera estrepitosa es tan evidente como leer los titulares de la prensa económica de estos días. Allí donde se hablaba de libre comercio, hoy se levantan aranceles y barreras; allí donde había fronteras abiertas, hoy hay políticas anti-migración. El victimario del liberalismo es justamente su otrora principal defensor: los Estados Unidos filicidas. ¿Qué ocurrió para que la receta liberal haya pasado de ser el bálsamo con el que todo se curaba al veneno que debe ser combatido?
En las últimas semanas me ha tocado leer algunas notas de la prensa financiera argumentos sobre cómo los EEUU pueden ganar la guerra comercial que han desatado contra casi todo el mundo, incluyendo México y ahora China. El rosario de argumentos, que pueden parecer coherentes en su estructura parten de una falacia: el que pueda haber ganadores en una guerra comercial. Los únicos posibles ganadores de una guerra comercial son las grandes compañías con poder de mercado que ante la ausencia de competencia podrán cargar mayores precios y ofrecer peores productos a sus consumidores. Habrá ganadores individuales, pero el colectivo no puede ganar. Es imposible.
La dialéctica de la globalización es una ley de hierro: para abaratar los costos y aumentar los márgenes de ganancia las empresas globales abrieron el mercado chino hace tres décadas, buscando la inmensa reserva de mano de obra barata. Pero la eficiencia de las cadenas de valor implicó una gradual transferencia del saber tecnológico a China, cuyas élites de poder, industrial y financiera, una vez que dicha transferencia alcanzó una masa crítica, comenzaron a jugar a occidente en condiciones de igualdad en un sector tras otro, y en varios incluso, a superarles.
La coalición empresarial y política que llevó y sostiene a Trump en la Casa Blanca ha decidido castigar el comportamiento chino de usar la tecnología estadounidense para avasallar a sus empresas, usando y abusando de los enormes subsidios que China dispensa a sus conglomerados, provenientes del colosal superávit comercial que genera la máquina exportadora del país de en medio.
El abrazo del proteccionismo vociferante (o lo que es lo mismo, la muerte del liberalismo) por parte del gobierno estadounidense ignora un hecho histórico: la fortaleza económica estadounidense hizo lo mismo en los siglos XVIII y XIX a Inglaterra, Francia y Alemania. Estados Unidos fue el gran ladrón del saber tecnológico europeo, y con sus materias primas y mano de obra más baratos fue más eficiente que las economías del viejo continente hasta que acabó avasallándolas y dominándolas.
La historia se repite, y se repetirá. Trump está peleando contra las fuerzas de la acumulación de capital y de la historia y por lo tanto está destinado al fracaso. El filicidio del liberalismo que estamos presenciando es la reacción desesperada de la élite industrial y económica estadounidense por curar los excesos del liberalismo que tan útil les fue en el pasado. 
Gracias al consenso liberal pudieron abrir las fronteras chinas para usar su fuerza de trabajo y sus mercados. Pero el gigante chino aprendió y con el pragmatismo que lo caracteriza utilizó lo del liberalismo lo que le servía (abrir los mercados occidentales), pero supo usar las herramientas del dirigismo: subsidios masivos, apoyo a industrias concretas, aranceles ocultos, robo disfrazado de propiedad intelectual, el acomodo del estado de derecho siempre que le favoreciera.
Quizá Trump vea hoy que el liberalismo es una candidez. Quizá piense que quien se conduce con las reglas de “juego limpio” del liberalismo tarde que temprano va a perder contra quien dobla las reglas sin romperlas a su favor. “Esta masacre acaba aquí”, espetó vociferante en su discurso de inauguración, refiriéndose al déficit comercial estadounidense, y amenazando desde entonces con botar el esqueleto liberal a la basura y armarse con el serrucho y el piolet del proteccionismo.
Las dos mayores economías del mundo han abandonado las reglas del “juego limpio” del liberalismo. En ambos países el liberalismo es un implante, pero allí donde surgió, en Europa, un inusitado campeón del liberalismo, Alemania, logra hasta el momento mantener el consenso, cada vez más asediado, alrededor del mismo. Pero lo curioso es que, parafraseando una frase memorable: quizá el último liberal del mundo morirá de viejo en un cenáculo editorial en México.

domingo, 10 de junio de 2018

El Peso Ha Aguantado Hasta Ahora: ¿Pero Aguantará?

El peso mexicano rompió la semana pasada la barrera de los 20 pesos/dólar de nuevo y rozó los 21. Pero considerando todos los factores que trae a cuestas, la moneda mexicana ha tenido un desempeño mejor al que se temía: elecciones domésticas intensas; un presidente estadounidense neurótico y narcisista que amenaza el TLCAN; la Reserva Federal trepando sus tasas de interés; y la inflación doméstica por encima de los objetivos del Banxico. Dado lo anterior al peso no le ha ido tan mal.
La respuesta para el comportamiento relativamente estable del peso (comparémoslo por ejemplo con el desfonde de la lira turca, el peso argentino, o a últimas fechas, el real brasileño) no es tan difícil de explicar: el Banxico se movió antes, en previsión de este escenario, y subió los réditos de referencia domésticos hasta los actuales niveles, anclando la cotización y protegiendo la moneda contra lo que era previsible que venía en camino.
Mientras que Argentina, Turquía y Brasil han tenido que subir sus tasas domésticas de interés en medio del embate reciente que han sufrido sus divisas, el Banxico no ha tenido que apretar las condiciones monetarias para ordenar el mercado, pues lo que otros mercados emergentes están haciendo sobre las rodillas y a regañadientes, el Banco de México lo hizo hace algunos meses de manera ordenada.
De finales de diciembre de este año a mediados de abril, el peso respondió a un contexto de acusada volatilidad local e internacional de una forma peculiar: apreciándose. Mientras otras monedas de países emergentes se desfondaban, el peso se fortalecía y tras casi rozar la barrera de los veinte contra el dólar, la moneda mexicana se apreció hasta alcanzar casi los dieciocho la tercera semana de abril.
Vale la pena recordar que en diciembre de 2015, hace poco más de tres años, la TIIE, nuestra tasa de referencia interbancaria, se encontraba en alrededor de 3.30. Hoy se encuentra en 7.85%. Es decir, el costo del dinero se ha más que duplicado en México en los últimos tres años, y la cuesta de esa alza se dio de manera particular en un período de quince meses que va de julio de 2016 a enero de 2018. 
El alza en las tasas mexicanas ha seguramente tenido sus efectos en la economía doméstica, aumentando los costos financieros de los proyectos y modificando las decisiones de inversión de empresas y familias, pero la decisión de apretarlas contribuyó a que la paridad peso/dólar haya sido relativamente estable y a que a pesar de los intensos vientos cruzados que sufre la economía mexicana, la divisa se encuentre en relativa calma.
¿Pero la estabilidad relativa que hemos visto continuará en las próximas semanas/meses? ¿y el costo de mantenerla será de nuevo una serie de apretones en las condiciones monetarias?
Hasta el momento el mercado cambiario ha sido flemático respecto del principal de los riesgos que enfrenta: la encrucijada del TLCAN. Clasificando la serie de riesgos presentes, creo que el mercado asigna la mayor fuente de volatilidad potencial a un cambio desfavorable en las reglas comerciales en Norteamérica. 
Creo que están en lo correcto: durante los últimos años los flujos comerciales, y con ello, los de divisas, se han regido por un marco claro e integrado. Si ese marco cambia y los montos de dólares que fluyen por el sistema se reducen y su flujo operativo se encarece por defecto de un mal TLCAN o de plano por el abandono del mismo, es muy probable que el mercado cambiario responda con una ronda aguda de volatilidad y alzas.
Si ese escenario se materializa la respuesta del Banxico quizá sea la misma (pues su arsenal no es muy amplio, por diseño), subirá de nuevo las tasas de interés para proteger la moneda y evitar una trasiego hacia la inflación doméstica. Pero en ese escenario el Banxico no podrá sólo estabilizar el entorno, y el conjunto de las instituciones económicas y financieras del país deberán de empujar en la misma dirección.
Si el futuro del TLCAN depende de un lamentable líder estadounidense quien insulta a sus aliados del G7 y se niega a firmar el acta de la reunión que tuvieron recién en un pueblito de Quebec, antes de ir y casi arrodillarse ante el dictador norcoreano, debemos entonces de prepararnos para lo que ya debíamos de estar preparados desde que supimos que el vociferante e inestable Donald era electo presidente: lo peor.

sábado, 2 de junio de 2018

Los Aranceles De Trump: Mordida De Perro Que Ladra

Cuando estamos ante el peligro de una gran pérdida solemos tener dos comportamientos, ambos racionales: o bien estamos perpetuamente alerta, o bien ignoramos el riesgo. El primero implica costos mayores, estar siempre alerta consume tiempo y energía, pero si el peligro se materializa la pérdida es menor. El segundo es menos costoso, zambullir la cabeza en el piso es cómodo, pero si el riesgo acude, las pérdidas son totales. El mercado peso/dólar parece haber tomado la segunda ruta, pero a últimas fechas parece darse cuenta que no puede ignorar el riesgo por más tiempo: las amenazas de Trump pueden cumplirse.
Los mercados han sido hasta el momento, flemáticos: han menospreciado el riesgo de que Trump cumpla sus amenazas contra México: salirse del TLCA, imponer aranceles, construir el muro y deportar a cientos de miles de paisanos. Esos miedos hicieron que el dólar se trepara casi hasta los 22 pesos antes de la elección de Trump de Noviembre 2016, pero tras la elección el peso tuvo un rally fantástico, de alrededor de 10 por ciento. La razón para ese rally fue la apuesta flemática de los mercados de que Donald Trump es perro que ladra y no muerde. Pero ya mordió.
Tras la elección de Trump, el peso, que se había hecho pedazo las vísperas, inició un rally poderoso, montado en un alza similar en las bolsas, a pesar de la retórica anti-mexicana de Trump. Los primeros meses del neoyorquino fueron un fracaso tras otro: la reforma de salud, las acusaciones de la trama rusa que lo acercan a su defenestración, los republicanos perdiendo elecciones en enclaves que se creían inexpugnables. Y a cada fracaso el peso ganaba terreno: Trump sería incapaz de cumplir su agenda anti mexicana y por lo tanto, como el mercado apostaba: Trump es un perro que ladra pero no muerde.
Pero hay un escenario en que las mordidas pueden comenzar, y es justo el caso en que Trump se vea presionado a cumplir su agenda anti mexicana en compensación del fracaso del resto de su agenda y en caso en que el escándalo ruso se desborde. Así parece proceder el magnate: ante su fracaso por acorralar a China, dispara aranceles contra la Unión Europea, Canadá y México; ante su incapacidad para doblegar a Corea del Norte, impulsa el muro y prepara la deportación masiva. Si este patrón se mantiene, y si las encuestas siguen mostrando que los republicanos perderán el control del Congreso y el Senado en las intermedias de noviembre, Trump podría acentuar su agenda antimexicana para compensar sus pérdidas locales.
El mercado peso/dólar puede ignorar hasta cierto punto el muro, las deportaciones, y el tono antimexicano del vociferante, pero no puede ignorar el riesgo de salida del TLCAN. Hasta el momento el mercado se ha confiado a que el TLCAN es una pieza esencial para el principal logro de Donald Trump: el rally de las bolsas. Sabe el mercado que si Trump desconecta el TLCAN las acciones de las grandes empresas estadounidenses, las grandes beneficiarias del Tratado, podrían despeñarse y acabar así con el único palmarés de la administración actual.
Por eso el mercado ha decidido menospreciar el riesgo de un fin del TLCAN. Por eso impulsaron al peso desde los 22 a los 20 contra el dólar: calculan que el costo de desenchufar el TLCAN sería tan grande para Trump y la economía estadounidense, que sólo un loco lo haría. Y es allí donde quizá los inversionistas se equivoquen. Quizá si hay un loco dispuesto a hacerlo y está en la Casa Blanca. Los inversionistas quizá cometan el error de creer que Trump piensa al igual que ellos: que jamás podría arriesgar los beneficios tan grandes del TLCAN a cambio de las magras ganancias que le representaría cumplirle al electorado que lo ascendió al poder.
Trump es un ególatra que sólo tiene una prioridad por encima de su narcisismo: el dinero. Los grandes capitanes de la industria, a quienes ve como sus pares y los hospeda en sus resorts, le han presionado para que por mucho que ladre, no muerda en el tema del TLCAN. Pero la historia muestra que la egolatría es la principal enemiga de la racionalidad económica: y la patología de Trump podría desembocar en una mala sorpresa para el peso.

domingo, 27 de mayo de 2018

Se Les Hace Bolas El Espagueti

La economía global es un sistema complejo. Esto significa que su dinámica depende de la interacción de múltiples factores que actúan en conjunto, pero no necesariamente coordinados. Dado que la mayoría de sus participantes buscan lo mismo: el mayor beneficio posible, el sistema tiende a estar equilibrado y marcha con estabilidad. Pero factores aleatorios, o inherentes al sistema, de pronto disparan una disrupción. Estos factores pueden ser los tipos de cambio, el endeudamiento…o el espagueti.
Las fuerzas que están tensionando la economía y las finanzas en Europa, y que podrían reverberar por el resto del mundo tienen tiempo actuando ya, pero hasta ahora han podido ser contenidas por la centrípeta de la economía. Sin embargo cada vez presionan con mayor fuerza, pues la causa principal del problema: la desigual distribución de los beneficios de la globalización, siguen sin ser atendida.
Esta tensión, con sus particularidades nacionales, se encuentra detrás de la actual presión sobre los bonos italianos y españoles. Ambas naciones sufren el malestar del euro: la falta de convicción de que una moneda y regulación común haya sido la mejor senda, y los políticos de un lado y de otro ponen en riesgo la permanencia de las dos naciones periféricas más importantes de la eurozona bajo las actuales reglas.
El repudio al euro es mayor en Italia que en España, pues esta última ha sido una beneficiaria neta de los fondos que buscan la convergencia económica, pero en el fondo la causa es la misma: los beneficios de la eurozona han sido concentrados en los menos, y los más sienten que los costos han sido mayores que las ganancias. Ese sentimiento es el mismo que produjo el Brexit, y el ascenso del populista Trump a la Casa Blanca, y si bien hasta el momento la Unión Europea ha sido capaz de detener la oleada de populismo conservador en elecciones clave en Holanda y Francia, los desarrollos recientes en Italia y España amenazan con traernos una nueva oleada de turbulencia financiera.
La pregunta relevante es si esta nueva oleada proveniente de Italia y España será un capítulo más en el largo drama del euro, el cual será sobrepuesto tras una nueva adaptación de los mercados, o si acabará siendo el golpe definitivo a la eurozona y su moneda común, como amenazan los populista de izquierda y derecha italianos.
Italia es la economía más endeudada de la eurozona, su población económicamente activa está decreciendo y presenta una dicotomía sin paralelo: el norte industrial es tan productivo y vanguardista como Alemania, pero el sur rivaliza en esos indicadores con Grecia. No es raro que eso ocurra en Europa, pero en Italia la brecha es incomparable: el país es un gran exportador, por ejemplo los autos de máximo lujo son prácticamente todos italianos, fabrican aviones y cohetes, la alta moda del mundo es italiana. El sur de Italia es otro continente, digamos.
Los extremos del populismo italiano, de derecha e izquierda, han encontrado un rarísimo y peligroso terreno común: el repudio a la eurozona y sus instrumentos. Piensan que abandonarla les traerá beneficios y cero costos, como buenos populistas que son. Apelan a sus electores, quienes en los extremos opuestos se han encontrado: los de derecha porque acusan que ponen más de lo que reciben, y los de izquierda porque sienten que no reciben lo suficiente. En Italia se están acostando en la misma cama la víctima y el victimario, y piensan que tienen un enemigo común: el euro.
En España en la forma las cosas son distintas, pero en el fondo son lo mismo. Dado que es una país beneficiario neto de las transferencias de la eurozona, no existe un repudio al euro, pero el fondo es el mismo: una revuelta de los que se sienten excluidos, nucleados alrededor de Podemos, contra el establishment en crisis moral por la evidencia de corrupción de los principales partidos, y que por tanto ha reaccionado torpemente, fragmentado,  al cuestionamiento de los excluidos.
Los cargos de corrupción contra miembros claves del gobernante PP han disparado una moción de censura que quizá prospere. Italia pasó meses sin gobierno hasta el actual pacto contra natura de los populismos; España corre el riesgo de quedar sin gobierno también. Al euro se le está haciendo bolas el espagueti.

domingo, 20 de mayo de 2018

Karl Marx Viste Givenchy

Decir que el mundo cambia es una perogrullada. Cambia a cada minuto y cada día cambia más rápido. Pero si nos detenemos un momento y nos apartamos de la vorágine y vemos el mundo pasar frente a nosotros, da la impresión que no cambia tanto como parece. La economía mundial es muy similar a aquella que diagnosticó Karl Marx hace ciento cincuenta años, y los ciudadanos comunes seguimos sintiendo una rara fascinación por el vestido de novia de una princesa inglesa, la cual, fiel a sus orígenes normandos de hace más de mil años, usó una prenda francesa en su boda.
Un noble francés, Guillermo de Normandía, conquistó por última ocasión las islas británicas en el año 1066, instalando una dinastía normanda en el trono de Inglaterra. La Casa Real inglesa actual, cuyo escudo imperial ostenta una leyenda francesa (“Dieu et Mon Droit”, “Dios y mi Derecho”) es descendiente de aquella casta de conquistadores normandos, los cuales con el paso del tiempo dejaron de ser franceses y un buen día despertaron ingleses, conformando así una oposición franco-británica que ha sido central para la historia política y económica de Europa y del mundo.
La boda del príncipe Enrique y la plebeya Megan Markle es una muestra de cómo sobreviven rasgos feudales en la cultura moderna. 
El gran atractivo del capitalismo es la democratización de las oportunidades: en la sociedad feudal la riqueza y el poder se heredaban, era necesario tener la sangre correcta; en el capitalismo estas se obtienen con el capital, independientemente de los genes. La historia del capitalismo moderno, tan bien retratada por Marx, es la disolución de la holgazana casta feudal y la ascendencia de los emprendedores que con su talento, invención, abusos y trampas, acumularon en el comercio, la industria y las finanzas, hasta que el capital se convirtió en el parámetro que ordena la sociedad moderna.
Pero el atractivo de princesas plebeyas casadas con príncipes es la nostalgia por el poder absoluto. La acumulación de capital, tan acendrada en las últimas décadas, ha profundizado las diferencias entre ingresos y riquezas de los deciles más altos de la población respecto al resto. Difícilmente un rey o emperador feudal tuvieron la riqueza y el poder sobre el mundo que tienen hoy Jeff Bezos, Bill Gates, o Warren Buffet. El gran libro de Thomas Piketty “El Capital. En El Siglo XXI” (Con un inocultable guiño a Marx), hace de esa profundizada desigualdad su tema principal, pues ese rasgo de la economía actual es uno de los más inquietantes y difíciles de resolver.
Cierto, las diferencias entre ricos y pobres ya no dependen, en principio, de la sangre, sino del cerebro y el esfuerzo, pero Piketty muestra cómo los ricos siguen siendo ricos y los pobres no rompen su fatalidad, en una persistencia muy preocupante para el desarrollo futuro de la economía mundial. El capitalismo fue exitoso cuando supo compartir los frutos del crecimiento, y así hacerse más atractivo que el régimen ineficiente e inviable que existía detrás de la cortina de hierro.
Pero una vez que el régimen soviético hizo evidente su inviabilidad y colapsó, el capitalismo moderno perdió el incentivo para convencer a los ciudadanos de sus bondades y ha mantenido los salarios e ingresos de los trabajadores bajos, a expensas de una proporción creciente de las ganancias en el producto nacional.
Marx, cuyo cumpleaños 200 se celebró hace un par de semanas, describió una economía que avanzaría impulsada por el progreso técnico, abriendo un mercado tras otro sin detenerse. Hizo ver que la desigualdad era inherente a la economía moderna, y que los incentivos a acentuarla producirían una respuesta de los trabajadores. Las tensiones resultantes del progreso técnico, la producción abundante de riqueza y la brecha patrimonial llevarían a crisis periódicas en donde el capitalismo se ajustaría para seguir avanzando en su marcha.
Nunca he entendido a quienes explican la economía sólo a partir de Marx. Es imposible, máxime cuando la disciplina economica ha producido avances colosales en el último siglo. Pero los rasgos generales que describió son válidos hasta hoy, si no pregúntenle a estos mercados que luego de un colapso épico que borró billones de dólares de riqueza en la espantosa crisis de 2008-2009, una década después parece como si nada hubiera ocurrido y su preocupación gira en torno al vestido Givenchy de la princesa inglesa. Hasta que la siguiente crisis nos haga recordar a Marx de nuevo.

sábado, 19 de mayo de 2018

Domingos Rancheros: Tres Versiones De Las Nieves De Enero

La fortuna es curiosa. Mario Molina Montes fue un compositor veracruzano, nacido en Alvarado en 1921, que tuvo una carrera importante en la música popular mexicana. Compuso algunas canciones rancheras conocidas. Con el paso del tiempo compuso baladas y sus canciones se interpretaban en el Festival OTI y otros.

Pero la fama arrolladora le llegaría muchos años después, ya muy cerca de su muerte, cuando ya muy pocos sabían de él.

Mario Molina Montes es el autor de "Las Nieves de Enero".

Que alguien de Alvarado escriba una canción con ese título ya es un prodigio, digamos. No creo que desde el pleistoceno o antes haya nevado por allá. Pero la letra y la música son bellísimas: cándida la primera y sentida y lánguida la segunda. La letra habla de ir a ver a la Virgen, de casamientos, de una novia rejega y de una frustración casi lírica. La música es un vals cadencioso, y en casi todas sus versiones, anodino. Y quizá esto último sea lo que importe.



"Las Nieves de Enero" han sido grabadas por muchísimos cantantes. De entre ellos dos verdaderos colosos: Antonio Aguilar y Miguel Aveces Mugía (los polivoces dixit) tienen sendas versiones hermosísimas, ambas rancheras y con arreglos de mariachi distintos: la versión de Don Toño más compleja y acabada, la otra casi es un corrido de monte pero con la tremenda voz de MAM.



Pero la gran versión es quizá la de Chalino Sánchez.

El cantante sinaloense vivió una vida furiosa y despiadada, y en los pocos años que vivió le alcanzó para renovar el corrido y rehacer viejos clásicos. Entre ellos este, al cual rescató del olvido y de la medianía, para convertirlo en un tótem del corrido norteño.



Quizá sea la voz inclasificable de Chalino; quizá el compás sumamente largo y aplazado con la que lo canta; o quizá ese bellísimo acordeón que desde el inicio y hasta que la rola acaba, lleva a "Las Nieves de Enero" a alturas que quizá don Mario Molina Montes nunca imaginó.

¿Cual de las tres prefieren?

P.D. El video de Chalino es particular. Fue su último concierto, en Culiacán. Junto con su grupo, Los Amables del Norte (un gran conjunto). Poco después de cantar esta canción le llegaría una nota, que lee nervioso. Termina el concierto y sale a su muerte.

sábado, 12 de mayo de 2018

El TLCAN Es Inevitable (Aunque Fracase)

¿Qué pasaría si al fin del actual ciclo de negociación no hay un nuevo TLCAN firmado? Las implicaciones pueden ser muy serias: el peso podría sufrir una aguda depreciación; la inversión extranjera directa se detendría en el corto plazo; y las empresas que por más de dos décadas han jugado con las reglas claras del TLCAN actual sufrirían un trastorno de sus costumbres cotidianas y por lo tanto la economía mexicana podría sentir un bache. Pero en el mediano y largo plazo la integración de las economías de Norteamérica es irreversible.
Las materias primas de Canadá; el capital y la tecnología de los Estados Unidos; el trabajo y la geografía estratégica de México constituyen una combinación que no tiene paralelo entre los bloques económicos mundiales. Ni Europa, ni el Este de Asia tienen esa combinación de recursos para poder enfrentar a sus rivales económicos en el mundo. Norteamérica es una combinación única de factores que han sabido combinarse las últimas dos décadas para presentar un frente económico difícil de vencer.
Por supuesto, dicho bloque económico es asimétrico: la economía estadounidense juega un rol desproporcionadamente importante en la ecuación. No sería aventurado decir incluso que, en términos económicos, sus vecinos son jugadores complementarios y son compañeros estratégicos en la marcha del coloso americano por la economía global. Pero solo la ceguera de Trump y sus acólitos lo podrían negar: sin Canadá y México, la economía de Estados Unidos no sería lo que es, y sectores enteros habrían sido ya avasallados por la competencia alemana, china o japonesa, y el nivel de vida de sus ciudadanos sería distinto sin el Nafta.
Existe una discusión muy interesante pero que pierde de vista lo fundamental, y que gira alrededor de la siguiente pregunta: ¿Cuál de los tres países del TLCAN es el que más ha ganado en las más de dos décadas de vigencia del Tratado? Lo difícil de una respuesta a esa cuestión es que dependemos del contrafactual: ¿Quién hubiera perdido más si el TLCAN no se hubiera firmado nunca?
Creo que la respuesta para las dos preguntas del párrafo anterior es la misma: los Estados Unidos. 
Debido a las tallas respectivas, el TLCAN parece ser un tema marginal en la economía vecina y un factor de vida o muerte para Canadá y México. Pero en términos absolutos el impacto del Tratado es seguramente mucho mayor en el país del dólar que el impacto sumado de sus vecinos. El TLCAN no es una estrategia diseñada por y para México y Canadá. El TLCAN es más necesario y por lo tanto es cincelado y determinado por las compañías, la burocracia y los intereses de nuestro vecino del norte.
Si los Estados Unidos no quisieran el TLCAN, ningún estadista canadiense o mexicano, por muy visionario y persuasivo que fuera, habría sido capaz de imponerles el Tratado. El TLCAN es su necesidad y su diseño, y por lo tanto sus beneficios e insuficiencias les corresponden en la prelación continental.
Creo que la consciencia de lo anterior es absolutamente necesaria para definir la estrategia mexicana. Los países, incluso los Estados Unidos, se equivocan en sus decisiones, pero el modelo de sociedad y de Estado de nuestros vecinos ha demostrado históricamente que tales equivocaciones duran poco y suelen regresar a la senda liberal y globalista que les es innata. Si en este momento las circunstancias hicieron que un aldeano conservador diseñe la diplomacia política y económica de los Estados Unidos, es probable que en poco tiempo la tendencia globalizadora regrese a los asuntos del Estado en nuestros vecinos.
La convicción anterior no se debe, como en Tocqueville, a la creencia de una ideología superior de los estadounidenses. Sus valores democráticos y liberales han predominado porque proveen el marco adecuado para su geopolítica y su geoeconomía: implantados a mitad de los dos grandes océanos del mundo, y herederos del impulso europeo a la innovación y la competencia, el marco liberal es la herramienta necesaria para la expansión constante de la economía vecina.
No pueden escapar a su suerte. El liberalismo y la globalización son genéticos para los estadounidense, y el TLCAN es un engrane de esa gran maquinaria. Dicha maquinaria parece estar atascándose. Pero volverá a arrancar. Incluso si las actuales negociaciones fallan y no hay TLCAN, dicho fracaso será pasajero. No se le pueden poner puertas al campo: el TLCAN no es una idea mexicana ni canadiense, sino una necesidad estadounidense. Y regresará.