sábado, 14 de julio de 2018

El Patio De Mi Casa Es Particular (¿Y Qué Hacemos?)

En esta era de extrema desigualdad en la concentración del ingreso y la riqueza las ciudades ofrecen un paliativo importante para dicha disparidad: el espacio público. Un parque público es de uso no exclusivo, y la utilidad que derivamos de su consumo puede ser muy alta en términos de calidad de vida y el uso del tiempo libre de los ciudadanos. Lo anterior es solo un ejemplo de la importancia creciente (e ignorada) que para la economía tiene el espacio urbano y lo difícil que es su planeación y tratamiento.
Pongamos otro ejemplo: usted compra un predio de mil metros cuadrados en medio del desierto de Sonora y compra otro de la misma superficie en el corredor Reforma en la Ciudad de México. Suponiendo que no hay petróleo, gas o minerales bajo el subsuelo: ¿porqué la misma superficie es más valiosa en la Ciudad de México que en medio del desierto sonorense? Claramente el valor no es por lo que hay debajo, sino por lo que puede haber encima. 
Las urbes han dado valor a algo que en principio no lo tiene: el aire encima del suelo. 
Es un asunto de economías de escala y de aglomeración. El espacio urbano permite al poseedor de un predio cercanía con la infraestructura, las oportunidades y el acceso al capital y el trabajo concentrado en las ciudades. Cada piso encima del suelo urbano tiene una productividad incremental: el costo de añadir un piso es desproporcionadamente menor al beneficio económico de construirlo. La productividad económica del espacio urbano es gigantesca, difícil de medir y capturarla, y las ciudades no saben bien cómo transformar ese potencial resultante del espacio urbano en ingresos fiscales.
Para un inversionista privado el costo de añadir un piso a un edificio en un buen predio urbano es marginal, pero para el gobierno no lo es. Cada piso añadido implica mayor inversión en servicios e infraestructura urbana. Esos son los costos directos. Pero existen costos asociados: los efectos del mayor tráfico o la necesidad de mayor transporte público, la mayor demanda de seguridad y espacio público para todos.
La identidad cultural y musical mexicana está ligada a un mundo rural: el ranchero y nuestras tradiciones. Pero en un momento de la década del ochenta México se convirtió en un país mayoritariamente urbano y desde el punto de vista de economía pública creo que no hemos sabido bien a bien qué hacer con ese suelo creado del espacio urbano.
En Sao Paulo, Brasil,  y otras ciudades han adoptado soluciones muy inteligentes al problema, partiendo de un postulado fundamental: el espacio urbano es público. No puede pertenecer de origen a un privado, pues lo que le da valor a dicho espacio es la aglomeración de infraestructura y las oportunidades (el mercado de consumidores, los trabajadores calificados, el capital humano) posibles sólo en las ciudades modernas. 
La superficie en medio del desierto y el espacio encima de él no tiene valor como lo tiene la misma superficie en las ciudades justo por estar en una comunidad viva y dinámica, y nadie puede apropiarse de origen de ese intangible. Lo correcto es que sean las comunidades, a través de los gobiernos, quienes se atribuyan el acceso a dicho potencial demandando las contribuciones correspondientes a la explotación y uso del espacio urbano.
La discusión anterior engarza con el tema inicial de este artículo: el espacio público. En las urbes modernas, la forma más eficiente de acomodar a la población es en grandes edificios verticales. La imagen idílica de la familia rural mexicana (“un portal allá en el frente/en el jardín una fuente”) es económicamente ineficiente. La superficie debe ser usada para acomodar la máxima población posible para ocupar la menor superficie posible para la urbanización y el mayor espacio posible para el espacio publico y las áreas verdes. Una casa unifamiliar con un patio exclusivo es un uso ineficiente del espacio urbano. Vivienda en edificios altos que minimicen el uso de energía y agua y optimicen la superficie son la mejor solución urbana. 
¿Y el patio de mi casa? Para eso debemos de multiplicar los espacios públicos. Un espacio público de alta calidad es un remedio (así sea parcial) para la desigual distribución de la riqueza: todos pueden accederlo sin importar el decil al que pertenezcan, y elevar así su calidad de vida. En las nuevas ciudades, el patio de mi casa no es particular.

domingo, 8 de julio de 2018

Poemas Para Beber En El Starbucks: e.e. cummings Y Las Manos De La Seducción

Un financiero de edad madura, súbitamente enamorado de su bellísima cuñada, propicia un encuentro apresurado con ella y acaban yendo a una librería de Manhattan. Al despedirse él busca regalarle algo, y encuentra venturosamente un libro.

-"Lee el poema de la página 112", le dice.

Y se despiden.

Mas tarde en su departamento, la mujer pasmada, lee el poema, cuyo último verso es el siguiente:

"Nadie, ni la lluvia, tiene las manos tan pequeñas"

La historia anterior es una escena de una de los más grandes plagios de Woody Allen: "Hanna y Sus Hermanas", el homenaje a la obra maestra de su maestro Ingmar Bergman: "Fanny y Alexander".

En esta sección hemos dicho que la poesía sirve para muchas cosas, no nada más para decir cosas bonitas. Insistimos. Pero también sirve para eso: para decir cosas bonitas. Y desde un momento indefinido en la edad media la poesía encontró un propósito fundamental: seducir.

e.e. cummings (así en minúsculas, como a él le gustaba), fue un fecundo escritor norteamericano, adherido al modernismo concebido por su paisano Ezra Pound, y por tanto adherente al verso libre y a la destrucción tipográfica de los poemas.

Modernista en la forma, en el fondo e.e. cummings fue un conservador. Como poeta bordó en temas tradicionales: mujeres, el amor, la lluvia, las flores. Y en política acabó apoyando al impresentable senador Mcarthy, perpetrador de persecuciones anti liberales y cazador de comunistas que presagiaron al también impresentable Donald Trump.

Su biografía aparte. e.e. cummings, siempre al borde de la cursilería y de la narración romántica, escribió poemas para la seducción y el abordaje.

Recuerdo aún esa tarde en que salí de ver "Hanna y Sus Hermanas" en la Cineteca Nacional en la Ciudad de México, repitiendo en mi cabeza el cuarteto final de ese poema:

en algún lugar a dónde nunca he viajado, más allá
de toda experiencia, tus ojos tienen su silencio:
en tu más frágil gesto hay cosas que me encierran,
o que no puedo tocar porque están muy cerca

tu más leve mirar me encerrará facilmente
aunque yo me he encerrado como unos dedos,
tu abres siempre pétalo a pétalo como la primavera abre
tocando (misteriosa, habilmente) su primera rosa

o si deseas acercarte, yo y
mi vida se cerrarán hermosa, súbitamente,
como cuando el corazón de esa flor imagina
la nieve con cuidado desciende por todas partes;

nada de lo que se percibe en el mundo iguala
el poder de su intensa fragilidad, su textura
me compele con el color de sus países,
entregando muerte y siempre en cada respiro

(no se qué hay en tí que se abre
y se cierra; sólo algo en mí entiende
que la voz de tus ojos es mas honda que todas las rosas)
nadie, ni la lluvia, tiene las manos tan pequeñas




Cuatro Riesgos Globales Para La Economía Mexicana

No se trata de si llega o no. Llegará. La próxima recesión estadounidense, que podría estar acompañada de una tropezón global, arribará. La cuestión no solo es saber cuándo, sino por dónde. ¿Cuál de los múltiples factores que pueden dispararla, la causará? Englobando en su descenso a la economía mexicana con seguridad. Demos un repaso por algunos de esos factores
Donald Trump disparándose en el pie, levantando aranceles y guerras comerciales a diestra y siniestra.Donald Trump está en una cruzada en contra de lo que los Estados Unidos construyeron los últimos setenta años: el orden económico multilateral y la globalización. La derecha radical se ha aprovechado electoralmente de la desigualdad y se ha anotado espectaculares victorias contra los liberales, pero por supuesto, equivoca el remedio. En vez de cambiar la estructura impositiva, tan favorable a los abastecidos, engaña a las mayorías haciéndoles creer que sus enemigos son los trabajadores de otros países que, al ganar menos que ellos, están desplazando sus productos por culpa de los bajos costos. 
Dado ese diagnóstico, el remedio es la erección de aranceles y barreras comerciales. Bloquear los flujos comerciales, de financiamiento y de ideas nunca ha sido bueno para las economías en el mediano y largo plazo. Ganan las empresas con mayor poder de mercado y pierden los consumidores, y es casi inevitable que lleve al resurgimiento de la adormilada inflación.
China tratando de desinflar su burbuja inmobiliaria sin que se colapse su sistema bancario; Para convertirse en una potencia global China tuvo que forzar la migración del campo a la ciudad (la mayor en la historia de la humanidad), y para albergar la masa de nuevos trabajadores construyó ciudades con millones de viviendas, y las financió. De acuerdo con muchos, el sistema bancario chino padece de una cartera vencida crítica resultado del desbalance entre la oferta y la demanda de vivienda y la capacidad de pago de los clientes al pasar la economía de un crecimiento de 10 por ciento al 6 por ciento. 
El problema es que la calidad y transparencia de la información económica china no es la mejor, y por ello los mercados no saben medir bien el tamaño y la oportunidad del riesgo proveniente de ese factor. La mayoría de los analistas piensan que es un problema contenido, y que los hondos bolsillos chinos podrán neutralizar el problema. Pero algunas voces asustadas piensan que la crisis resultante del desfonde hipotecario chino y su impacto en los bancos, podría hacer palidecer a la crisis del 2008-2009.
Las enormes necesidades de refinanciamiento de los corporativos estadounidenses y europeos en medio de una retirada de liquidez de los bancos centrales.La última década se caracterizó por algo peculiar: los principales bancos centrales llenaron de dinero las economías con el fin de evitar una gran depresión. Al haber tanto dinero las empresas emitieron deuda a pasto y hoy, diez años después, justo cuando los bancos centrales están retirando esa liquidez, esos bonos comienzan a vencer.
El problema es un poco peor si pensamos que a esa menor liquidez, que enfrentará un cúmulo de vencimientos, le competirá el gobierno de Estados Unidos para financiar el déficit creciente resultante del recorte de impuestos a los ricos hecho por Trump.
Aquí no hay escapatoria. No hay para donde hacerse. Menor liquidez y mayor oferta de bonos sólo pueden tener dos resultados. O muchas empresas no podrán refinanciarse, o las tasas de interés se elevarán considerablemente. Y eso nos lleva al último riesgo que queremos comentar.
La siempre latente posibilidad que la dilatada alza de los mercados bursátiles llegue a un abrupto final.Dos de los tres escenarios reseñados antes parecen converger en un resultado: mayores tasas de interés globales. Ya sea por mayor inflación o por el desbalance entre oferta y demanda de fondos, las tasas de interés de corto plazo parecen enfilarse al alza.
De ser ese el caso, la fragilidad de las bolsas de valores podría pronunciarse, pues la tasa de interés es el factor que, según los análisis, más afecta la valuación de las acciones y los activos financieros. La caída en las bolsas no siempre produce una recesión. Pero no es inusual que coincidan. ¿De dónde, de entre estos factores u otro que no estamos mirando,  vendrá el estallido de la siguiente recesión?

domingo, 1 de julio de 2018

¿Qué Hará México Ante La Recesión Que Viene?

Donald Trump disparándose en el pie y levantando aranceles y guerras comerciales a diestra y siniestra; China tratando de desinflar su burbuja inmobiliaria sin que se colapse su sistema bancario; las enormes necesidades de refinanciamiento de los corporativos estadounidenses y europeos en medio de una retirada de liquidez de los bancos centrales; la siempre latente posibilidad que la dilatada alza de los mercados bursátiles llegue a un abrupto final. ¿De dónde vendrá el estallido de la siguiente recesión?
Si alguien debió de enseñarnos la crisis de 2008-2009, fue el validar esa frase misteriosa de Galileo (retomada por Lenin): “los hechos son tercos”. Debemos de admitir que las crisis, la sucesión de expansiones y recesiones son inevitables e inherentes a la marcha de la economía. La expansión económica que siguió a la terrible recesión cumple ya una década ininterrumpida, por lo que es probable que la acumulación de tensiones en este período pudieran detonarse en un nuevo valle económico en los próximos meses.
No hay señales claras de su inminencia, a no ser por una pendiente muy plana de la curva de plazos en los mercados de bonos estadounidenses, pero otra enseñanza que debemos de tener muy presente es que las crisis muchas veces aparecen de manera súbita, con pocas señales que la anticipen de manera transparente.
En el primer párrafo de este artículo enumeramos algunos de los factores que, en caso de salirse de control, podrían impregnar al resto del sistema y detonar una recesión extendida. Puede que sea uno solo de ellos, o una conjunción múltiple de los mismos los que estallen y disparen una recesión.
En caso de que dicho escenario se materialice en los próximos meses (y no lo sabemos), la economía mexicana estará en una coyuntura muy peculiar: en medio de la transición política resultante de la elección presidencial, con la negociación del TLCAN en vilo, y con los Estados Unidos con una elección intermedia enfrente que podría implicar un referendo (quizá dramático) respecto de la presidencia de Trump.
La transición política mexicana debe tener en cuenta esa probabilidad. Si existe una complicación económica internacional justo cuando la conducción financiera está siendo transferida de una administración a otra, los mercados van a exigir claridad y predictibilidad en la estrategia del gobierno. Los mercados son notoriamente implacables: no otorgan licencias ni complacencias, suelen castigar de más cuando no ven nitidez, y premian con sobre entusiasmo cuando algo les place. ¿En ese escenario, cómo hará México para caminar equilibrados en medio de una transición de gobierno?
Y de allí pasamos a noviembre. Un mes antes de que el nuevo gobierno mexicano asuma la administración. En ese mes los Estados Unidos renovarán su congreso, y de acuerdo con muchas encuestas, es probable que los demócratas controlen el legislativo. De confirmarse ese escenario, Trump, un impaciente negociador, podría enfrentar una segunda mitad de parálisis y desgaste político que lo aniquile como contendiente para la elección de 2020.
Ante este escenario quizá Trump secuestre la negociación del TLCAN para maximizar sus probabilidades en la elección de noviembre. Quizá los criterios económicos, que son los que deberían de conducir la negociación del acuerdo, sean subordinados por el cálculo político de Trump, cuyo desdén por el multilateralismo y el libre comercio es indudable.
Un secuestro del TLCAN y su subordinación a la agenda política de Trump, bajo cualquier escenario, representaría un riesgo de mucho cuidado para la conducción económica mexicana. En un contexto de transición político y/o un choque económico global, es un escenario que debe de ser previsto con mucho cuidado, tanto por los mercados, como por la conducción económica nacional.
Los mercados financieros modernos proveen una plétora de señales que permiten otear la ruta hacia delante. No es fácil atisbarlas ni leerlas. Pero están allí. La conjunción de escenarios que potencialmente podrían converger para la economía mexicana puede producir corrientes encontradas que debemos de identificar para sortearlas de la mejor manera posible, por lo que deberemos de estar atentos.

domingo, 24 de junio de 2018

El Delicado Balance Del Banco De México

La nube negra de un fracaso del TLCAN sigue pesando como el riesgo macroeconómico más importante de México en el corto plazo. El resultado de la elección presidencial y sus implicaciones inmediatas parecen haber sido ya incorporadas en los precios de los activos financieros hasta el momento, y la volatilidad que reverbera entre las divisas de mercados emergentes se ha moderado en fechas recientes.
Pero la inflación mexicana ha detenido su descenso. Las últimas cifras muestran una tasa anualizada ligeramente superior al 4.5%. Muy por debajo del casi 6.5% que trepó el año pasado, pero lejos aún (y persistentemente lejos) de la meta del 3% que se ha fijado el Banco de México. 
La persistencia de la inflación es preocupante porque tanto los analistas, el mercado, y la opinión general, concedieron que el rebase de la meta de inflación en 2017 se debió a factores extraordinarios y de una sola vez (el ajuste de las gasolinas entre ellos), que no se repetirían en 2018, y que una vez transcurrido los efectos de dichos eventos, la inflación convergería hacia la meta del Banxico.
Pero tal convergencia no ha ocurrido en pleno. La inflación no ha descendido hacia la meta conforme al calendario y las metas esperadas por el mercado y esto tiene dos consecuencias: primero, sigue presionando a las tasas de interés de largo plazo; y segundo, no abona a la credibilidad del Banxico en tanto domador de la inflación doméstica.
El problema del Banxico es que luego de la serie de eventos que le dispararon la inflación por encima de su meta, el principal factor avivando el alza de precios no está bajo su control: la furia desquiciada de Donald Trump, quien un día peor que otro, torpedea de manera irracional al TLCAN incluso cuando dicho acuerdo es una pieza fundamental de la competitividad de la economía norteamericana.
¿Cómo proteger al peso contra los ímpetus enloquecidos del líder estadounidense en medio de un contexto complicado por la elección presidencial doméstica, la Fed subiendo tasas, y la inflación doméstica terca por encima de su meta? 
Los Bancos Centrales son animales muy peculiares: tienen un aspecto muy intimidante, una estatura imponente, un rugido impactante, pero en realidad solo tienen un colmillo para morder: la tasa de interés de corto plazo. No es un arma menor, es una herramienta muy poderosa, pero es casi la única daga tangible en sus manos. Tienen otra, etérea y misteriosa, que a veces muerde más: su credibilidad.
Y la credibilidad y la tasa de interés, si se usan bien, son los dos filos del mismo cuchillo: la credibilidad de un banco central depende en buena medida de su capacidad de mover las tasas de interés en el momento y en la intensidad precisas.
La globalización de las economías implicó para los bancos centrales del mundo un reto arduo: lidiar con la complejidad extrema. Cuando el mundo era un conjunto de economías relativamente cerradas, la política monetaria era un arte relativamente sencillo: al mover la tasa de interés de corto plazo en una dirección el resto de las tasas de los distintos plazos se movían en la misma dirección, y las repercusiones de dicha acción sobre otros activos financieros era relativamente.
La semana pasada el Banco de México subió la tasa de interés de corto plazo en previsión de la volatilidad que viene y como una forma de anclar el tipo de cambio que se había disparado desde que le fecha fatal para acordar el TLCAN expiró sin acuerdo alguno. Afortunadamente los mercados reaccionaron de buena manera: al alza de tasas de corto plazo lo acompañó una baja en las tasas de largo plazo, en lo que parecería un voto de confianza de los mercados al Banxico de que sus acciones actuales se traducirán en menores costos del dinero en el futuro, una vez que la actual turbulencia amaine.
Pero quizá entraremos a la etapa más complicada del proceso. Normalmente un presidente estadounidense sería cauto respecto de su agenda legislativa ante las elecciones intermedias. Pero este no es un presidente típico y probablemente, en su cálculo bilioso (literal), piense que despedazar al TLCAN le pueda servir para retener el Congreso en su columna. Eso puede ocurrir en un contexto en que la Fed siga subiendo tasas y México esté en un período de transición política. En otras palabras, el arsenal del Banco de México seguirá abierto y listo.

sábado, 16 de junio de 2018

EEUU Vs China Y México: La Muerte Del Liberalismo

Que el liberalismo ha fracasado de manera estrepitosa es tan evidente como leer los titulares de la prensa económica de estos días. Allí donde se hablaba de libre comercio, hoy se levantan aranceles y barreras; allí donde había fronteras abiertas, hoy hay políticas anti-migración. El victimario del liberalismo es justamente su otrora principal defensor: los Estados Unidos filicidas. ¿Qué ocurrió para que la receta liberal haya pasado de ser el bálsamo con el que todo se curaba al veneno que debe ser combatido?
En las últimas semanas me ha tocado leer algunas notas de la prensa financiera argumentos sobre cómo los EEUU pueden ganar la guerra comercial que han desatado contra casi todo el mundo, incluyendo México y ahora China. El rosario de argumentos, que pueden parecer coherentes en su estructura parten de una falacia: el que pueda haber ganadores en una guerra comercial. Los únicos posibles ganadores de una guerra comercial son las grandes compañías con poder de mercado que ante la ausencia de competencia podrán cargar mayores precios y ofrecer peores productos a sus consumidores. Habrá ganadores individuales, pero el colectivo no puede ganar. Es imposible.
La dialéctica de la globalización es una ley de hierro: para abaratar los costos y aumentar los márgenes de ganancia las empresas globales abrieron el mercado chino hace tres décadas, buscando la inmensa reserva de mano de obra barata. Pero la eficiencia de las cadenas de valor implicó una gradual transferencia del saber tecnológico a China, cuyas élites de poder, industrial y financiera, una vez que dicha transferencia alcanzó una masa crítica, comenzaron a jugar a occidente en condiciones de igualdad en un sector tras otro, y en varios incluso, a superarles.
La coalición empresarial y política que llevó y sostiene a Trump en la Casa Blanca ha decidido castigar el comportamiento chino de usar la tecnología estadounidense para avasallar a sus empresas, usando y abusando de los enormes subsidios que China dispensa a sus conglomerados, provenientes del colosal superávit comercial que genera la máquina exportadora del país de en medio.
El abrazo del proteccionismo vociferante (o lo que es lo mismo, la muerte del liberalismo) por parte del gobierno estadounidense ignora un hecho histórico: la fortaleza económica estadounidense hizo lo mismo en los siglos XVIII y XIX a Inglaterra, Francia y Alemania. Estados Unidos fue el gran ladrón del saber tecnológico europeo, y con sus materias primas y mano de obra más baratos fue más eficiente que las economías del viejo continente hasta que acabó avasallándolas y dominándolas.
La historia se repite, y se repetirá. Trump está peleando contra las fuerzas de la acumulación de capital y de la historia y por lo tanto está destinado al fracaso. El filicidio del liberalismo que estamos presenciando es la reacción desesperada de la élite industrial y económica estadounidense por curar los excesos del liberalismo que tan útil les fue en el pasado. 
Gracias al consenso liberal pudieron abrir las fronteras chinas para usar su fuerza de trabajo y sus mercados. Pero el gigante chino aprendió y con el pragmatismo que lo caracteriza utilizó lo del liberalismo lo que le servía (abrir los mercados occidentales), pero supo usar las herramientas del dirigismo: subsidios masivos, apoyo a industrias concretas, aranceles ocultos, robo disfrazado de propiedad intelectual, el acomodo del estado de derecho siempre que le favoreciera.
Quizá Trump vea hoy que el liberalismo es una candidez. Quizá piense que quien se conduce con las reglas de “juego limpio” del liberalismo tarde que temprano va a perder contra quien dobla las reglas sin romperlas a su favor. “Esta masacre acaba aquí”, espetó vociferante en su discurso de inauguración, refiriéndose al déficit comercial estadounidense, y amenazando desde entonces con botar el esqueleto liberal a la basura y armarse con el serrucho y el piolet del proteccionismo.
Las dos mayores economías del mundo han abandonado las reglas del “juego limpio” del liberalismo. En ambos países el liberalismo es un implante, pero allí donde surgió, en Europa, un inusitado campeón del liberalismo, Alemania, logra hasta el momento mantener el consenso, cada vez más asediado, alrededor del mismo. Pero lo curioso es que, parafraseando una frase memorable: quizá el último liberal del mundo morirá de viejo en un cenáculo editorial en México.

domingo, 10 de junio de 2018

El Peso Ha Aguantado Hasta Ahora: ¿Pero Aguantará?

El peso mexicano rompió la semana pasada la barrera de los 20 pesos/dólar de nuevo y rozó los 21. Pero considerando todos los factores que trae a cuestas, la moneda mexicana ha tenido un desempeño mejor al que se temía: elecciones domésticas intensas; un presidente estadounidense neurótico y narcisista que amenaza el TLCAN; la Reserva Federal trepando sus tasas de interés; y la inflación doméstica por encima de los objetivos del Banxico. Dado lo anterior al peso no le ha ido tan mal.
La respuesta para el comportamiento relativamente estable del peso (comparémoslo por ejemplo con el desfonde de la lira turca, el peso argentino, o a últimas fechas, el real brasileño) no es tan difícil de explicar: el Banxico se movió antes, en previsión de este escenario, y subió los réditos de referencia domésticos hasta los actuales niveles, anclando la cotización y protegiendo la moneda contra lo que era previsible que venía en camino.
Mientras que Argentina, Turquía y Brasil han tenido que subir sus tasas domésticas de interés en medio del embate reciente que han sufrido sus divisas, el Banxico no ha tenido que apretar las condiciones monetarias para ordenar el mercado, pues lo que otros mercados emergentes están haciendo sobre las rodillas y a regañadientes, el Banco de México lo hizo hace algunos meses de manera ordenada.
De finales de diciembre de este año a mediados de abril, el peso respondió a un contexto de acusada volatilidad local e internacional de una forma peculiar: apreciándose. Mientras otras monedas de países emergentes se desfondaban, el peso se fortalecía y tras casi rozar la barrera de los veinte contra el dólar, la moneda mexicana se apreció hasta alcanzar casi los dieciocho la tercera semana de abril.
Vale la pena recordar que en diciembre de 2015, hace poco más de tres años, la TIIE, nuestra tasa de referencia interbancaria, se encontraba en alrededor de 3.30. Hoy se encuentra en 7.85%. Es decir, el costo del dinero se ha más que duplicado en México en los últimos tres años, y la cuesta de esa alza se dio de manera particular en un período de quince meses que va de julio de 2016 a enero de 2018. 
El alza en las tasas mexicanas ha seguramente tenido sus efectos en la economía doméstica, aumentando los costos financieros de los proyectos y modificando las decisiones de inversión de empresas y familias, pero la decisión de apretarlas contribuyó a que la paridad peso/dólar haya sido relativamente estable y a que a pesar de los intensos vientos cruzados que sufre la economía mexicana, la divisa se encuentre en relativa calma.
¿Pero la estabilidad relativa que hemos visto continuará en las próximas semanas/meses? ¿y el costo de mantenerla será de nuevo una serie de apretones en las condiciones monetarias?
Hasta el momento el mercado cambiario ha sido flemático respecto del principal de los riesgos que enfrenta: la encrucijada del TLCAN. Clasificando la serie de riesgos presentes, creo que el mercado asigna la mayor fuente de volatilidad potencial a un cambio desfavorable en las reglas comerciales en Norteamérica. 
Creo que están en lo correcto: durante los últimos años los flujos comerciales, y con ello, los de divisas, se han regido por un marco claro e integrado. Si ese marco cambia y los montos de dólares que fluyen por el sistema se reducen y su flujo operativo se encarece por defecto de un mal TLCAN o de plano por el abandono del mismo, es muy probable que el mercado cambiario responda con una ronda aguda de volatilidad y alzas.
Si ese escenario se materializa la respuesta del Banxico quizá sea la misma (pues su arsenal no es muy amplio, por diseño), subirá de nuevo las tasas de interés para proteger la moneda y evitar una trasiego hacia la inflación doméstica. Pero en ese escenario el Banxico no podrá sólo estabilizar el entorno, y el conjunto de las instituciones económicas y financieras del país deberán de empujar en la misma dirección.
Si el futuro del TLCAN depende de un lamentable líder estadounidense quien insulta a sus aliados del G7 y se niega a firmar el acta de la reunión que tuvieron recién en un pueblito de Quebec, antes de ir y casi arrodillarse ante el dictador norcoreano, debemos entonces de prepararnos para lo que ya debíamos de estar preparados desde que supimos que el vociferante e inestable Donald era electo presidente: lo peor.