domingo, 20 de enero de 2019

El Macho Dólar Se Debilita, ¿Brillará El Oro?

Si yo reencarnara, me gustaría volver siendo el dólar: fuerte, temido y poderoso, sin tener que rendirle cuentas a nadie. Siempre saliéndome con la mía. La moneda de la economía más rica de la tierra ha sido el referente y la reserva de valor desde finales de la segunda guerra mundial, y aunque existen algunas monedas que le compiten (el euro, el yuan) sigue siendo la moneda predominante. Pero a pesar de su poder, de corto plazo hay algunos factores que lo debilitan, y a los cuales debemos de estar atentos.
El primer factor es que Trump está produciendo muchos dólares, demasiados. Quizá más de los que el mercado está dispuesto a absorber, a menos que se los dejen más baratos. La reducción de impuestos implementada por Trump al inicio de su mandato, junto con la caótica falta aparente de dirección de su gobierno en temas fundamentales para la geopolítica y los mercados, han menguado la confianza que los inversionistas del mundo han tenido tradicionalmente en el dólar como reserva de valor.
Históricamente los inversionistas del mundo saben que los Estados Unidos, propulsados por la innovación tecnológica, su fuerza de trabajo, y un gobierno eficiente y dinámico, será el último respaldo del dólar como moneda para conservar los ahorros. La errática administración de Trump, su desdén por el imperio de la ley, y su desbocado déficit fiscal han enfriado el entusiasmo de los inversionistas globales y reducido en el margen el atractivo de la moneda.
La fortaleza de la economía china, y el compromiso europeo con metas fiscales astringentes les han dado una ventaja respecto del dólar en semanas recientes, y probablemente, si los EEUU no cambian su ruta fiscal, estarán detrás de un dólar débil en los siguientes meses.
En el pasado tuvimos ya episodios en donde el gobierno de los Estados Unidos incurrió en disparatados déficit fiscales. También un republicano, Ronald Reagan, se embarcó en una política de gasto, concentrado en el sector militar, con el fin de doblar fiscalmente a la Unión Soviética, quien fue incapaz de sostener el ritmo de gasto de los estadounidenses y se derrumbó.
Muchos economistas entonces apostaban que el disparo del déficit se traduciría en un dólar débil, bajo los mismo argumentos que hemos esbozado en el inicio de esta columna. Pero ocurrió lo contrario: el dólar se fortaleció, como ocurrió en los dos primeros años del gobierno de Trump (y como insistimos frecuentemente en este espacio en nuestros artículos sobre el macho dólar:   https://www.dineroenimagen.com/2016-12-19/81532).
Los déficits de Reagan fueron, contra toda intuición, acompañados por un dólar fuerte. La razón era sencilla: los déficits empujaron las tasas de interés de largo plazo al alza tan fuerte, y esas tasas dieron soporte al dólar durante la explosión fiscal de Reagan-Bush. Lo mismo pareció haber ocurrido durante los dos primeros años de Trump, pero hubo un detalle: las tasas de interés de largo plazo subieron muy poco durante unos meses, y luego comenzaron a bajar ya bajar de nuevo. Y es justo eso lo que pensamos que provocará un dólar débil en los siguientes meses, y quizá de aquí hasta el final del gobierno de Trump dependiendo de la ruta fiscal.
La razón para el fin del macho dólar que produjo la primera mitad de la administración Trump es que, a diferencia de lo que ocurrió con los déficits de Reagan, las tasas de interés de largo plazo de los Estados Unidos no se dispararon. La tasa del bono de 10 años inició la era Trump en 2.6 por ciento, luego del disparo de los déficits la tasa llegó a montar brevemente a 3.1%, pero dadas las tasas tan bajas en el resto del mundo, ese nivel, apenas saliente, despertó el apetito inversor y la demanda por bonos volvió a bajar la tasa.
El otro factor fue el desfonde de los mercados accionarios en diciembre 2018, que amenazó con una reedición de la incertidumbre de 2008-2009. Apenas asomaron las señales de incomodidad en Wall Street y la Fed modificó su mensaje de seguir subiendo tasas de interés, a una posición neutra y de repente, hasta de reducir los réditos. Esta mezcla: de déficit fiscales crecientes y de la Fed manteniendo o bajando tasas de interés es mortífera para el macho dólar. Los siguientes meses serán de debilidad, y como los inversionistas no ven una moneda como una opción sólida, quizá se refugien en ese metal que no pertenece a ningún país: el oro.

sábado, 5 de enero de 2019

El Chantaje De Wall Street Funciona: La Fed Cede

Lo habíamos advertido en una entrega anterior. La Fed no puede ver a los mercados sufrir, es muy susceptible a sus lamentos. De unas décadas para acá los mercados cuentan con “el paracaídas de la Fed”. Saben que en caso de caídas sensibles, la Fed relajará la política monetaria para evitar que los mercados sigan cayendo, y tras escuchar lo que quieren oír, los mercados reanudan las alzas. Ese capítulo re repitió la semana pasada en los mercados del mundo. Pero hay un “pero” esta vez.
El jueves la sesión había sido horrorosa. La otrora mayor empresa del mundo por su valor de capitalización, Apple, había lanzado una advertencia a sus inversionistas, diciendo que sus ventas en general, pero en China en particular, estaban por debajo de lo planeado. La alarma reverberó por todo el mundo: las señales de que la guerra comercial de Trump estaban afectando no nada más a China, sino a las grandes empresas estadounidenses, se extendieron hasta el último rincón de las bolsas de valores, despedazando los principales índices.
El ánimo y la perspectiva eran tan malos, que sólo admitían un remedio: que la Fed saliera a decir que ya no subirían las tasas de interés, y que haría lo necesario para evitar que el daño en las bolsas continuara y acabara afectando a la economía real. Y fue eso justo (casi, casi) lo que ocurrió. Wall Street derramó las lágrimas suficientes para que la Fed sacara de nuevo el paracaídas, y salvara de nuevo a los inversionistas, quienes auparon con un rally fastuoso los precios de las acciones.
El día fue propicio, muy temprano en la mañana se habían publicado los datos de nuevos empleos creados en diciembre 2018, y la cifra había resultado una tremenda sorpresa, más de 312 mil nuevas plazas, muy superior a la expectativa de 175 mil del mercado. 
Los datos tuvieron una recepción mixta: por un lado desmentían los temores de un estancamiento económico disparados por la advertencia de Apple del día anterior, junto con un indicador seguido de cerca por los economistas (el ISM), pero por el otro avivaron el miedo de que la Fed no detuviera, y es más, extendiera, su ciclo de alzas de tasas de interés y de venta de activos financieros en la que se ha embarcado desde 2015 y que ha sido la principal causa detrás de la caída reciente de los mercados.
Pero en eso llegó Jerome Powell, el jefe de la Fed, quien estaba programado para dar un discurso y una sesión de preguntas y respuestas en Atlanta y lo que dijo fue música para los oídos de un asustado mercado. Dijo que la Fed estaría atento, para de ser necesario, adecuar su política monetaria (i.e. dejar de subir tasas) en caso de que el entorno lo requiriera. Dijo también que la Fed podría tomar una pausa en su política de venta de activos financieros para no tensar la oferta/demanda del mercado de bonos. 
En síntesis, la Fed lo hizo de nuevo. Sensible a los sollozos de Wall Street, pronunció las palabras mágicas, dando a entender que de ser necesario, interrumpirá las alzas en las tasas de interés y las ventas de bonos. Justo lo que Wall Street necesita.
El chantaje de Wall Street volvió a funcionar, antes de entrar en territorio bear, logró que la Fed les prometiera que no los dejaría caer, y rebotaron con furia. Pero dentro de los alentadores datos laborales del viernes vino un dato que hay que mirar con atención: las remuneraciones por hora crecieron a un ritmo de 3.2 por ciento anualizado, el más rápido desde el 2009, y una señal de que la variable más importante en esta ecuación podría (quizá, quizá) estar asomando las narices: la inflación.
Hasta el momento, y durante los últimos casi treinta años, el chantaje de la Fed ha funcionado gracias a que la inflación ha estado muerta. El guión ha sido el mismo: los mercado se disparan hasta nuevos récords hasta que la burbuja se revienta, pero para amortiguar la caída y evitar contagio de los mercados a la economía, la Fed sale al rescate de Wall Street bajando tasas e inyectando liquidez. Tal y como lo hizo de nuevo Powell el viernes pasado.
Durante todos estos años el chantaje funcionó y los mercado se recuperaron porque ni antes ni después de la Fed, la inflación presentó un problema. Hay que estar atentos para ver si la buena suerte que hemos tenido los últimos treinta años se repetirá, o si la inflación asoma por allí sus feas narices.

domingo, 30 de diciembre de 2018

¿A Que Le Ponemos Atención En El 2019?

Hacer pronósticos de qué es lo que ocurrirá el 2019 es una práctica común en los medios y en los mercados. Es también una práctica fútil, puesto que el futuro es tan impredecible como inalcanzable. Sabiendo lo anterior, van aquí no predicciones, sino alertas sobre cuáles son las tendencias evidentes que debemos de atender dada la información que disponemos. Y siempre habrá sorpresas por supuesto, pero esas por definición, es imposible anticiparlas.
Cuidado, mercados peligrosos:Difícilmente un libro de texto o un guionista de cine pudo escribir un guión como el que hemos visto la última semana en Wall Street. Con los mercados franqueando la zona de mercado bajista (bear market), los índices rebotaron previsiblemente, pero de una manera tan dramática que debemos de mantenernos atentos.
Es útil recordar el año 2000, los primeros días de enero, el mercado estaba reventando y había días en que los principales índices de Nueva York subían y bajaban 4-5% en cualquier día, y de una hora para otra. Tal y como ocurrió la semana pasada en la frontera del bear market. De pronto, el seis de enero, sin previo aviso la Fed tuvo que recortar tasas de interés, sorprendiendo a todo el mundo. La razón fue después clara: una recesión llegó, y los indicadores adelantados de la Fed lo advirtieron. Los mercados se hicieron pedazos durante ese período, reventando una de las grandes burbujas especulativas de la historia.
¿Está a punto de pasar lo mismo de nuevo? Imposible saberlo. Lo que si es útil saber es que el Dow subiendo o bajando más de mil puntos un día no necesariamente una buena noticia. No quiere decir que la caída de los mercados se está revirtiendo y que ha llegado el momento de comprar. Ha habido ocasiones, como en el 2000, que una volatilidad bárbara fue signo de un horrible desfonde posterior de los mercados. Extraer señales de la mayor subida en la historia del Dow Jones en términos de puntos, como el que vimos la semana pasada no debe significar el inicio de un rally, pues en el pasado volatilidades comparables se han aparejado con desplomes de los mercados.
Trump ha dañado a la Fed y al libre comercio:dos de los más sólidos sustentos del orden liberal global han sido atacados por quien solía ser su principal guardián y promotor, el presidente de los Estados Unidos. El ataque sistemático y rabioso de Donald Trump en contra de la libertad de comercio y la política monetaria independiente de la Fed son sin duda factores que están detrás del abatimiento de los mercados de los últimos meses. Esta tendencia probablemente continúe, pues a menos de que lo defenestren (y es posible), a Trump le restan casi dos años para seguir erosionando la independencia de la Fed y el libre comercio, sobre todo con China (que le ha dado a la manufactura estadounidense una competitividad que no tenía).
El regreso de los Fed Watchers:solía existir una profesión sofisticada y prestigiosa: el Fed Watcher, aquél economista encargado de predecir y auscultar las acciones y la dirección de la Fed. Pero en 2008-2009 cuando las tasas se fueron al cero por ciento, y desde el 2015 a la fecha, cuando la Fed ha subido un cuarto de punto porcentual en cada reunión, ser un Fed Watcher se convirtió en una profesión somnolienta.
Pero la emoción ha regresado. Cuánto más suba la Fed sus tasas de interés, y cuál sea la razón por la que se detengaserá quizá el dato económico y financiero más importante del 2019.  
Si nos atenemos a lo que la propia dirección de la Fed ha deslizado, entonces nos faltan un par de alzas para que la tasa de interés llegue a un nivel neutral, y allí se estacionará. Eso es lo que esperamos todos y ojalá se logre.
Pero la acusada volatilidad de los mercados está enviando una señal de preocupación. Nuestra lectura es la siguiente: están preocupados de que el actual nivel de tasas, aunado al pesado riesgo que implica el asalto de Trump al orden liberal, sea ya restrictivo. Si no estuviera Trump quizá la Fed podría subir un par de veces más, pero bastante riesgo mete Trump como para que encima sigan subiendo.
Si los mercados tienen razón, entonces las dos alzas previstas de la Fed serán ya restrictivas, y los mercados pueden cerrar el 2018 y abrir el 2019 en una nota amarga, obligando a la Fed a reaccionar antes (por ello vale la pena repasar la lección de enero del 2000). Y esto es siempre y cuando no haya inflación, porque las dos últimas dos décadas el gran monstruo ausente ha sido la inflación. Pero algún día regresará.

domingo, 23 de diciembre de 2018

Los Mercados: Se Puso Feo, Pero Todavía Falta

En este espacio hemos insistido desde hace tiempo en el riesgo que presentaban estos mercados que parecían un baño de burbujas: el petróleo, las criptomonedas, los bonos chatarra, las acciones marihuanas, todas resultaron ser lo que muchos sospechaban, burbujas especulativas que tronaron. Pero de octubre a la fecha la mayor de las burbujas parece estar reventándose: el mercado mismo. A diferencia de la horrible crisis del 2008-2009, en donde la burbuja estuvo muy focalizada, esta es mas ubicua, y parece estar reventando en etapas.
Luego de alcanzar un máximo histórico en septiembre, Wall Street tuvo un feo octubre, tuvo un alentador noviembre, pero está teniendo uno de los peores meses de diciembre de la historia en cuanto a rendimiento de las acciones y de casi todos los activos financieros.
A lo largo de varios meses en esta columna hemos tratado de comunicar la fuente del riesgo de lo que está ocurriendo. Hay varios responsables, pero el más importante es el retiro gradual, cuidadoso, pero inevitable, de la gigantesca expansión de liquidez que la Fed inyectó desde 2008 hasta el 2015-2016. Esto se traduce en tasas de interés más altas en prácticamente todo el mundo, y en menor liquidez en los mercados de dinero del planeta.
Sobre este riesgo madre han gravitado otros que han agravado la destrucción de valor que hemos visto de octubre a la fecha: el proteccionismo de Trump contra todos, especialmente contra China; el desplome de los precios del petróleo y su efecto sobre el petróleo shale; y los diversos problemas europeos como el Brexit y la cólera italiana contra la Eurozona.
Pero la matriz de riesgos anterior se ha complicado recientemente con la furia abierta de Donald Trump contra el jefe de la Fed, Jerome Powell. Justo en febrero de este año escribíamos (https://www.dineroenimagen.com/2018-02-05/95687): “Trump quizá piense que Powell se la debe, y si se le ocurre discrepar de la Fed y encabritarse cuando ésta siga subiendo tasas desfondando su precioso rally en los próximos meses, el mercado de bonos no tendrá piedad e izará las banderas rojas alertando a todos de que no va a permitir que el capricho populista arruine el delicado equilibrio del mercado.”
El desenvolvimiento reciente de los mercados parece haber validado nuestra advertencia de febrero, pero Trump parece ir más allá y varios medios financieros estadounidenses han reportado incluso la posibilidad de lo imposible: que Trump esté buscando la remoción del Jefe de la Fed, algo que no ha ocurrido nunca y que de materializarse (de veras, ojalá y no), introduciría en la ecuación un riesgo desconocido y difícil de valuar: el fin de la independencia de la Fed como la hemos conocido hasta hoy.
Trump ha expresado de manera grosera su oposición al ejercicio de la independencia del banco central. En su delirio megalómano quiere coartar dicha independencia, la cual es la piedra fundante de los mercados financieros globales. Todos los mercados del mundo funcionan bajo el supuesto de que la Fed, aunque el mundo a su alrededor se derrumbe, mirará siempre al largo plazo y velará por lo que es mejor para la economía y la moneda. Mas si osare un extraño Trump profanar con su planta el suelo de la independencia de la Fed, los mercados reaccionarían quizá de manera muy violenta, especialmente el mercado de bonos, el cual es visto siempre como el remanso de seguridad cuando los otros mercados caen, y que dejaría de serlo si Trump profanase a la Fed.
La bolsa mexicana ha perdido cerca de 14% en el año, y la instancia monetaria agresiva del Banco de México ha protegido al peso, el cual ha tenido en lo que va del año incluso una ligera apreciación frente al dólar. Los precios de los activos han caída fuerte, y la semana pasada cerró incluso con el índice más fastuoso del rally reciente, el Nasdaq, ya en territorio “bear”, un indicador que los inversionistas ven siempre con temor. 
Hay que estar muy atentos: la Fed aún tiene uno o dos alzas de tasas en puerta, y si las ejecuta quizá la curva de plazos acabe por invertirse. Si eso ocurre los riesgos de recesión y de desplome de mercados aumentan, así que en ese escenario posible el mercado, que ya se puso feo, podría ponerse todavía peor.

domingo, 16 de diciembre de 2018

Los Mercados, Los Ricos Y Los Poderosos

Si alguien manejara los mercados, éstos no caerían nunca. A nadie le gusta perder. El hecho de que caigan atestigua una realidad de Perogrullo: los mercados no responden a nadie, y se mueven por sí solos. Nadie, por rico, poderoso o inteligente que sea, lo es tanto que puede mover o anticipar a los mercados de manera consistente. Cualquier inversionista (o que quiere serlo), debe de aceptar esta irremediable verdad.
Si el año acabara hoy, los mercados tendrían su primer pérdida anual desde el 2008, y su segundo año negativo desde el 2002. No es poca cosa entonces. Medidos por el índice insignia, el S&P 500, los mercados estarían por cerrar el ejercicio en rojo, acosados por los barruntos de guerra comercial, la caída de los precios del petróleo, el Brexit, y la volatilidad italiana en Europa. 
Difícilmente haya alguien en el mundo más poderoso que el presidente de los Estados Unidos. Donald Trump, de manera consciente y pública, ha hipotecado su suerte y legado al destino de las bolsas de Wall Street. Bajó impuestos, desreguló el sector financiero, ha regalado impuestos públicos a favor de las corporaciones con tal de que los mercados suban, razonando que los votantes irán allí donde vayan los mercados. Pero ni él ha sido capaz de evitar que los mercados se desplomen este año y están por registrar las primeras pérdidas en una década. 
Ni los poderosos, ni los ricos, ni los listos mueven los mercados. Este año es una muestra muy ilustrativa de dicha afirmación. ¿Si ninguno de ellos los mueve? ¿Quién los dirige entonces? La respuesta es: nadie. Los mercados se mueven solos. Un mecanismo azaroso, desconocido y quizá imposible de desentrañar, describe cómo los precios de los activos financieros se comportan.
Justo por ello, porque no es posible saber cómo se van a mover, cómo van a responder, hay que tener mucho cuidado con los mercados. A los ricos es fácil complacerlos, ellos buscan riqueza; a los poderosos es fácil tenerlos contentos, basta darles poder. A los mercados es difícil conformarlos: ellos quieren la menor incertidumbre posible, la mayor transparencia, y ni siquiera eso es garantía de que vaya a ser suficiente (aunque si es necesario).
Con los ricos, con los poderosos, se puede negociar. Sentarse con ellos a la mesa, y como el Reino Unido lo está haciendo con la Unión Europea, acuerdan condiciones que les complazca. Trump le regaló a los ricos de su país (él incluido) un montón de dinero al recortarles significativamente los impuestos hace dos años. Los ricos estadounidenses deberían de estar felices, su presidente les dio un regalote. Pero no lo están, pues el grueso de su riqueza está en forma de acciones, y los mercados están a punto de cerrar con pérdidas este año como lo mencionamos en el inicio. Los ricos están sufriendo al ver las pérdidas en sus acciones, a pesar de que están pagando menos impuestos.
Los mercados parecen razonar de la siguiente manera: “sale, a mis accionistas les redujeron sus impuestos y tienen más dinero. Bien por ellos. Pero eso significa que el tesoro de los Estados Unidos tendrá menos dinero, y para financiarse tendrá que pedir más deuda, y si emite más bonos tendrá que pagar tasas más altas, y a mi, el mercado, pocas cosas me disgustan tanto como las tasas altas”.
Lo que le gusta a los ricos (menos impuestos), no necesariamente le gusta a los mecados. Si el tesoro estadounidense tuviera superávit entonces el recorte impositivo no tendría quizá un impacto sobre las tasas. Pero el tesoro ya está en déficit, y el recorte de impuestos está empeorando las cuentas fiscales estadounidenses a una velocidad rauda.
La palabra “mercados” describe muy bien el mecanismo que gobierna los precios. Es un lugar abierto en donde hay muchos vendedores que buscan atraer a muchos compradores y en donde nadie dice cuánto deben costar las cosas. Quienes participan en los mercados son profesionales muy sofisticados, con enorme influencia y poder, pero que individualmente no tienen un peso definitivo. Los mercados son como una ola, una fuerza sin rostro y caprichosa. Y todos aquellos que gustamos de nadar en el mar sabemos que no hay que confiarse mucho cuando nos metemos al agua.

domingo, 9 de diciembre de 2018

Los Mercados Entran En Zona de Corrección: ¿Qué Sigue?

A los mercados le gustan los números redondos, suele decir mi maestro Raúl Feliz. Y lo que vimos la semana pasada es la constatación de dicho adagio. En la peor semana desde marzo de este año, el principal índice del mercado concluyó en un nivel 10.1 por ciento por debajo de su nivel máximo histórico registrado el 17 de septiembre pasado. Este nivel se supone que es importante porque es el marcado por la cultura financiera popular como “el nivel de corrección”.
Los financieros dicen que un mercado se encuentra en “nivel de corrección” cuando baja más de 10 por ciento respecto de su nivel máximo. Justo allí cerraron los mercados el viernes pasado, y los futuros de los índices muestran que el lunes los mercados seguirán hundiéndose, al menos en la apertura. 
¿Por qué es esto importante? Además de porque una caída de más del 10 por ciento en los portafolios ya comienza a doler, la marca siguiente de acuerdo con la superstición financiera es una caída del 20 por ciento, el cual marca el inicio del muy temido “bear market”, o mercado bajista, el escenario más temido por los inversionistas porque típicamente representa un período prolongado de rendimientos negativos, o alternativamente, el inicio de una corrección muy severa de los mercados.
Aquí en este punto, en la franja entre la corrección y el mercado “bear” o bajista, es en donde intervienen tantos factores que dejan claro que la economía y las finanzas no son una ciencia, sino una disciplina borrosa, supersticiosa, y poco rigurosa, lindando con la psicología, la biología, el pronóstico del clima, el cubilete y la lectura de las sobras del café.
No haya nada científico ni riguroso en el hecho de que el mercado, al estar en “terreno de corrección” como amanece este lunes, vaya a rebotar o vaya a enfilarse hacia territorio bajista. Ningún economista o financiero medianamente serio se atrevería a pronosticar de manera inequívoca, hacia donde va el mercado, luego de diez años ininterrumpidos de alzas imparables. Lanzar u volada, leer, las líneas de la mano, o un horóscopo de una revista del corazón tiene tanta capacidad predictiva sobre los mercados para las próximas semanas, como el mejor modelo matemático del banco más sofisticado de Wall Street.
Dicho lo anterior, que no es mucho decir, lo que si podemos decir es lo siguiente: que la probabilidad de que los mercados sigan a la baja, acelerando su caída, es alta, pues la regularidad estadística de que a periodos largos de altos retornos le siguen períodos de bajos retornos, está muy enraizada en la historia de los mercados.
El modelo de comportamiento desarrollado por Robert Schiller, alrededor de su ratio precio/ganancias ajustado por el ciclo (P/E de Schiller), parece describir de manera adecuada la historia de los mercados: a una época prolongada de acciones caras, como la que hemos vivido los últimos cinco años, le sigue un período relativamente largo, de acciones baratas, medidos por el P/E.
Hay muchos indicadores preocupantes: los indicadores del sector financiero y de transporte están ya acercándose a zona de mercado bear. El alza de los índices de los últimos tres años se concentra en una conjunto de no más de diez acciones, con las restantes 490 acciones del S&P 500 teniendo un comportamiento bajista. Las tasas de interés de corto plazo han estado subiendo, afectando a aquellas acciones, como las tecnológicas, que son muy sensibles al retorno de corto plazo ofrecido por las tasas de interés.
Y luego está el tema de la curva de plazos, o la curva de rendimiento, de la cual nos hemos ocupado en este espacio de manera repetida en el pasado reciente.  Excelsior ha sido prácticamente el único medio en México que de manera metódica ha estado advirtiendo al público inversionista local, y en español, de la importancia de vigilar los movimientos de la curva de plazos o de rendimiento, dado el efecto que tiene sobre la economía y los mercados.
El problema de que los mercados estén en “zona de corrección”, es que coincide con la inversión de la curva de rendimiento, lo cual en el pasado se ha correlacionado con recesiones y mercados bajistas. El nuevo gobierno y el Banco de México deben poner atención: si bien  no hay nada escrito en piedra, las señales que está enviando el mercado son similares a algunas señales que ha enviado en el pasado, y lo que siguió después no fue de lo más agradable.

domingo, 25 de noviembre de 2018

¿Fuma Mariguana? Pague IEPS

El consumo de mariguana no estará completamente oficializado hasta que pague impuestos. Y no únicamente debe de pagar el impuesto normal para el consumo, el IVA, sino que debe de pagar un impuesto especial por tratarse de un bien peculiar. El debate sobre la necesaria legalización de la mariguana ha sido muy extenso y minucioso, con las partes a veces polarizadas respecto de los beneficios de la misma. Pero a mi me gustaría escuchar algo muy sencillo: ¿cuál es la tasa de IEPS que se le cobrará a su consumo y cómo se va a recaudar?
Los impuestos son la forma en que el Estado se financia para intentar alcanzar el bien común. Por eso la corrupción de funcionarios públicos es económicamente ineficiente: nos impide alcanzar el máximo nivel de bienestar público para un nivel de recaudación dada. De hecho la penalidad óptima para la corrupción debiera ser el valor del nivel de bienestar público que no pudo ser alcanzado por el peculado.
Existe entonces una primera función para los impuestos: financiar al Estado, ese conjunto de instituciones diseñado por los votantes para que los lleve a un mayor bien común. Para ello existen dos impuestos fundamentales: el de ingresos o renta, y el de consumo.
Gravar el consumo y los ingresos tiene un fin netamente recaudatorio. Busca financiar el presupuesto público mediante el gravamen de dos fuentes de recursos de las familias y empresas. Existe también un tercer grupo de impuestos importantes para el financiamiento público, sobre todo para los gobiernos locales: los impuestos a los activos/riqueza de las personas, que usualmente son parciales (la tenencia, el predial, impuestos a vehículos, etc.).
Pero existen unos impuestos especiales cuyo fin no es primordialmente recaudatorio, sino que busca inducir en los consumidores, mediante el sistema de precios, un comportamiento deseable para así maximizar el bien común, como debe de hacer todo Estado. Por supuesto que el Estado recauda ingresos por esa vía, pero son necesarios para financiar los efectos sociales causados por el consumo de los bienes sobre los cuales se imponen dichos gravámenes.
En términos económicos un impuesto especial se aplica a aquellos bienes o servicios cuyo consumo individual reduce el bienestar de terceros. Los economistas llaman a este fenómeno, un consumo con externalidades negativas.  Los impuestos especiales sirven entonces para que el Estado financie la remediación de esas externalidades negativas y podamos alcanzar el máximo nivel de bien común.
En México dichos impuestos especiales se agrupan bajo el acrónimo de IEPS (Impuestos especiales sobre producción y servicios) , y son un buen diseño fiscal para financiar la solución de los problemas que causa el consumo de los bienes y servicios gravados. El más famoso de los IEPS es el de gasolinas, que tiene el propósito de ayudar al estado a financiar las graves y vastas externalidades de la producción y el consumo de gasolina. El consumo de frutas, el ver una película, tomar una clase o comernos una tortilla, no tiene efectos sobre el medio ambiente y por lo tanto no afecta a terceros como si lo hace el consumo masivo de gasolina que realizan las economías modernas. Es por ello que los Estados suelen gravar con impuestos especiales a las gasolinas, y también a aquellos bienes que causan daños a la salud o que provocan adicciones que deben de ser tratadas.
El alcohol y el tabaco son los casos típicos de bienes cuyo consumo han sido sujetos a impuestos especiales, pues su consumo, realizado por una parte minoritaria de la población, puede crear la necesidad de una política pública para atender a dichos consumidores y por lo tanto es equitativo que quienes no consumieron tabaco y alcohol no financien sus efectos sobre sus consumidores. Los impuestos especiales a bebidas azucaradas caen también en este caso.
El consumo de drogas suaves quizá cause efectos sobre la salud. O quizá el Estado juzgue adecuado desincentivar su consumo mediante el mecanismo de precios, buscando inducir un buen comportamiento entre sus ciudadanos. Despenalizar el consumo de la mariguana es un primer paso para su legalización, el circuito completo implica determinar de qué tamaño será el IEPS, cómo se recaudará, y cómo se distribuirán (entre la Federación y los Estados y Municipios), los ingresos resultantes. Así es que la discusión apenas comienza.