domingo, 20 de mayo de 2018

Karl Marx Viste Givenchy

Decir que el mundo cambia es una perogrullada. Cambia a cada minuto y cada día cambia más rápido. Pero si nos detenemos un momento y nos apartamos de la vorágine y vemos el mundo pasar frente a nosotros, da la impresión que no cambia tanto como parece. La economía mundial es muy similar a aquella que diagnosticó Karl Marx hace ciento cincuenta años, y los ciudadanos comunes seguimos sintiendo una rara fascinación por el vestido de novia de una princesa inglesa, la cual, fiel a sus orígenes normandos de hace más de mil años, usó una prenda francesa en su boda.
Un noble francés, Guillermo de Normandía, conquistó por última ocasión las islas británicas en el año 1066, instalando una dinastía normanda en el trono de Inglaterra. La Casa Real inglesa actual, cuyo escudo imperial ostenta una leyenda francesa (“Dieu et Mon Droit”, “Dios y mi Derecho”) es descendiente de aquella casta de conquistadores normandos, los cuales con el paso del tiempo dejaron de ser franceses y un buen día despertaron ingleses, conformando así una oposición franco-británica que ha sido central para la historia política y económica de Europa y del mundo.
La boda del príncipe Enrique y la plebeya Megan Markle es una muestra de cómo sobreviven rasgos feudales en la cultura moderna. 
El gran atractivo del capitalismo es la democratización de las oportunidades: en la sociedad feudal la riqueza y el poder se heredaban, era necesario tener la sangre correcta; en el capitalismo estas se obtienen con el capital, independientemente de los genes. La historia del capitalismo moderno, tan bien retratada por Marx, es la disolución de la holgazana casta feudal y la ascendencia de los emprendedores que con su talento, invención, abusos y trampas, acumularon en el comercio, la industria y las finanzas, hasta que el capital se convirtió en el parámetro que ordena la sociedad moderna.
Pero el atractivo de princesas plebeyas casadas con príncipes es la nostalgia por el poder absoluto. La acumulación de capital, tan acendrada en las últimas décadas, ha profundizado las diferencias entre ingresos y riquezas de los deciles más altos de la población respecto al resto. Difícilmente un rey o emperador feudal tuvieron la riqueza y el poder sobre el mundo que tienen hoy Jeff Bezos, Bill Gates, o Warren Buffet. El gran libro de Thomas Piketty “El Capital. En El Siglo XXI” (Con un inocultable guiño a Marx), hace de esa profundizada desigualdad su tema principal, pues ese rasgo de la economía actual es uno de los más inquietantes y difíciles de resolver.
Cierto, las diferencias entre ricos y pobres ya no dependen, en principio, de la sangre, sino del cerebro y el esfuerzo, pero Piketty muestra cómo los ricos siguen siendo ricos y los pobres no rompen su fatalidad, en una persistencia muy preocupante para el desarrollo futuro de la economía mundial. El capitalismo fue exitoso cuando supo compartir los frutos del crecimiento, y así hacerse más atractivo que el régimen ineficiente e inviable que existía detrás de la cortina de hierro.
Pero una vez que el régimen soviético hizo evidente su inviabilidad y colapsó, el capitalismo moderno perdió el incentivo para convencer a los ciudadanos de sus bondades y ha mantenido los salarios e ingresos de los trabajadores bajos, a expensas de una proporción creciente de las ganancias en el producto nacional.
Marx, cuyo cumpleaños 200 se celebró hace un par de semanas, describió una economía que avanzaría impulsada por el progreso técnico, abriendo un mercado tras otro sin detenerse. Hizo ver que la desigualdad era inherente a la economía moderna, y que los incentivos a acentuarla producirían una respuesta de los trabajadores. Las tensiones resultantes del progreso técnico, la producción abundante de riqueza y la brecha patrimonial llevarían a crisis periódicas en donde el capitalismo se ajustaría para seguir avanzando en su marcha.
Nunca he entendido a quienes explican la economía sólo a partir de Marx. Es imposible, máxime cuando la disciplina economica ha producido avances colosales en el último siglo. Pero los rasgos generales que describió son válidos hasta hoy, si no pregúntenle a estos mercados que luego de un colapso épico que borró billones de dólares de riqueza en la espantosa crisis de 2008-2009, una década después parece como si nada hubiera ocurrido y su preocupación gira en torno al vestido Givenchy de la princesa inglesa. Hasta que la siguiente crisis nos haga recordar a Marx de nuevo.

sábado, 19 de mayo de 2018

Domingos Rancheros: Tres Versiones De Las Nieves De Enero

La fortuna es curiosa. Mario Molina Montes fue un compositor veracruzano, nacido en Alvarado en 1921, que tuvo una carrera importante en la música popular mexicana. Compuso algunas canciones rancheras conocidas. Con el paso del tiempo compuso baladas y sus canciones se interpretaban en el Festival OTI y otros.

Pero la fama arrolladora le llegaría muchos años después, ya muy cerca de su muerte, cuando ya muy pocos sabían de él.

Mario Molina Montes es el autor de "Las Nieves de Enero".

Que alguien de Alvarado escriba una canción con ese título ya es un prodigio, digamos. No creo que desde el pleistoceno o antes haya nevado por allá. Pero la letra y la música son bellísimas: cándida la primera y sentida y lánguida la segunda. La letra habla de ir a ver a la Virgen, de casamientos, de una novia rejega y de una frustración casi lírica. La música es un vals cadencioso, y en casi todas sus versiones, anodino. Y quizá esto último sea lo que importe.



"Las Nieves de Enero" han sido grabadas por muchísimos cantantes. De entre ellos dos verdaderos colosos: Antonio Aguilar y Miguel Aveces Mugía (los polivoces dixit) tienen sendas versiones hermosísimas, ambas rancheras y con arreglos de mariachi distintos: la versión de Don Toño más compleja y acabada, la otra casi es un corrido de monte pero con la tremenda voz de MAM.



Pero la gran versión es quizá la de Chalino Sánchez.

El cantante sinaloense vivió una vida furiosa y despiadada, y en los pocos años que vivió le alcanzó para renovar el corrido y rehacer viejos clásicos. Entre ellos este, al cual rescató del olvido y de la medianía, para convertirlo en un tótem del corrido norteño.



Quizá sea la voz inclasificable de Chalino; quizá el compás sumamente largo y aplazado con la que lo canta; o quizá ese bellísimo acordeón que desde el inicio y hasta que la rola acaba, lleva a "Las Nieves de Enero" a alturas que quizá don Mario Molina Montes nunca imaginó.

¿Cual de las tres prefieren?

P.D. El video de Chalino es particular. Fue su último concierto, en Culiacán. Junto con su grupo, Los Amables del Norte (un gran conjunto). Poco después de cantar esta canción le llegaría una nota, que lee nervioso. Termina el concierto y sale a su muerte.

sábado, 12 de mayo de 2018

El TLCAN Es Inevitable (Aunque Fracase)

¿Qué pasaría si al fin del actual ciclo de negociación no hay un nuevo TLCAN firmado? Las implicaciones pueden ser muy serias: el peso podría sufrir una aguda depreciación; la inversión extranjera directa se detendría en el corto plazo; y las empresas que por más de dos décadas han jugado con las reglas claras del TLCAN actual sufrirían un trastorno de sus costumbres cotidianas y por lo tanto la economía mexicana podría sentir un bache. Pero en el mediano y largo plazo la integración de las economías de Norteamérica es irreversible.
Las materias primas de Canadá; el capital y la tecnología de los Estados Unidos; el trabajo y la geografía estratégica de México constituyen una combinación que no tiene paralelo entre los bloques económicos mundiales. Ni Europa, ni el Este de Asia tienen esa combinación de recursos para poder enfrentar a sus rivales económicos en el mundo. Norteamérica es una combinación única de factores que han sabido combinarse las últimas dos décadas para presentar un frente económico difícil de vencer.
Por supuesto, dicho bloque económico es asimétrico: la economía estadounidense juega un rol desproporcionadamente importante en la ecuación. No sería aventurado decir incluso que, en términos económicos, sus vecinos son jugadores complementarios y son compañeros estratégicos en la marcha del coloso americano por la economía global. Pero solo la ceguera de Trump y sus acólitos lo podrían negar: sin Canadá y México, la economía de Estados Unidos no sería lo que es, y sectores enteros habrían sido ya avasallados por la competencia alemana, china o japonesa, y el nivel de vida de sus ciudadanos sería distinto sin el Nafta.
Existe una discusión muy interesante pero que pierde de vista lo fundamental, y que gira alrededor de la siguiente pregunta: ¿Cuál de los tres países del TLCAN es el que más ha ganado en las más de dos décadas de vigencia del Tratado? Lo difícil de una respuesta a esa cuestión es que dependemos del contrafactual: ¿Quién hubiera perdido más si el TLCAN no se hubiera firmado nunca?
Creo que la respuesta para las dos preguntas del párrafo anterior es la misma: los Estados Unidos. 
Debido a las tallas respectivas, el TLCAN parece ser un tema marginal en la economía vecina y un factor de vida o muerte para Canadá y México. Pero en términos absolutos el impacto del Tratado es seguramente mucho mayor en el país del dólar que el impacto sumado de sus vecinos. El TLCAN no es una estrategia diseñada por y para México y Canadá. El TLCAN es más necesario y por lo tanto es cincelado y determinado por las compañías, la burocracia y los intereses de nuestro vecino del norte.
Si los Estados Unidos no quisieran el TLCAN, ningún estadista canadiense o mexicano, por muy visionario y persuasivo que fuera, habría sido capaz de imponerles el Tratado. El TLCAN es su necesidad y su diseño, y por lo tanto sus beneficios e insuficiencias les corresponden en la prelación continental.
Creo que la consciencia de lo anterior es absolutamente necesaria para definir la estrategia mexicana. Los países, incluso los Estados Unidos, se equivocan en sus decisiones, pero el modelo de sociedad y de Estado de nuestros vecinos ha demostrado históricamente que tales equivocaciones duran poco y suelen regresar a la senda liberal y globalista que les es innata. Si en este momento las circunstancias hicieron que un aldeano conservador diseñe la diplomacia política y económica de los Estados Unidos, es probable que en poco tiempo la tendencia globalizadora regrese a los asuntos del Estado en nuestros vecinos.
La convicción anterior no se debe, como en Tocqueville, a la creencia de una ideología superior de los estadounidenses. Sus valores democráticos y liberales han predominado porque proveen el marco adecuado para su geopolítica y su geoeconomía: implantados a mitad de los dos grandes océanos del mundo, y herederos del impulso europeo a la innovación y la competencia, el marco liberal es la herramienta necesaria para la expansión constante de la economía vecina.
No pueden escapar a su suerte. El liberalismo y la globalización son genéticos para los estadounidense, y el TLCAN es un engrane de esa gran maquinaria. Dicha maquinaria parece estar atascándose. Pero volverá a arrancar. Incluso si las actuales negociaciones fallan y no hay TLCAN, dicho fracaso será pasajero. No se le pueden poner puertas al campo: el TLCAN no es una idea mexicana ni canadiense, sino una necesidad estadounidense. Y regresará.

domingo, 6 de mayo de 2018

El Malestar De Las Divisas Emergentes Y El Banxico

En este espacio, y por varios meses ya, hemos insistido en que la siguiente mezcla de factores: el crecimiento sólido de la economía estadounidense, el déficit fiscal causado por el recorte de impuestos de Trump, y la normalización por parte de la Fed de sus tasas de interés, se conjugarían para producir un escenario particular para los mercados emergentes, y en particular para el Banxico: un dólar fuerte. 
La semana pasada vimos en México cómo la divisa vecina se disparaba y rompía la barrera de los 19 pesos por dólar. Muchos, erróneamente, achacaron la debilidad del peso a los vaivenes electorales locales, pero sin duda, y como la atestigua el desplome del peso argentino y del zloty polaco, las causas de la debilidad del peso son más complejas que las encuestas presidenciales y representan un rebalanceo de los riesgos financieros globales: el alza de tasas en EEUU está provocando el reflujo de fondos marginales de mercados emergentes hacia activos en dólares.
El caso de Argentina es dramático, y el despedazamiento de la moneda local sólo ha sido remediada por el alza en las tasas de interés del Banco Central hasta 40%, un nivel asfixiante para la economía, y que aún no parece suficiente para remediar del todo la sangría de flujos escapando de la economía austral hacia activos en dólares. Con el alza en las tasas de Estados Unidos, en todos los mercados emergentes (México incluido), está ocurriendo lo mismo que en Buenos Aires, la caspa de los fondos invertidos en moneda local está regresando al dólar, desangrando así a las monedas emergentes.
No todas las divisas emergentes sufren igual: aquellas con sólidos fundamentos como México, están soportando el rebalanceo de riesgos de mucha mejor manera que economías más frágiles como Argentina o Turquía. La estabilidad macroeconómica lograda por México es invaluable y nos permitirá sortear este rebalanceo sin perturbaciones agudas. Pero las habrá: la turbulencia seguirá en tanto las tasas en Estados Unidos no alcancen su nuevo nivel de equilibrio, lo cual llevará quizá los próximos doce meses al menos.
Las cifras de empleo para el mes de abril en Estados Unidos reportadas el viernes solo echaron sal a la herida: la tasa de desempleo estadounidense se hundió hasta el 3.9%, la menor en diecisiete años, confirmando los ingredientes para que la Fed repunte sus tasas de interés al menos tres veces más durante este año, comenzando con su sesión de junio.
Los mercados fueron implacables, y el dólar remontó contra prácticamente todas las monedas hacia un nuevo máximo del año. Pero lo importante es lo siguiente: la tendencia al fortalecimiento del dólar, como le hemos remarcado aquí, seguirá al menos unos meses. 
Déjennos dimensionar el tamaño del problema. Las tasas de interés se determinan por la oferta y la demanda de los bonos estadounidenses a los distintos plazos. El mercado en donde se compran y venden esos bonos es el mayor del mundo. Nada se compara en tamaño, liquidez e impacto con la talla y los indicadores del mercado de bonos de nuestro vecino. Si el gigante de los mercados se está acomodando, es natural que los cachorros, como los mercados emergentes, sufrirán de aguda volatilidad mientras el coloso encuentra una nueva posición estable.
Tenemos una ventaja: el balance macroeconómico de México es quizá el mejor para economía comparables, y el Banco de México hizo desde hace meses la tarea que bancos centrales como el de Argentina y Turquía apenas están realizando, acomodando las tasas locales de interés para absorber el rebalanceo del dólar con anticipación.
Tenemos suerte: el petróleo ha tenido un sorpresivo rally desde el inicio del año, por lo que el balance fiscal mexicano podría estar en mejores condiciones que las esperadas a inicios del año, y si los ingresos excedentes se usan para mejorar el balance, el rebalanceo del mercado de bonos estadounidense tendrá un efecto amortiguado sobre las variables locales.
Pero no nos equivoquemos, el rebalanceo está a todo lo que da. Estamos en plena reconfiguración de los flujos: las tasas remontan, la inflación está pegándose al límite del objetivo de la Fed, la tasa de desempleo está en mínimo de dos décadas y la expansión económica vecina goza de cabal salud en el corto plazo, mientras que el déficit fiscal de Trump comenzará a asomarse. Todo pinta para que los mercados estadounidenses reabsorban buena parte de los flujos que migraron a mercados emergentes en meses recientes, así que hay que virar el timón y prepararnos para que el viento nos sople en contra

sábado, 5 de mayo de 2018

Samedis Romantiques: La Tinta De Tus Ojos

Escribir un post tiene un punto de máxima complejidad: escoger el título. Una línea de palabras sonoras que llamen la atención y al mismo tiempo, capturen la idea del texto. Siempre es muy difícil: pero no esta vez.

En 1980, Francis Cabrel publica su tercer álbum: Fragile, y el segundo track tiene un título justo, pasmoso, limpio y difícil de superar: "La tinta de tus ojos".

"L'encre de tes yeux" es un clásico tardío de la Canción Francesa. No parece ser de 1980. Es tan auténtica que parece venir de la época de oro del género, y no de su última etapa, antes de que la Chanson Française fuera, como muchos otros géneros locales, avasallados por el hip hop.



La rola sintetiza lo mejor de la tradición de baladas francesa: una letra lindando con un poema romántico; preciosismo a dos pasitos de distancia lo cursi, sin serlo; pasión pasado por el lirismo, deseo disfrazado de galantería...y la voz de Cabrel.

Francis Cabrel ha vendido decenas de millones de discos. Es uno de los artistas más populares de la francófonía. Y sin embargo, vive en el mismo lugar donde creció, en un pueblito llamado Lot-et-Garone en donde ha sido concejal municipal por años, casado con su mujer desde 1974 y con tres hijos.

Les dejo este post de youtube: la versión original subtitulada en español. Para que sean atrapados por Francis Cabrel.

sábado, 28 de abril de 2018

Elegía Y Renacimiento Del TLCAN

El Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) tuvo un efecto geopolítico radical: convirtió a México de vecino, en un aliado de los Estados Unidos. El TLCAN disolvió la ideología de un reacio México post-revolucionario, basada en el nacionalismo de una economía cerrada, y en una visión de los Estados Unidos como un enemigo que perpetuamente amenazaba la soberanía del país. Tal sentimiento, enraizado en la historia de abusos históricos por parte de nuestro vecino del norte, se ha disuelto, y las generaciones nacidas de 1990 a la fecha no tienen el conflicto de conjugar su nacionalismo mexicano con la convivencia intensa con los Estados Unidos.
El viejo nacionalismo mexicano se construyó en oposición a Estados Unidos. El nacionalismo de los milenial es menos complejo. La geografía, el idioma y la cultura determinan su ser nacional: la oposición a la cultura, el idioma y los bienes y servicios provenientes del norte ha desaparecido. No hay conflicto entre su identidad nacional y el consumo de la cultura estadounidense, la cual, en la era de internet, es apenas un insumo (quizá el más importante), en la conformación de la identidad cultural de la mitad de los mexicanos.
Los milenials no lo supieron entonces, pero una economía cerrada como era México antes del TLCAN, es significativamente menos productiva y eficiente que una economía abierta. Las materias primas canadienses; el capital y la tecnología estadounidense; el trabajo y la geografía mexicanas; se complementan para construir un potentísimo jugador en la economía global. Pero el mundo cambió enormemente desde su firma hasta hoy, y es necesario hacer un mejor TLCAN.
Cuando se firmó el TLCAN acababa yo de salir de la universidad, y era una avis rara entre mis amigos por ser partidario del Tratado. Lo sigo siendo por supuesto. Siempre será mejor una economía abierta y el libre intercambio de bienes, servicios e ideas, que la autarquía. Los humanos somos seres abiertos por naturaleza, no podemos estarnos quietos. Las artificiales barreras económicas y políticas limitan nuestra condición.
Pero ya entonces, y ahora más aún, es necesario insistir en las insuficiencias del TLCAN. Existen muchos efectos negativos del Tratado. El primero es que profundizó la distancia en el desarrollo económico del norte y del sur del país: el anchísimo norte se convirtió en una eficiente plataforma logística y taller de mano de obra barata para la economía integrada de Norteamérica, mientras que el sur siguió atascado en una economía de baja productividad, con infraestructura insuficiente para integrarse al mercado global, e incapaz de dar el jalón definitivo a la convergencia.
Algunos economistas entonces pugnaron por incluir mecanismos de convergencia de México hacia Estados Unidos, y esa presión logró el establecimiento del banco de desarrollo de Norteamérica, el Nadbank. Buena idea pero el diseño es erróneo. El Nadbank sólo financia proyectos a doscientos kilómetros de la frontera norte, cuando lo importante es integrar los dos mil kilómetros que faltan hacia el sur. El TLCAN, exitoso para muchas industrias y amplias regiones del país, ha acentuado la brecha entre un México integrado a la economía global y extremadamente competitivo, y un México que no es muy distinto al que existía antes de la firma del Tratado.
El otro aspecto crítico del TLCAN es la ausencia de convergencia salarial. Si comparamos la productividad laboral mexicana en aquellos sectores y regiones beneficiados por el TLCAN es evidente que son muy superiores al aumento de los salarios correspondientes. El modelo debería de evolucionar de una economía basada en bajos salarios a una basada en la educación y la productividad laboral con salarios convergentes hacia los de Estados Unidos y Canadá. Así ocurrió en Japón, China y el sureste asiático. No ha sido el caso de México claramente, y en esta reescritura del TLCAN debería de ser la apuesta de largo plazo.
Hay un tercer efecto indeseado. Necesariamente polémico porque no es fácil de medir, y es debatible su causalidad. Pero al menos yo estoy convencido. El TLCAN es el principal factor detrás del disparo en el índice de obesidad de los Mexicanos. Al adoptar el american way of life empaquetado en el Tratado, los consumidores mexicanos fueron seducidos por la comida barata, rápida y de alto contenido de proteínas y grasas de los estadounidenses. El consumo de frijol y tortilla se desplomó de 1994 a la fecha, y el de pizas y hamburguesas se disparó. Esa fue la elección de los consumidores. Es imposible regular ese comportamiento de los consumidores en cláusula alguna de un TLCAN. El TLCAN no es el culpable de nuestros altísimos índices de obesidad (cada consumidor lo es): pero si es la causa.

domingo, 22 de abril de 2018

¡Alerta Jóvenes: Curva A Punto De Invertirse!

La curva de rendimiento de los Estados Unidos se ha aplanado, y corre el riesgo de invertirse. Si esto ocurre la regularidad estadística sugiere que los riesgos de una recesión en la mayor economía del mundo han franqueado un umbral peligroso. Los mercados lo saben y están preocupados, pues en el pasado la inversión de la curva ha sido seguida por caída de los mercados y recesiones. Hemos escrito varias veces de esto en el pasado en este espacio, y hoy trataremos de explicar esta introducción quizá demasiado técnica. Así que paciencia por favor porque este es el tema más importante de la economía actual.
La curva de rendimiento es la relación entre la tasa que pagan los bonos a distintos plazos. Normalmente los bonos de largo plazo tienen un rendimiento mayor que los de corto plazo para compensar por el riesgo de inflación y otros. Pero en estos momentos la diferencia entre los rendimientos del bono de 2 y el de 10 años en Estados Unidos está en los mínimos desde 2007, justo antes de que explotara la espantosa crisis financiera de 2008-2009 y los mercados se hicieran añicos.
Si los bonos de corto plazo tienen un rendimiento mayor a los de corto plazo (una curva invertida), quiere decir que las tasas de corto están subiendo (por miedo a un repunte inflacionario, por ejemplo), y las tasas de largo plazo están bajando (por expectativas de que la economía vaya a debilitarse significativamente, por ejemplo). 
Eso es justo lo que parece estar ocurriendo en estos momentos en el poderoso mercado de bonos: temores de que luego de un largo letargo la inflación comience a subir tienen a la Reserva Federal en modo restrictivo, subiendo tasas de corto plazo, por un lado; y por el otro, los inversionistas parecen apostar a que mayores tasas debilitarán en los próximos trimestres al crecimiento por lo que en el futuro las tasas deberán bajar.
Sobra decir las consecuencias de este escenario: si la Fed sigue subiendo tasas de corto plazo, y si los Estados Unidos entran en cualquier recesión, México, los países emergentes y el mundo entero, sufrirán los efectos. Así que es muy importante que sepamos leer lo que los mercados parecen estar diciéndonos. 
Creo que el indicador económico más importante de este momento para México es justo la pendiente de la curva de plazos estadounidense: la diferencia entre los rendimientos del bono de 10 y el bono de 2 años. ¿Cómo es posible que ese indicador tan esotérico sea tan importante para el mundo, México incluido? ¿Y cómo le hacemos para comunicarlo al público? ¿Cómo explicarles que un número esotérico puede estar dirigiendo su destino colectivo e individual en los próximos meses?
El riesgo de inversión de la curva y sus posibles consecuencias han sido reseñados en esta columna varias ocasiones en el pasado reciente. Por alguna razón toda recesión económica estadounidense ha sido precedida por una inversión. Los economistas sólo han acertado a responder el cómo, pero no el por qué.  Saben que cuando se invierte la recesión es casi inevitable. Tienen una explicación (la que dimos en el párrafo introductorio) de cuales son los factores que lo explican. Lo que no saben es por qué.
¿Cómo es posible que millones de inversionistas en todo el mundo, sin conocerse ni ponerse de acuerdo, logran anticipar sin saberlo, el ciclo económico de los Estados Unidos mejor que ningún economista, brujo, o pronosticador? Si algún fenómeno económico merece la figura de la “mano invisible” es el comportamiento del mercado de bonos. Nadie lo mueve, nadie lo dirige, y sin embargo, de manera misteriosa y sorprendente, el mercado de bonos ha logrado anticipar las recesiones estadounidenses con una precisión sin paralelo.
¿Si la curva se invierte, es inevitable que sobrevenga una recesión? Así ha sido en el pasado, pero no existe ninguna ley que así lo obligue en el futuro. La economía necesita ser una disciplina probabilística. Sólo podemos hablar de escenarios posibles. La inversión parece inminente, la curva está muy plana, y los inversionistas se están comportando como el libreto dice que se deben de comportar: como en una profecía autocumplida. Sólo nos queda levantar la bandera amarilla y sonar la alarma: la curva está cerca de invertirse (o ya lo hizo). Preparémonos para lo que venga.