domingo, 12 de mayo de 2019

China Vs Estados Unidos Y La Dialéctica De Las Patadas

La economía China moderna es una invención de los Estados Unidos para aprovechar su gigantesca reserva laboral y bajos costos para maximizar los beneficios de su industria. China fue la herramienta que la manufactura estadounidense usó para reponer la competitividad que estaba perdiendo a un ritmo alarmante. Pero en un desarrollo predicho, entre otros, por GFW Hegel, el amo está ahora en mano del esclavo, y la guerra comercial de Trump es el intento del amo de recuperar su estatus dominante, lo cual no ocurrirá como Trump lo tiene pensado.
Cuando dos elefantes pelean las crías corren peligro de ser aplastadas por los colosos en disputa. Si las dos mayores economías del planeta se enfrentan en una guerra comercial, puede haber consecuencias inesperadas y daños colaterales. En el caso de México por ejemplo, el enfrentamiento sino-estadounidense se ha agregado a la mezcla de riesgos que mantienen una tasas de interés más alta de lo debería. La semana pasada la disputa refutó a aquellos que esperaban una solución pronta, por lo que vale preguntarse qué puede pasar en el futuro cercano.
Empecemos por el final. ¿China y los Estados Unidos lograrán un acuerdo comercial de algún tipo? ¿O las pláticas se romperán y veremos muros arancelarios levantarse en sendas riberas del Pacífico?
Los mercados están apostando el resultado previsto por los economistas y matemáticos que se conoce como “equilibrio de Nash”. Los dos colosos saben que las pérdidas de un no-acuerdo serían tan grandes que aunque tengan que sacrificar su ganancia máxima, se contentarán con una ganancia promedio que evite las pérdidas resultantes de un no-acuerdo. 
El resultado anterior es el más probable, y por el que los mercados y la economía están apostando. La sabiduría popular sintetiza este “equilibrio de Nash” como un perro que ladra pero no muerde. Donald Trump es un bravucón que amenaza y propina golpes bajos pero sin romper las negociaciones, porque sabe que romperlas implicaría que su principal logro: un rally poderoso de las bolsas de valores, se despedazaría si se desata una guerra comercial en forma.
Pero China conoce bien a Trump y sabe que en esta negociación, la democracia es una desventaja para él, y que la democracia no es una restricción para el gigante asiático, así que lleva una ventaja sobre el neoyorquino. China sabe que Trump puede estirar la cuerda pero que no está dispuesta romperla porque está preso en la trampa en la que que él mismo  se puso: vender a los electores el rally de Wall Street como su principal logro. China sabe que Trump sabe que quien más tiene que perder en el corto plazo es Trump mismo, y eso significa que China puede arriesgar más que Trump en la negociación.
El equilibrio de Nash que Wall Street está descontando alegremente tiene dos riesgos de no materializarse: el primero es que Trump sea más tripas que estrategia, y que sea capaz de tomar las pérdidas con tal de satisfacer su ego y mostrar a sus electores que “castigó” a China poniéndole aranceles a sus exportaciones. Pero si la demanda por un bien es inelástica (poco sensible al precio o que no tenga sustitutos), los aranceles acaban siendo pagados por los consumidores, así que los electores de Trump quizá acaben castigándolo a él cuando él piensa que castiga a China.
El segundo riesgo es que para China las pérdidas de corto plazo de los aranceles de Trump sean menores que las ganancias de largo plazo. De corto plazo la guerra comercial ya tuvo un resultado: México se convirtió en el principal socio comercial de Estados Unidos, al buscar los estadounidenses un proveedor sustituto de los bienes chinos. Estamos entonces en mitad de las patadas.

miércoles, 8 de mayo de 2019

Economía Mexicana: ¿Qué Ocurrió En Marzo? ¿La Frontera?

Los datos oportunos del PIB del primer trimestre en México mostraron una economía sin crecimiento: en la comparación interanual la variación fue de +0.2%, mientras que la intertrimestral fue de -0.2%. ¿Cuál es la cifra adecuada para analizar el estado de la economía? Podemos decir que el ritmo respecto del año pasado sigue siendo positivo, pero que la tendencia de corto plazo no es favorable dada la inclinación respecto del trimestre anterior.
El tono general sin embargo, más allá de que en el margen la economía crezca o no, es el bajo dinamismo de la actividad, en especial del sector secundario de la economía (manufactura, construcción, minería, energía), que decreció 2.1% respecto del año pasado; la ambigua situación del sector servicios, que representa el mayor peso dentro de la economía y que logró apuntalarse 1.0% respecto del año pasado, aunque cayó 0-2% respecto del trimestre anterior; y por último, y como lo hemos notado aquí en este espacio, el sorprendente dinamismo del sector primario, que crece en ambas comparaciones y brinca 5.6% respecto del ejercicio anterior.
Pero la dinámica de los datos muestra un dato que debe de preocuparnos. Aunque las cifras son oportunas, y dado el pequeño margen de variación, no sería raro que en las revisiones finales de las cifras la estadística de la vuelta y podamos incluso ver cifras ligeramente positivas, todo parece indicar que marzo fue un mes muy severo para la economía nacional.
Las cifras del Indicador Global de la Actividad Económica (IGAE), que es muy similar a un PIB mensual,  de febrero habían mostrado un incremento de 1.1% respecto del año anterior, y un avance de 0.3% respecto de enero, con crecimiento uniforme en los tres sectores en la base intermensual. El Igae de enero habían también sido sólido, de +0.2% en base intermensual, y de +1.2% en la comparación interanual. Las cifras eran alentadoras luego de que en diciembre casi todos los datos habían mostrado debilidad aguda y hacían temer un inicio de año muy frágil. Pero no ocurrió: y por el contario enero y febrero fueron sensiblemente mejores a lo que se esperaba y parecía que la economía mexicana había doblado la esquina con paso sólido.
Pero el dato oportuno del PIB del primer trimestre, que muestra un estancamiento general, nos deja dos opciones: o las cifras oportunas serán revisadas al alza y acabaremos viendo un ligero crecimiento (posible pero poco probable); o es la señal de que marzo fue un mes sorprendentemente flaco para la economía.
Algunos datos apoyan la especie de un mes de marzo enclenque: en particular, las importaciones de bienes intermedios, que dominan el monto total de importaciones, y que en una economía re-exportadora como la mexicana, son un útil indicador de la actividad futura de corto plazo crecieron apenas 0.1% en marzo, luego de avanzar 5.2% en febrero y crecer 7.8% en enero. Las cifras parecen sugerir un parón súbito de la economía en marzo, quizá ligada a los primeros atorones del flujo de importaciones en la frontera. Las importaciones de bienes de consumo cayeron 0.5% en marzo y las de bienes de capital quedaron sin movimiento respecto del año anterior.
Las cifras son aún más preocupantes si consideramos que marzo de este año tuvo más días hábiles que el mismo mes del año anterior por el efecto de la semana santa, y es justo lo que marca la diferencia entre las cifras brutas y las ajustadas por estacionalidad.
Si el parón de la economía que vimos en marzo está ligado al estrangulamiento de la frontera que sufrimos en mediados de marzo y abril, entonces quizá veamos un repunte significativo de las cifras en abril y mayo, una vez que el flujo fronterizo se haya normalizado 

domingo, 5 de mayo de 2019

La Economía: ¿Una Piedra Del Camino?

La economía mexicana no creció en el primer trimestre del año. Hacia delante hay tres posibilidades: que lo que vimos en el primer trimestre sea tan solo una piedra en el camino y que volvamos a crecer; que sea el inicio de un estancamiento más prolongado o una racha negativa; o que sigamos estancados, con un crecimiento relativamente bajo, por debajo del crecimiento de la población. Van unos comentarios breves al respecto.
El flaco dato del primer trimestre, cuando el PIB creció -0.2% en base interanual, es la continuación de una tendencia que ya venía desde mediados del año pasado. Prácticamente todos los sectores, salvo la asombrosa agricultura de la economía nacional, presentan un desempeño menguado en los últimos nueves meses, la cifra del primer trimestre entonces no parece ser una mera piedra en el camino sino una fase débil del ciclo. ¿Será prolongada o breve?
La buena noticia es que esta fase suave del ciclo mexicano coincide con un bache económico en los Estados Unidos el cual parece haberse revertido. Las cifras de empleo del mes de abril en EEUU publicados el viernes pasado fueron rotundamente mejor a lo esperado, compensando los datos flacos del mes de febrero que habían enviado señales de recesión en casi todo el mundo.
Aunque un solo dato (y este es el dato más importante), puede no marcar tendencia, la hipótesis de que EEEUU haya entrado en una bache y que esté saliendo del mismo suena plausible. Si eso es así, un rebote económico sincronizado en China, Europa y Asia es factible y con ello México encontraría el terreno fértil para que las cifras suaves que estamos observando en el corto plazo puedan revertirse y retomemos el crecimiento.
El riesgo de que el escenario anterior no se materialice es de tomarse en cuenta. La economía global, empezando por la de EEUU parece estar basculando entre el crecimiento y el estancamiento, no hay una tendencia clara. Cifras sólidas alternan con evidencias de debilidad de una semana a otra, y los mercados de bonos, que nos predictores eficientes del ciclo, no parecen estar muy convencidos de que el crecimiento económico será retomado sólidamente.
Lo anterior se conjuga con el hecho de que las tasas de interés en México son superiores a las de economías con calificación crediticia similar, lo que topa las posibilidades de una recuperación económica sólida y rápida. Junto con temas de incentivos, regulatorios y de procura, el costo del dinero funciona como una freno de corto plazo para retomar el despegue de la economía local en caso de que el ciclo expansivo global regrese con fuerza.
Vemos por ejemplo el comportamiento reciente de las materias primas, quienes ha mostrado un ímpetu inesperado y extendido: no solo los energéticos, también los metales, minerales y productos agrícolas han ascendido sincronizada y uniformemente en meses recientes y han ayudado a exportadores primarios en mercados emergentes a balancear sus cuentas fiscales en el corto plazo y fortalecido sus monedas. México y el peso son un ejemplo claro de ese efecto, pero forma parte de un conjunto de países, como Chile, las naciones árabes, Indonesia, Brasil y Perú, entre otros, en donde la espuma reciente de las commodities ha ayudado a levantar los ingresos fiscales en el corto plazo.
Al menos de corto plazo existen las condiciones para que la economía mexicana acabe documentando los flacos datos del primer trimestre del 2019 como una piedra del camino. Los riesgos sin embargo son de tomar en cuenta, la misma Fed de EEUU ha anunciado que sus decisiones de política monetaria será determinada conforme los datos vayan aclarando el actual panorama: confuso y sin tendencia sólida aparente. Atentos entonces.

domingo, 28 de abril de 2019

Domingos Rancheros: ¿Cómo Se Dice "El Mariachi" en Coreano?

A diferencia del ranchero, que es una artesanía manual, la música pop es un producto industrial. Decir lo anterior es un lugar común, pero si lo tomamos literalmente eso quiere decir que la música industrial, el pop, puede producirse en masa y en cualquier país, como la globalización produce el iPhone en China o en Vietnam, y los Audi en Alemania o en México.

Así como los europeos y estadounidenses inventaron el automóvil, y refinaron su producción hasta estandarizar el proceso y segmentarlo en partes que permiten automatizarla en Asia, así la música pop, creada en el capitalismo anglosajón, es hoy producida de manera más eficiente en Corea que en sus lugares de origen.

Si el pop es una música industrializada, entonces será maquilada y exportada por los mejores manufactureros del mundo: los coreanos. Y creo que el anterior argumento explica el surgimiento y dominio del K-pop en las listas de popularidad de decenas de países.

La música es una de las grandes industrias de la economía moderna, y tras la terrible crisis de 2008-2009, Corea tomó la determinación, deliberada, de crear una industria pop de exportación. Algo que ¿por qué no? deberíamos de imitar.

El resultado ha sido espectacular para la economía coreana,  con grupos de K-pop vendiendo decenas de millones de discos por el mundo. Mi hija adolescente, que es fan y que no me perdonaría no escribir este post, me ha presentado a sus ídolos coreanos, y me he topado con una canción muy singular: Airplane PT.2 de BTS, el más popular de los ensambles del K-pop.



La rola inicia como una rumba caribeña y se convierte luego en un pop industrial y pegajoso. La canción comienza a describir la vida del artista pop, viajando de una ciudad a otra, entre ellas Mexico City, dando lugar al pegajoso estribillo que si, es en español y dice lo que se entiende: "el mariachi, el mariachi".

Vean a dónde fue a dar este género rural e íntimo de México: al vórtice del remolino pop más notable de esta década: el K-pop. Nadie sabe para quién trabaja. Vaya.

Dejemos De Regalar El Aire De México Por Favor

En algún momento de la década de los ochenta, México dejó de ser un país rural y se convirtió en urbano. De entonces a la fecha el Estado mexicano en sus distintos niveles (municipal, estatal, federal), ha estado regalando a los propietarios un bien público cuyo valor crece día a día: el aire urbano, el espacio encima de nuestras calles y parques. Así como una Ley de Coordinación Fiscal distribuye impuestos y transferencias entre las entidades y la federación, deberíamos de tener una Ley de Coordinación Urbana para distribuir esa riqueza que hasta ahora regalamos.
Piensen por ejemplo en Avenida Mazaryk, en Avenida Reforma en la Ciudad de México; en Avenida Chapultepec en Guadalajara; en Constitución en Monterrey; en el boulevard Pedro Infante en Culiacán. Hay cientos de casos en el país. La infraestructura pública financiada con impuestos de todos, ha dado un gran valor comercial a esos polígonos urbanos. Los propietarios de las superficies de dichos polígonos se han apropiado de esa riqueza al desarrollar verticalmente sus predios pagando poco, o a veces nada, al Estado por un valor generado por la dinámica urbana.
Hay muchos casos de apropiación privada de los beneficios generados por el público, los repetidos rescates bancarios por ejemplo, pero el dejar de regalar el espacio urbano está en nuestras manos pero requiere de una coordinación de los tres niveles de gobierno, coordinados por el gobierno federal.
Pongamos dos ejemplos de por qué esto es así. Si un extranjero entra por tierra por el norte del país lo primero que ven (y yo, feliz de citar al Piporro), son nuestras “chulas fronteras”). La República es la primera interesada en tener una imagen urbana que proyecte nuestro país. ¿Quién diseña el plano y la dinámica de las ciudades fronterizas? Quizá un funcionario de segundo orden en el gobierno municipal. La imagen de nuestra frontera debe de ser cincelada con el concurso de la Sedatu, la Conagua, la Semarnat, los gobiernos de los estados fronterizos y por supuesto los municipales. El segundo ejemplo, con los mismo argumentos, son los grandes centros turísticos del país, en donde el INBA y el INAH deben de participar también.
Para que ello ocurra debería de existir una Ley de Coordinación Urbana, sobre todo para ponerse de acuerdo en cómo generar, gestionar y recaudar los ingresos que deberían de provenir de la densidad y el potencial urbanos.
El propietario de una superficie no puede tener el derecho ilimitado de la densidad y el potencial constructivo por encima de su predio. Más allá de cierto nivel (tres, cuatro niveles, por ejemplo), el espacio urbano es público, y debe de ser gestionado de acuerdo con las necesidades de las ciudades y la idea de economía urbana que tien el Estado.
Más allá de la densidad a que los propietarios tienen derecho, el potencial por encima del mismo debe de ser autorizado y tasado por el Estado con el fin de financiar el desarrollo y la movilidad  urbanos y el espacio púbico que necesariamente debe acompañar a la verticalidad. Hasta hoy, ese potencial ha sido apropiado por los propietarios a una tasa mínima, lo que significa que el Estado, en sus tres niveles, ha dejado de recaudar muchísimos recursos necesarios para el desarrollo urbano del país.
En las zonas rurales lo que importa es la superficie, no la densidad. En las zonas urbanas la densidad puede llegar a ser más importante que la superficie, y por lo tanto más valiosa. Esa densidad debe de ser producida a partir de un diseño que tenga el interés público como centro: generar ciudades sustentables, y los privados a cambio de la misma deben de contribuir a las haciendas públicas.

¿Puede La Fed Distorsionar Las Predicciones Del Mercado?

Mucho se ha escrito estos días sobre la relación entre la pendiente de la curva de rendimiento de los bonos de Estados Unidos, y la probabilidad de una recesión económica en la mayor economía del mundo. En los últimas tres décadas la correlación es perfecta: cada vez que a curva se invierte sobreviene una recesión. Mucho se ha escrito también de que en esta ocasión la correlación será distinta. No está claro, pero si hay algo distinto: la Reserva Federal es el mayor inversionista de bonos del mundo.
La mayoría de los economistas han sido educados en un axioma: los bancos centrales deben de ser independientes. Lo que esto significa es que no están obligados a financiar los déficits de los gobiernos de sus país. Si un gobierno decide aumentar sus déficits, puede financiar dichos déficits emitiendo bonos en el mercado en donde los inversionistas nacionales o extranjeros pueden adquirirlos. Los bancos centrales no deben de comprar bonos de sus gobiernos, eso sería financiar los déficits. Y eso, dice el dogma enseñado a los economistas: viola la independencia del banco central.
Si uno mira la hoja de balance del Banco de México vemos el cuidado con el cual nuestro banco central se ha apegado a esa regla. El Banxico no tiene en su balance ningún bono emitido por el gobierno de México, y sólo tiene sus propios bonos de regulación monetaria, que usa para modelar la liquidez del sistema cuando sea necesario. Pero nuestro Banxico no compra Cetes, ni bonos Ms, ni ningún tipo de bonos mexicanos.
Era el caso de la Fed estadounidense hasta el 2008-2009, cuando la economía del mundo implosionó bajo el efecto de la crisis inmobiliaria. En el peor punto de esa crisis los bancos estadounidenses se quedaron sin liquidez, nadie les quería prestar dinero, lo que puso en riesgo a todo el sistema de pagos, y a la economía global. Para evitar un colapso que hubiera disparado una peligrosísima recesión, la Fed estadounidense echó mano de su último recurso: comprarle a los bancos los bonos que quisieran venderle.
El efecto de tal decisión fue crucial. Salvó a los bancos de una crisis de liquidez y a la economía global de una mega recesión, pero a cambio convirtió a la Fed en el principal financiador del déficit del gobierno de Estados Unidos. El monto de bonos en manos de la Fed pasó de 800 mil millones (algo marginal dado el tamaño de la economía vecina), hasta un monto estimado de 3.8 billones de dólares (llegó a tener hasta 4.5 billones), es decir, cinco veces más de lo que tradicionalmente detentaban.
¿Qué tan importante es ese monto? Comparémoslo por ejemplo con una cifra que ha sido muy comentada, la inversión de las reservas internacionales de China en bonos estadounidenses, los cuales alcanzan niveles récord y los cuales muchos temen que sea un arma de Cina contra EEUU al poder venderlos en el mercado y causar un efecto tremendo en los precios. Por muy grande que sea ese monto, es “apenas” de 1.12 billones de dólares, es decir, la cuarta parte de las inversiones que la Fed detenta de bonos del tesoro de EEUU. La Fed es, con mucho, el principal financiador individual del déficit fiscal de los Estados Unidos. Todos los países del mundo juntos detentan 6.47 billones, lo que muestra el tamaño de las inversiones de la Fed, equivalente a casi la cuarta parte de los 22.4 billones de la deuda estadounidense.
El poder predictivo de la curva de rendimientos de la Fed implica quizá un mercado gobernado por inversionistas privados que toman decisiones basados en sus expectativas e crecimiento y que al entrar y salir del mercado generan la información que predice el ciclo económico estadounidense. La siguiente es una idea de José Miguel Moreno y Rogelio Serrano: la Fed se convirtió en un inversionista tan grande que quizá esta vez sea diferente: si la curva no se alcanza a invertir y la recesión llega, quizá la razón sea porque la Fed se convirtió, contra su voluntad, en el mayor financiador del déficit estadounidense.

sábado, 13 de abril de 2019

¿Cuándo Veremos El Regreso De Banamex?

La historia financiera del mundo está llena de historias de grandes bancos que han visto sus épocas de gloria pasar y que hoy son reliquias, anécdotas, o pálida sombra de lo que fueron. Los Rotschild, judíos europeos que fueron en su época los banqueros más poderosos del mundo, son ahora marginales; Barings, que era el banco de la reina de Inglaterra, quebró en una sola apuesta por uno de sus traders; Merrill Lynch, la casa de bolsa que fue el símbolo de Wall Street, hoy es tan solo una marca. ¿Podría pasar algo similar con el Banco Nacional de México?
De origen francés, Banamex fue el primer gran banco privado de la historia de México, y fungió como emisor y custodio del gobierno y llegó a ser su representante como colocador de bonos en el extranjero y su negociador en refinanciamientos de la deuda externa nacional. Hoy batalla para no caer al cuarto lugar de la tabla de los 51 bancos que funcionan en el mercado local, y de acuerdo con los datos de la CNBV de febrero la diferencia en activos entre Banamex (el tercero) y Banorte (el cuarto lugar) es de tan solo 43 centésimas de punto. Banamex está a punto de ser un jugador de media tabla, luego de ser tan importante para México como el Banxico.
La banca mexicana logró sobrevivir la terrible crisis de 1982, estatizada y luego devuelta al sector privado, pero los grandes nombres de la banca nacional permanecieron. La banca mexicana sin embargo no logró sobrevivir la hecatombe de 1994-1995 y luego de una década de agonía, acabó en manos de extranjeros, quienes ahora (en pleno auge nacionalista de sus clientes) quieren de plano eliminar todo vestigio de los nombres mexicanos: BBVA quiere borrar el nombre de Bancomer; Citi el de Banamex; tal y como Santander se deshizo del nombre más antiguo de la banca mexicana: Serfín; y Scotiabank borró Comermex.
Pero en el caso de Banamex no es un caso de nombre nada más. Banamex fue desde sus inicios el banco más poderoso del país, fue incluso y hasta la creación del Banco de México, el banco central del país. Incluso cuando en los noventa Bancomer (antes de BBVA), lo superó en activos y depósitos, Banamex siguió siendo el más rentable y potente del sistema bancario nacional. Pero desde la crisis de 2008-2009, primero por la hecatombe de su propietario, Citigroup, y luego por problemas internos, notablemente el escándalo de Oceonografía, Banamex no ha dejado de perder posiciones en la tabla de la banca mexicana.
Hasta hace una década el problema de Banamex era Bancomer, la conjunción de dos filosofías minoristas: la de BBVA de España y la historia de absorción de bancos locales de Bancomer, en un solo rival, acabaron por rebasar el estilo aristocrático, de banca de inversión, de Banamex. Pero actualmente su problema son ya Santander y Banorte. Banamex está en peligro de convertirse el cuarto banco del sistema, él, que durante más de un siglo fue el gran referente y estandarte internacional de la banca mexicana.
El dueño de Banamex, Citigroup, pasó ya por una historia similar. Y de manera muy violenta: luego de ser el mayor banco del mundo hasta 2007, estuvo a punto de desaparecer durante la hecatombe financiera de 2008-2009, al punto en que el gobierno de Estados Unidos se convirtió en su principal accionista. En medio de ese desastre una parte dentro de Citigroup brillaba: Banamex, cuyo negocio y rentabilidad ayudó de manera inapreciable a que, no sin penurias y descalabros, Citigroup se recuperara, y ahora sea al menos el cuarto mayor banco de los Estados Unidos (tras ser el mayor del planeta).
Pero de unos años para acá Banamex ha pasado de ser la joya a ser el tullido del sistema bancario nacional, y no es ya la estrella rutilante dentro de la mezcla de Citigroup. México necesita bancos dinámicos, mexicanos o de extranjeros. Sería lindo ver de nuevo que el arrojo fuera lo que impulse al Banco Nacional de México.

domingo, 7 de abril de 2019

Los Robots Ya Están Aquí: ¿Qué Podemos/Debemos Hacer?

El desarrollo tecnológico va mucho más rápido que los mercados, y de por si los mercados van muchos más rápido que los gobiernos, así que cuando los gobiernos se tienen que enfrentar a los desafíos planteados por el desarrollo tecnológico muchas veces es ya muy tarde. El ejemplo de Uber es muy claro, los gobiernos siguen sin poder articular una respuesta clara frente a las protesta de los taxistas. Pero lo peor no es eso, lo peor es que el auto no tripulado está a la vuelta de la esquina, y desplazará a los choferes de Uber.
Google, Apple, Amazon y los gigantes tecnológicos chinos como Tencent y Alí Baba están enfrascados en una carrera de autos peculiar: la de producir un auto no tripulado que sea capaz de llevar pasajeros y mercancías por el mundo de manera más segura, más rápida y más limpia que los autos tripulados. Cuando esto ocurra, y ocurrirá mucho más rápido de lo que pensamos, los gobiernos del mundo tendrán una seria de problemas que resolver.
El primero como dijimos en el primer párrafo, es atender el impacto social que el auto no tripulado tendrá: los taxistas tradicionales que están siendo desplazados por los choferes de Uber tendrán compañía en la fila de trabajadores cuyas habilidades no son ya necesarias: los mismo choferes de Uber que los desplazaron, serán desplazados a su vez por la inteligencia artificial detrás del auto no tripulado. Eso ocurrirá pronto y no habrá forma de detenerlo: la rentabilidad de un auto no tripulado será tan superior a la movilidad tripulada, que los incentivos para que empresas y familias lo adopten lo hará imparable.
Pero ese será el primer reto. El segundo será un tema de seguridad. Hoy existen ya bólidos no tripulados: se llaman misiles, armas inteligentes. Un auto no tripulado puede ser fácilmente programado por un terrorista y ser lanzado contra un objetivo estratégico. No es difícil imaginar un ejército de autos no tripulados siendo lanzados contra el Congreso de Estados Unidos por ejemplo. ¿Cómo evitarlo? ¿Cómo regular ese robot que nos transportará, a pasajeros y mercancías, de manera eficiente por el mundo, para que no se convierta en un arma al alcance de cualquier terrorista?
La llamada inteligencia artificial está ya aquí, y la masificación de sus aplicaciones no es cuestión de décadas, sino de años, o de meses. En muy poco tiempo veremos a robots ejecutando tareas que hoy son propias de personas. No únicamente en la manufactura o en actividades productivas. Ya hoy los “bots” envían tweets y manipulan las redes sociales, pronto tendremos a robots escribiendo demandas judiciales o escribiendo columnas en Excelsior mejor que nosotros mismos.
Piensen en bitcoin y las criptomonedas, las cuales son un intento, completamente factible, de automatizar la oferta monetaria de una economía. Incluso el Banco de México podría ser remplazado por un robot si así lo decidiéramos. La tecnología para hacerlo ya está disponible y funciona.
Y es justamente el Banco de México uno de los pocos actores que en México están discutiendo los probables impactos generales y específicos de la automatización masiva sobre la economía y la sociedad. En un reporte publicado en diciembre de 2018 (“La automatización en México desde una perspectiva regional”), el Banxico analiza el probable impacto de la masificación de la automatización sobre el empleo en México. El reporte incluye un mapa que muestra los estados del país en donde dicho efecto será más intenso sobre el empleo, y los estados más impactados coinciden, no debería de sorprendernos, con las entidades más pobres del país.
Durante décadas hemos estado tratando de diseñar estrategias de empleo para las regiones más pobres de México, pero el mundo está a punto de cambiar de tal forma, que las recetas deben de adecuarse, el mapa del Banxico es muy claro al respecto.

domingo, 31 de marzo de 2019

¿Quién Tiene La Razón? ¿Los Bonos O Las Acciones?

Los mercados de bonos del mundo, incluyendo los de México y los de Estados Unidos, se están comportando como si una recesión económica estuviera cerca: la tasa más importante del mercado, la del bono de 10 años de Estados Unidos, ha venido cayendo y está cotizando en su nivel más bajo en 15 meses (cuando la tasa estaba subiendo). En muchos mercados de Europa las tasas negativas han regresado, y en Oceanía estamos viendo tasas mínimas históricas. ¿Tiene razón el mercado y debemos prepararnos para una recesión?
El mercado es el promedio de las opiniones de quienes compran y quienes venden. Por cada vendedor de un bono que quiere liquidez porque piensa que viene una recesión, hay un comprador que ve una buena oportunidad en ese nivel de tasas. El promedio de esas opiniones es lo que vemos cuando decimos que “el mercado está apostando por una expansión (o por una recesión)”. Pero los mercados pueden equivocarse, y lo hacen con bastante frecuencia de hecho.
En el año 2000, en el año 2007, los mercados accionarios pasaron en muy poco tiempo de apostar por un mundo perfecto y esplendoroso, a un escenario catastrófico. No vayamos muy lejos, hasta noviembre pasado el mercado estaba apostando por al menos dos alzas adicionales para las tasas de interés de corto plazo en Estados Unidos y en el mundo y hoy, apenas tres meses después, la apuesta es la contraria y algunos segmentos del mercado avizoran ya dos recortes de tasas en los próximos meses.
Ante tal esquizofrenia: ¿cómo tomarse en serio al actual mercado de bonos, que parece estar proyectando una recesión mas o menos extendida de la economía global?
La respuesta es: dependerá de los datos que veamos, y el más importante de ellos será la cifra de empleo del mes de marzo en los Estados Unidos.
Este próximo viernes la oficina de estadísticas laborales (la BLS) de los Estados Unidos, publicará los datos de empleo de este mes. El dato es extremadamente importante por su calidad, por su oportunidad, y en esta ocasión, por su relevancia. El dato del mes pasado fue muy malo, mostrando 80 mil nuevas nóminas no agrícolas, en comparación con las 180 mil que esperaba el consenso del mercado. 
Cuando salió el dato el mercado tomó una decisión curiosa: ignorarlo. Buscó todas las explicaciones posibles para convencerse de que el dato era una anomalía, causada por factores técnicos, y que el siguiente dato (el de este viernes) mostraría al mercado laboral estadounidense recuperando su pujante dinamismo. Las bolsas se tranquilizaron con ese argumento y volvieron a trepar y subir.
Pero si bien las bolsas ignoraron el mal dato de empleo de febrero, los mercados de bonos comenzaron gradualmente a bajar las tasas y a reflejar un pesimismo que contrasta con el optimismo renovado del mercado de acciones
Por eso el dato de este viernes es tan importante. Las cifras en Europa (en Alemania sobre todo) han sido preocupantes, y aunque en China el viernes las cifras de manufacturas fueron alentadoras, el promedio de los datos han sido sesgados a la baja. Si los datos de empleo del viernes son al menos tan malos como los de febrero, podemos decir que el mercado de bonos está en lo correcto, y las bolsas están equivocándose. Si las cifras regresan a una tendencia de 180 mil empleos o más, entonces validarán el optimismo del mercado accionario y los mercados de bonos se darán la vuelta y veremos tasas al alza.
La historia sin embargo muestra algo: el mercado de bonos es mejor predictor que el de acciones. Como el potencial de alza de un bono es teóricamente limitado, los inversionistas en bonos son más cautos y serenos. Como una acción su límite teórico es el cielo, es fácil ser optimista en acciones. Esperemos y veamos.

sábado, 23 de marzo de 2019

Alerta Banxico: La Luz Roja De La Curva Se Encendió

La pendiente de la curva de plazos solía ser uno de los rincones más esotéricos de la profesión económica. Entre los economistas incluso, pocos la conocían. Hasta que en los finales de los años ochenta y la década siguiente, la academia comenzó a darse cuenta de varias propiedades de la curva. Una de ellas es desconcertante: cuando se invierte, sobreviene una recesión. Y el viernes pasado la curva se invirtió en Estados Unidos por primera vez desde 2007.
La otrora misteriosa pendiente de la curva se ha convertido estos días en un reality show. En los canales financieros y en los medios financieros el viernes todo el mundo estuvo pegado al monitor hasta que ocurrió. Por primera vez desde que en 2007 la curva predijo la espantosa crisis de 2008-2009, su pendiente se invirtió: el bono de dos años paga una tasa mayor que el bono de 10 años.
Hace unas décadas nadie conocía esa correlación, y fue solo hasta que el profesor Campbell R Harvey defendió su tesis en la Universidad de Chicago en 1986, en donde establecía esa peculiar y poderosa cualidad de la pendiente de la curva de plazos de los Estados Unidos, que poco a poco, los economistas académicos, los especuladores e inversionistas después, seguidos por los medios especializados, y al día de hoy incluso los políticos y legos, gradualmente fueron conscientes de dicha magia. 
Quizá este lunes la curva se enderece y la ominosa señal desaparezca. Lo que la estadística muestra es lo siguiente: que si la curva permanece invertida un promedio de 10-20 días, entonces, en los próximos 12 o 18 meses, sobreviene una recesión económica en los Estados Unidos (con lo que eso nos significa, a nosotros y a todos).
Hay muchas razones que pueden explicar esa habilidad mágica de la pendiente de la curva de plazos: Harvey suele decir que cuando los inversionistas pronostican una recesión buscan invertir en el activo más rentable ajustado por riesgo, del mercado: el bono de 10 años. Esa demanda extra sube el precio de dicho bono y aumenta su precio, reduciendo su tasa lo que conlleva a la inversión de la curva.
Al invertirse la curva los bancos dejan de prestar a las empresas y familias. Como el negocio del banco es financiarse ellos a corto plazo a tasas bajas y prestar a largo plazo a tasa más alta, al invertirse la curva el negocio bancario desaparece y el crédito se seca, enviando a la economía a la recesión.
En 1986, y hasta mediados de los noventa, la Fed y los bancos centrales no conocían, y/o no ponían atención a la curva y su pendiente. Hoy, la Fed, los mercados, los inversionistas, los mercados, esta columna y sus veinte (perdón Catón) lectores, conocemos y vemos cada movimiento de la curva como si se tratara de reality show de las Kardashian.
La pregunta aquí es: dado que la Fed y todos, ya sabemos qué va a pasar cuando la curva se invierte, ¿podemos hacer algo al respecto y evitar que pase? Dado que la curva se invirtió, podemos hacer algo para que la tasa del bono de 10 años suba y la de 2 años baje y así revertir la inversión de la pendiente? ¿o la inversión de la curva es como recibir la noticia de un cáncer fulminante: no hay nada que hacer mas que esperar resignados el desenlace?
Personalmente el modelo de Harvey siempre me ha fascinado. Es lo más parecido a la mano invisible de Adam Smith en acción: nadie mueve a esa curva y su pendiente. Nadie dirige su inversión y sin embargo, cada vez que se invierte anticipa una recesión, y cada recesión fue precedida por una inversión: de veras que dan ñáñaras.

domingo, 17 de marzo de 2019

Aeroméxico, La Apuesta De Pascal Y El 737-Max

Blaise Pascal razonaba que si un evento tenía una probabilidad de ocurrencia muy baja, pero la pérdida era infinita, había entonces que evitarlo. Si la ganancia era infinita, habría que apostar por ello. Aeroméxico no fue la aerolínea que más pronto reaccionó, pero lo hizo a tiempo: tras el accidente del 737 Max en Etiopía, el segundo de ese avión en cinco meses, era innecesario correr el riesgo de exponer vidas y equipos incluso si, como Boeing afirmaba al inicio, el avión era seguro.
En el debate sobre la seguridad del 737-Max se ha involucrado, casi literalmente, todo el mundo, incluido el presidente Trump, quien en sendos tweets, inclinó la balanza para que el organismo de regulación aérea de los Estados Unidos, la FAA, a regañadientes se comiera sus palabras y ordenara atracar a toda la flota de 737-Max en Estados Unidos, luego de que casi todos los otros países lo habían hecho.
El segundo tweet de Trump fue peculiar, y hacía referencia a la cada vez mayor complejidad de los aviones para volarlos. Este punto es esencial en el debate sobre el accidente de Etiopía, el desarrollo de corto plazo de la aviación, y la economía de la aviación, la cual es crecientemente importante para la economía global.
El principal sospechoso detrás de los dos accidentes del 737-Max es un software de inteligencia artificial que reacciona a cierta trayectoria del avión bajando la nariz de manera consistente tratando de evitar que el avión se atasque. El software se diseñó para evitar un error poco común pero que ha sido fatal en ocasiones, como el caso del vuelo Air France 447 de Sao Paulo a París, en el cual el avión se atascó y no puede ser elevado.
Un desarrollo para evitar tal atasque es entonces el principal sospechoso detrás de los dos accidentes recientes. En el caso del primer accidente, el de Lion Air en Indonesia, la causalidad ha sido establecida y Boeing se ha comprometido a proveer una solución en dos semanas. Tras el accidente en Indonesia se dijo que la solución era sencilla: que en caso de que el corrector de atasque se activara, tomando el control del avión, desactivarlo era suficiente, lo que tranquilizó a pilotos y aerolíneas por cinco semanas, hasta que sobrevino la tragedia de Ethiopian Air.
¿Cómo un artilugio para incrementar la seguridad aérea acaba causando el accidente? Trump razonó que la cada vez mayor complejidad tecnológica de los aviones es el problema. No es correcto. Dicho incremento en complejidad debe de acompañarse de una mayor facilidad para pilotear, incluso en situaciones de emergencia. Como nuestros mejores smartphones (no todos), los cuales cada vez hacen más cosas y son cada vez más sencillos de operar.
La pregunta es si tal cosa es posible: si podemos tener aviones y máquinas cada vez más complejas y cada vez más sencillas de manejar, o si tendremos que depender de la inteligencia artificial para manejarlas( ¿Y que tal si, como algunos autores de ficción temen en su paranoia, la inteligencia artificial se vuelve contra nosotros?).
Los efectos económicos de los accidentes han sido inmediatos: la acción de Boeing ha perdido casi doce por ciento desde el accidente, y la de su principal competidor, Airbus, ha subido cerca del cinco por ciento.  Pero más allá de los cambios en la capitalización de mercado de ambas, la economía de la cadena aeronáutica podría sufrir alteraciones importantes: la lista de espera de aviones como el 737 y el A320, los más demandados del mercado: mono pasillos y con capacidad de hasta 150 pasajeros, es muy larga, los dos mayores productores no se dan abasto para satisfacer la enorme demanda por parte de los nuevos usuarios que por millones al año se incorporan al mercado al crecer los niveles de vida de la población, sobre todo en Asia, y que usan la aviación como forma de desplazarse.
Si el defecto del 787-Max es más severo de lo que Boeing reconocía al inicio entonces veremos un cuello de botella en la producción de ese segmento del mercado, incentivando la llegada de otros jugadores como Comac de China e Irkut de Rusia, o Craic, el esfuerzo sino-ruso para romper el duopolio Boeing-Airbus.
La industria aeronáutica, como los cielos que surca, no tiene fronteras. Los Estados Unidos no pudieron impedir atracar en tierra el 787-Max luego de que los chinos, los europeos, el resto del Asia oriental, y México, ordenaran suspender las operaciones y los sobrevuelos del aparato en sus espacios aéreos y aeropuertos. La aeronáutica funciona sólo en una coordinación global, y es la industria más globalizada por excelencia, es la que surca al planeta y la hace una sola economía, un solo mundo en donde los criterios nacionales deben de adecuarse a las necesidades de la industria y no al revés, como Trump y la FAA se dieron cuenta.

domingo, 10 de marzo de 2019

Tres Tipos de Cuidado Vs El Banco de México

Una golondrina no hace verano: ¿Pero tres? Seguramente en el Banco de México y otros bancos centrales del mundo las señales surgidas las semana pasada están reforzando la hipótesis cada vez más extendida de que la larga expansión económica global, que ya alcanza una década, podría estar entrando en una pausa, o quizá hasta en una reversión. ¿Podrán los bancos centrales evitar lo que siempre acaba siendo inevitable: es decir, la siguiente recesión?
La primera señal de que la expansión económica estaba comprometida ocurrió el último trimestre del año pasado, especialmente en diciembre, cuando los mercados financieros cerraron en navidad muy cerca de la marca psicológica de veinte por ciento por debajo de su máximo (la marca del “bear market”), indicando que la expectativa de los inversionistas hacia el futuro próximo era de una recesión de las ganancias corporativas y por lo tanto quizá, de la economía en general.
La Fed respondió al brevísimo mercado bear como si ya estuviera en las puertas de la recesión: sugiriendo que estaría incluso dispuesto a bajar las tasas de interés de corto plazo de así requerirlo. El mercado respondió eufórico y recuperó casi todo el terreno perdido, pero la semana pasada los mercados se estancaron y hubo tres noticias que muestran que no es lo mismo sugerir que hacer: los mercados financieros pudieron haber revertido la caída, pero la economía no necesariamente.
La primera noticia fue la decisión del banco central europeo (BCE) de no nada más detener su ruta restrictiva iniciada hace cuatro años, sino de bascular al lado contrario: proveyendo más liquidez e incentivos para sus bancos y mercados con tal de enfrentar la evidencia creciente de que la economía europea está de nuevo enfilando al suelo. La segunda fue la decisión del gobierno chino de reducir los impuestos a sus exportadores para amortiguar el daño hecho por la guerra comercial de Trump y la sensible reducción en la demanda externa de sus exportaciones.
El tercer dato fue el desconcertante dato del viernes pasado que mostró que los empleos generados en el mes de febrero en la mayor economía del mundo fueron muchísimo menores a los proyectados, dejando a muchos perplejos y dudosos respecto de la aparente buena salud de la economía vecina.
En febrero la economía de EEUU creó 20 mil nuevos empleos no agrícolas, muy por debajo de los 180 mil que pronosticaba el mercado. Y aunque de inmediato los economistas de Wall Street salieron a explicar por qué la cifra pudo no haber sido tan mala (para eso les pagan sus empleadores), la verdad es que los datos de empleo del viernes son una pieza más en un rompecabezas que sugieren que la economía global está desacelerándose rápido y los riesgos de una recesión aumentando.
Hasta el momento los bancos centrales habían enfrentado la aislada evidencia de desaceleración con declaraciones, con palabras sugerentes, como una porrista animando al equipo a que tomara más riesgo y no detuvieran la flujo del crédito para evitar una mayor desaceleración. Pero las acciones tomadas la semana pasada por China y Europa muestran que ya están pasando de las palabras a los hechos, y que están correteando a la desaceleración en vez de adelantársele.
Las cifras más preocupantes por supuesto son las que vienen de los Estados Unidos, sobre todo porque presentaron una mezcla complicada: los empleos fueron menos de los esperados y las salarios crecieron al ritmo más rápido desde 2009. Es un solo dato, un solo mes, pero si por alguna razón esta conjunción de menor crecimiento con presiones de costos se convirtiera en una tendencia para los próximos meses, estaríamos en una coyuntura bien complicada: los bancos centrales tendrían que escoger entre cuidar el crecimiento o mantener a raya a la inflación.
Por el momento el escenario base es de una decisión lineal: hay que comenzar a relajar la política monetaria (de nuevo), ante la evidencia de debilidad económica, la inflación no será problema pues cederá ante la moderación de la demanda. Pero en algunos reductos de la economía hay presiones de costos, y si se extienden pondrán a los bancos centrales en un predicamento.

domingo, 3 de marzo de 2019

Poemas Para Beber En El Starbucks: Un Piropo Surrealista de Paul Éluard

En la dulce poesía de Paul Éluard no se adivinan las dos guerras mundiales que marcaron su vida; la cauda de enfermedades que lo aguijonearon siempre; la pasión y el abandono de Gala, quien lo dejó por Salvador Dalí; la resistencia a los nazis; su equivocada militancia en el partido comunista; su lucha en el frente armado.
Paul Éluard es el seudónimo de Eugène Émile Paul Grindel, para muchos, el mejor poeta del movimiento surrealista, y uno de las voces mas hermosas de la poesía.
Sus poemas son uno de los mejores ejemplos de cómo convertir una pasión en canto. Cómo al final de cuentas lo que queda son unas cuantas palabras, y cómo hacerlas decir algo que valga la pena.
Este poema es uno de los mas conocidos de Éluard, y al español se han vertido varias traducciones, entre ellas una, perfecta, de Octavio Paz.
Los dos primeros versos bastan para hacer un poema: la mujer y el agua se confunden, son lo mismo. Imágenes del subconsciente, sensualidad y elementos. El poema es un cortejo, un piropo difícil de igualar.
Paul Éluard era un poeta peculiar: era popular, leído por el público, y fue también un poeta leído y seguido por los poetas. Sus poemas son a la vez canciones ligeras, y complejas estructuras verbales.
Cómo esta maravilla.

Te yergues el agua se despliega
Te acuestas el agua se distiende

Eres el agua que regresa de sus abismos
Eres la tierra que echa raíz
y sobre la que todo queda

Haces burbujas de silencio en el desierto de los ruidos
Cantas himnos nocturnos sobre las cuerdas del arco iris
Estás por doquier, aboles todas las rutas

Sacrificas el tiempo
a la juventud eterna de la llama exacta
que vela la naturaleza al reproducirla

Das al mundo, mujer, un cuerpo siempre parecido
el tuyo

Eres la semejanza

La Economía Política De La Basura

Consumir es un acto individual, pero la basura que producimos al consumir no lo es. A nivel individual y del Estado lo que nos ocupa es el consumo, pero estamos a punto de ahogarnos en los desechos que producimos y el manejo de la basura es un problema que es ya casi tan importante como el consumo que la produce. El problema económico no es sólo de corto plazo, es decir, presupuestal. Es económico de largo plazo, el agotamiento de los recursos del planeta.
La basura es un problema económico complejo. A los economistas les tomó mucho tiempo llegar a la noción de “mal”. La noción básica de la economía es la de “bien”, algo que consumimos y que “es bueno, nos hace bien” al hacerlo. El “mal” es algo que perjudica nuestro bienestar (aunque no lo consumamos).
Para acceder a un bien tenemos que pagar por él, tiene un precio. Un mal debería de tener lo contrario a un precio, es decir, un impuesto, una penalidad. Pero hay un problema para hacerlo: si sabemos en dónde inicia el consumo, pero no en donde tiramos la basura. Es fácil ponerle impuesto al bien allí en donde lo compramos, pero no sabemos en dónde tiramos la basura para gravarla allí con un impuesto.
Algunos bienes que tienen efectos nocivos sobre terceros al consumirse, como el alcohol, la gasolina y el tabaco, son gravados con impuestos especiales (como el IEPS en México), que son muy eficientes para financiar la remediación del daño que producen. Pero todos los bienes que consumimos se convierten en basura y ponerle un impuesto especial a todos serían tremendamente impopular, porque somos asimétricos: nos gusta consumir porque nos da placer, pero manejar la basura nos produce molestias. 
Si tuviéramos que pagar por consumir y nos pagaran por eliminar la basura las cosas serían distintas. Lo anterior suena como una solución extrema, pero quizá estemos en este punto del problema de la basura en muchas partes del mundo.
En 1950 producíamos cuatro mil millones de toneladas de plástico al año en el mundo, hoy producimos 600 mil millones al año, una parte de las cuales acaba en los océanos, impactando de manera dramática en la sustentabilidad del ecosistema global. Para la economía contamos el precio del bien, y contamos el valor de los servicios de recolección, disposición de la basura y su eliminación.
Pero al procesar los desechos de los bienes que consumimos producimos un mal. Muchos de hecho: cancerígenos pululan el aire al incinerar la basura; los lixiviados producidos por su confinamiento contaminan los mantos freáticos y envenenan la cada vez más escasa agua; el metano y otros gases resultante de la descomposición de residuos orgánicos contribuyen a la erosión de la capa de ozono. El precio por el bien lo paga quien lo consume, ¿pero quien paga el impuesto por el mal producido por el desecho?
A mi querido Fernando Menéndez le escuché por primera vez el siguiente dictum: cualquier proceso de eliminación de residuos produce a su vez residuos que ya no pueden ser eliminados. Esto que parecería evidente, tiene una implicación dramática. No importa cuánto paguemos por reciclar, aunque logremos gravar muy eficientemente la basura: no podremos eliminarla nunca por completo. Es una especie de entropía económica y ambiental: los recursos naturales, una vez industrializados, no volverán nunca a su estado original.
El plástico es el contenedor más barato, y una de las consecuencias del desplome de los precios del gas de los últimos veinte años ha sido que el plástico se ha hecho muchísimo más barato, es casi un subproducto de muchos procesos. Si bien el mundo en general ha hecho enormes esfuerzos por reciclar, el uso de plástico ha crecido a múltiplos del monto reciclado, es una batalla perdida a menos que prohibamos el plástico o logremos ponerle un impuesto agresivo para inhibir su uso y fabricación.
Tecnológicamente se ha avanzado muchísimo en procesos para el tratamiento de los desechos, existen muchas opciones en el mercado y las empresas que se dedican a ellos son de talla considerable. Pagar por desaparecer la basura puede ayudarnos a resolver el problema, pero es una solución sub-óptima. Quienes pagan por eliminar la basura son los gobiernos, con los impuestos de todos: nada garantiza que los que más basura producen sean los que más impuestos pagan.

sábado, 23 de febrero de 2019

La Verdadera Guerra: EEUU Vs China Y La 5G

China ha dejado de ser, desde hace una década, la fábrica de bajo costo de los Estados Unidos, y se ha convertido en el principal rival allí en donde la potencia americana ha dominado desde finales del siglo XIX: la innovación tecnológica. Desde que China se abrió a la economía mundial, la relación de EEUU con el gigante asiático fue de amor-odio, pero pesaba más el amor, hasta que de unos años para acá, el odio (o el miedo), se ha convertido en el eje de la relación.
El difícil balance entre la necesidad de que el trabajo barato chino manufacturara para las multinacionales estadounidenses, y la capacidad de absorción y desarrollo tecnológico( inevitable) de las empresas chinas al adaptar tecnología estadounidense, se ha roto, y el caso de Huawei, la empresa tecnológica china más exitosa, lo hace patente. Detrás de los escandalosos titulares mediáticos rodeando a la marca, subyace una realidad dramática: China parece estar ganando a Estados Unidos la carrera por definir la 5G.
El protocolo con el cual se comunican todos nuestros artefactos móviles, que saturan y controlan nuestras vidas diarias, haciendo de todo el día y todo el planeta una fábrica de la cual es imposible sustraerse, ha evolucionado desde sus inicios en los años ochenta hasta hoy, y cada nueva fase de desarrollo cuántico se le denota con el número consecutivo y la letra G. La 5G por tanto es la quinta generación de equipo y software sobre la cual descansará y se desarrollarán las comunicaciones móviles del mundo en la próxima década, abandonando la actual plataforma 4G, a la cual superará de manera significativa en velocidad, confiabilidad, costos y potencia.
Todas las anteriores generaciones de protocolos (2G, 3G, 4G) fueron desarrolladas por empresas estadounidenses y europeas. En las primeras generaciones figuraban por ejemplo Ericsson, Nokia, Alcatel, Lucent, y ninguna empresa china. Hoy el liderazgo de la 5G la llevan las chinas Huawey y ZTE, e incluso la coreana Samsung, mientras que jugadores estadounidenses como Cisco y Qualcomm se encuentran en el mismo nivel que ellas, algo muy distinto del liderazgo incontestable al que estaban acostumbrada hasta hace muy poco tiempo.
El lanzamiento de la 5G se espera para 2020, es decir a la vuelta de la esquina, y por ello no sería una sorpresa si detrás de la guerra comercial de Trump contra el dragón asiático, que ha coincidido con retahílas directas contra ejecutivos e instalaciones de las empresas mencionadas, estuvieran actos coordinados de las empresas y el gobierno de Estados Unidos para tratar de evitar que China y sus empresas se les adelanten en el desarrollo y lanzamiento del nuevo protocolo.
Quien acaba definiendo la 5G no únicamente podrá controlar las comunicaciones móviles de celulares y artefactos de comunicación y esparcimiento. La 5G promete ser el inicio de la automatización del mundo a gran escala: nuestros autos, nuestros hogares, las fábricas, las calles de nuestras ciudades, los aviones, todo tiende a estar conectado y automatizado con una mínima intervención de operación humana, todo tiende a un gigantesco robot mundial que comenzará a operar con el protocolo de la 5G.
No es exagerado entonces suponer que el control y la definición de la 5G es una variables crítica para la economía global, para las ganancias de las empresas, y por supuesto, para el liderazgo geopolítico de las próximas décadas. El trasfondo de la guerra comercial de Trump quizá sea este: ¿cómo detener el desarrollo tecnológico chino, que es financiado por el Estado de manera deliberada, para que no avasalle el modelo estadounidense, el cual es financiado principalmente por las corporaciones?
Si China y sus empresas acaban imponiéndose a los Estados Unidos y Europa en la 5G entonces habrá una redefinición crucial para el capitalismo: el desarrollo tecnológico no podrá seguir siendo ya financiado únicamente por las empresas. Es tan alto su costo y su complejidad, que el Estado deberá de financiarlo también. La automatización del mundo implica plataformas tecnológicas cada vez más vastas, dirigidas y complejas que ya no podrán ser financiadas exclusivamente por las empresas. El Estado deberá de financiar y dirigir…y eso ya no se llama capitalismo.

jueves, 21 de febrero de 2019

Trabajamos Mucho, Producimos Poco ¿Cómo Mejorar La Productividad?

México es una economía de baja productividad. Muy baja. Y este quizá sea el factor más importante detrás de la dificultad que nuestra economía ha tenido para crecer por encima del 2-2.5 por ciento en las últimas décadas. Tanto el sector público como el sector privado deben de contribuir a que en los próximos años el trabajo de los mexicanos produzca más en menos horas, para que así nuestra competitividad deje de depender de salarios bajos.
Dentro de los países que conforman la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), México es el último en el indicador de productividad. Medido por el PIB producido por hora trabajada, la lista de los países con mayor productividad la encabezan Irlanda, Luxemburgo, Noruega, Bélgica y los Estados Unidos. España, Japón y Canadá por ejemplo se ubican en el promedio de la OCDE, y Corea y Chile superan con creces la productividad mexicana.
Una lección ha quedado muy clara para los economistas en años recientes: trabajar más horas no nos hace más productivos. México es el país con la productividad más baja de la OCDE, pero es el país que trabaja más en todo el mundo, con una semana laboral promedio de 41.2 horas, muy por encima de la semana laboral promedio de Luxemburgo, por ejemplo, la economías de más alta productividad del mundo.
Los alemanes por ejemplo, trabajan en promedio 26.3 horas por semana, la jornada laboral semanal más corta de la OECD, y se encuentran en el octavo lugar en el listado de países más productivos. Los daneses tienen una semana laboral promedio de 27.2 horas y son la sexta economía más productiva de la lista.
Trabajar mucho no necesariamente es trabajar bien. Si eso fuera México sería una economía muy rica. La verdad es que la economía mexicana hace un uso muy poco eficiente de las horas trabajadas: tiene que trabajar mucho más para producir lo que el resto de las economías producen en mucho menos horas. Entramos temprano a nuestros trabajos, salimos tarde y producimos lo mismo o menos que economías con jornadas laborales significativamente más cortas.
Hasta hace unas décadas la explicación socorrida para explicar estas diferencias era el nivel de tecnología. Los países más productivos usaban equipo y procesos muchos más complejos, sofisticados y caros que los nuestra, más artesanales y simples. Pero al abrirse la economía (y México es de las economías más abiertas del mundo), eso dejó de ser un pretexto: México tiene acceso y está equipado con los equipos y las tecnologías más eficientes del mundo, no únicamente en la franja maquiladora, sino en zonas industriales de primer nivel como Querétaro, Chihuahua, San Luis Potosí y el Valle de México.
La productividad laboral en México es muy baja, somos una economía que trabaja muchas horas en sectores que producen poco (piensen en los franeleros, en el ambulantaje, en los vagoneros del metro), y cuyos bienes y servicios en promedio tiene poca competitividad en los mercados globales.
Las cifras locales muestran esta dificultad de nuestra economía para elevar la productividad promedio: del año 2008 al año 2018, la productividad laboral general de la economía creció un acumulado de 2.5 por ciento. En once años. Un crecimiento verdaderamente lento, y que incluso muestra una reducción en los últimos dos años.
A nivel de los distintos sectores es posible descubrir patrones que ayudan a diagnosticar el malestar de la productividad: en el sector construcción por ejemplo, la productividad ha también aumentado un poco más que los 2.5 puntos porcentuales de la productividad general. Nada espectacular digamos, a pesar del buen dinamismo que en algunos períodos ha tenido la construcción en la última década. 
Algo que vale la pena destacar de este sector en la última década es como después de haber alcanzado un pico en 2010, los costos laborales unitarios por hora trabajada, han tenido un descenso casi constante, de alrededor de 12-13 por ciento. Si la productividad ha aumentado lentamente, pero los costos laborales se han reducido, la consecuencia es un aumento importante en los márgenes de beneficio del sector.
La industria manufacturera es ligeramente distinta: de 2008 a 2018 la productividad promedio se ha incrementado en cerca de nueve por ciento, casi cuatro veces más fuerte que en el sector construcción, mientras que los costos unitarios, que también han disminuido, lo han hecho a un ritmo más lento que en la construcción, con lo que en este sector las ganancias de productividad han sido repartidas de manera más equilibrada que en el sector construcción, en donde los costos laborales se han hundido de manera constante.
En el comercio al por mayor sin embargo, ocurre un caso casi inverso al que hemos visto en el sector de construcción. En ese caso la productividad ha caído de manera significativa y sostenida en la última década, con un acumulado de casi once por ciento, siendo uno de los sectores que más han afectado el nivel y el crecimiento de la productividad mexicana, mientras que en el mismo sector, los costos laborales unitarios se han disparado por encima del 25 por ciento acumulado en la última década, uno de  los crecimientos más altos de la economía en épocas recientes, lo que implica que los márgenes de beneficios de las empresas se han reducido de manera importante en los últimos años.
La historia es muy distinta en el sector del comercio minorista, en donde la productividad laboral ha crecido de manera notable, un acumulado cercano al 20 por ciento en la última década, mientras los costos laborales han acumulado un alza de casi 7 por ciento, muy por debajo de lo anotado para la productividad, lo que ha resultado en un aumento en los márgenes de beneficios sostenido en las empresas del sector.
Pero la historia más notable, dado el peso preponderante que ocupa en la economía, y el patrón que observa, es el del sector de servicios. En los últimos once años el incremento acumulado en la productividad ha sido de cerca del 15 por ciento, moderado pero sólido, contribuyendo a compensar el pobre desempeño en algunos de los otros sectores reseñados arriba.
Pero lo notable es el comportamiento en los costos laborales unitarios del sector, los cuales se han hundido alrededor de un 15 por ciento acumulado en la última década. Es decir, la salud del sector servicios se ha sostenido, más que en un aumento de la productividad, en una comprensión de los costos laborales, ilustrando muy bien el comportamiento de la economía mexicana en general, en donde justo, las ganancias de productividad han sido modestas, mediocres, y en donde el éxito exportador, de competitividad en los mercados globales, ha descansado sobre todo en la comprensión de los costos laborales, y eso ya no es eficiente.
El éxito en la competitividad de la economía mexicana no puede ser ocultado. es una plataforma abierta, global y muy competitiva: una historia de éxito exportador. Pero dicho éxito ha descansado sobre la variable equivocada: la comprensión de los costos laborales, y no sobre la correcta: el aumento en la productividad. Si esta economía quiere ser competitiva en el largo plazo, debe de invertir el orden de los factores.

sábado, 16 de febrero de 2019

La (Des)Unión Europea Frente Al Abismo

Europa es una buena idea. Pero está derrumbándose por dentro. Si se mantiene unida es por la misma razón por la que Borges amaba a Buenos Aires: no los une el amor, sino el espanto. En caso de romperse el bloque, los países más pobres del mismo corren el riesgo de desmoronarse, y los más ricos de resurgir poderosos, pero en el balance las pérdidas económicas y sociales serían catastróficas, y la larga paz europea estaría comprometida. El espanto del fin es lo que los mantiene unidos, pero las fuerzas irracionales para desmembrarse son cada vez más fuertes.
El corazón de Europa es la unión franco-alemana, el equilibrio económico-político entre las dos naciones más poderosas del continente del siglo XVIII a la fecha, pero la medida del éxito de la unión quizá sea España. Por su historia antropológica España ha sido la nación más tolerante de Europa. La genética de los españoles, mezcla intensa de casi todos los pueblos del continente, de los musulmanes del norte de África e histórico destino de la diáspora judía, los condena a la tolerancia y a la convivencia.
El surgimiento de la extrema derecha española, corporizada en Vox, es una ominosa señal: incluso España, crisol de pueblos como hay pocos en el mundo, destino y origen de migrantes, maravillosa cacofonía de lenguas y artes, ha sido atrapada por la esquizofrenia de la ultraderecha xenofóbica, mostrando el nivel que la xenofobia ha alcanzado en Europa. La xenofobia es la negación de la integración. Su avance es la medida del riesgo de desintegración de Europa, si un partido xenofóbico alcanza el 11 por ciento de las preferencias electorales en España, casi podríamos afirmar que dicha cifra es la probabilidad de desintegración de la Unión Europea.
Estamos a tres semanas (29 de marzo) de que venza la fecha para que el Reino Unido abandone la Unión Europea (UE). Pero hasta el momento ninguna de las dos partes han alcanzado un acuerdo que regule la relación económica entre ellos después de esa fecha. Si bien en sectores como las finanzas, el transporte aéreo y la seguridad, las empresas y los gobiernos han llegado a acuerdos mínimos para evitar una catástrofe, el riesgo de que el Reino Unido abandone la UE sin un acuerdo económico y comercial crece con los días, y lo que parecía descabellado: una salida desordenada, es una posibilidad creciente.
La causa última de este malestar antieuropeo, que ya corroe a Europa misma, es por supuesto, económica. Cada vez más europeos están más enojados con Europa: la unión económica y política no ha dado para la mayoría los resultados que fueron prometidos, y los beneficios se han concentrado en los menos y en las grandes corporaciones del continente. Para una mayoría, la idea de la UE no les ha dado a ganar como esperaban, y creen entonces que la destrucción de la misma es la alternativa para mejorar sus condiciones de vida y la de sus hijos. 
Se equivocan por supuesto, el colapso de Europa sólo profundizaría su pobreza y la concentración de la riqueza, pero ¿cómo culparlos?, si no hay manera de demostrar lo contrario a lo que sienten: la riqueza ha crecido poco, y se ha distribuido en favor de los más ricos desde la fundación de la UE. Y hasta el momento las élites no han dado muestras de revertir el curso
El desquiciado Brexit, el ascenso de grupos nazis en Francia, Grecia e incluso Alemania, los esquizofrénicos independentistas en Cataluña, el País Vasco, Flandes, los Balcanes, que quieren regresar a sus pequeños países cuando lo necesario es crear prósperas uniones. Todas ellas son manifestaciones centrífugas que amenazan con desbaratar una eficiente construcción supranacional que tiene claro que ante las potencias económicas estadounidense y china, la única alternativa posible para competir es mediante identidades supranacionales que sepan unirse a la vez que son diversos.
Pero hay un fallo grave en el diseño económico, del cual todos son conscientes pero que es difícil arreglar: para tener una moneda común es necesario que la fuerza de trabajo fluya de un lado a otro para equiparar los salarios, y que exista un presupuesto del sector público consolidado para todos los países. Esto significa profundizar la UE, no desintegrarla como quieren los xenófobos. Pero ojalá fuera tan fácil.

sábado, 9 de febrero de 2019

Leyendo Los Labios A La Tasa De Dos Años

Repitamos aquella simpática frase de Neils Bohr: es muy difícil pronosticar, especialmente el futuro. Una y otra vez se ha mostrado que atisbar el futuro, como bien lo saben los físicos, no es posible. Si acertamos es porque tuvimos suerte, o porque los escenarios posibles eran limitados. Nadie puede conocer el futuro, pero quizá “algo” si. Los griegos tenían al oráculo de Delfos, los mesoamericanos al peyote: nosotros tenemos a la tasa de dos años de Estados Unidos.
La correlación entre la tasa de dos años y el comportamiento futuro de la Reserva Federal es algo medianamente documentado. Otras características de la llamada curva de plazos han sido profusamente estudiadas, tales como la pendiente de la misma, la cual hemos comentado aquí de manera regular.
Pero la capacidad de la tasa de los bonos de dos años para predecir la tasa de muy corto plazo y su posible cambio de dirección ha quedado patente en meses recientes.
Recordemos lo que ocurrió en diciembre 2018, justamente en la sesión de nochebuena, cuando los mercados en Wall Street se hundieron hasta un nivel que rosaron una caída de veinte por ciento por debajo de su nivel máximo histórico alcanzado apenas en septiembre pasado. El cierre de ese día envió un escalofrío por todos los mercados globales, y los principales funcionarios financieros del mundo escucharon sonar las alertas ante la posibilidad de mayores caídas en los mercados.
Pero no bien hubo el mercado coqueteado con el desastre cuando la Reserva Federal, tan sensible a las lágrimas de los inversionistas como lo hemos detallado en este espacio, anunció que sería muy paciente en su política de tasas de interés, y dio a entender claramente que, de ser necesario, podría incluso bajarlas.
Lo que esto significó es que el ciclo restrictivo de política monetaria de la Fed, iniciado en diciembre de 2015, se ha detenido, y que de ser necesario (si los mercados se colapsan, o la economía da muestras de flaqueza), podría revertirse e iniciar un nuevo ciclo expansivo de liquidez. Esto bastó para que los mercados dieran un salto asombroso el día después de la navidad y que cerraran el 2018 e iniciaran el 2019 en una larga y festiva celebración.
Lo asombroso es que alguien ya había anunciado lo que iba a venir. Mientras que la Fed subía sus tasas de diciembre de 2015 a la fecha, la tasa de dos años acompañaba a la Fed. Paso que subía la tasa de la Fed, paso que había sido acompañado por subida de la tasa de dos años. Pero el 7 de noviembre, mientras la Fed aún estaba telegrafiando subidas, la tasa de dos años llegó a un máximo y comenzó a bajar.
La baja de la tasa de dos años a partir de esa fecha fue rápida y constante, separándose del discurso y accionar de la Fed por primera vez en tres años, como si hubiera roto con ella. Parecía decir: “ya no puedes subir más. Es hora de parar las subidas y de hasta comenzar a bajar”.
Poco un mes después la Fed estaba dándole la razón a la tasa de dos años, y anunciaba claramente que el ciclo de alzas (ojo, si no repunta la inflación), estaría por llegar a su fin, y que incluso, de ser necesario, podría revertirse y comenzar un período de recorte de tasas.
Tras escuchar ese cambio de dirección de la Fed, la tasa de dos años dejó de caer, subió un poco hasta un nivel compatible con una tasa de corto plazo de la Fed de cerca del 2.2 por ciento, y allí se ha estabilizado en las últimas semanas, contenta quizá con las palabras de la Fed, a quien parece estar esperando para poder caminar juntas de nuevo.
La tasa de dos años está dando muestras de comunicar más cosas aún. Si uno mira el comportamiento de las divisas de mercados emergentes, como el peso, a partir de que la tasa de dos años comienza a caerse en noviembre, la correlación es muy alta: la tasa baja y las divisas suben (cayendo el dólar), y dicha correlación se mantiene hasta hoy día, en que vemos al peso y otras divisas muy estables tras un par de meses de debilidad del dólar.
Así que este es el tip de esta semana. A falta de una ventana que nos permita ver el futuro, en ausencia del oráculo de Delfos, sigan de cerca la trayectoria de la misteriosa tasa de dos años, y dado que es muda, aprendan a leerle sus expresivos labios.

domingo, 3 de febrero de 2019

La Reforma Fiscal Que Nos Falta

Calibrar cuál es la tasa de impuesto adecuada no es una ciencia, es un oficio. Hay países con muy altas tasas impositivas, como los nórdicos, en donde la economía, la salud y la sociedad funcionan bien. Hay países con bajas tasas impositivas, como Mónaco, Australia y Austria, en dónde las cosas también marchan bien. Pero en todas esas economías algo es cierto: los impuestos de los gobierno locales se cobran y son significativos. Encabezados por el impuesto predial, las contribuciones locales son el sustento de la provisión de bienes y servicios públicos en los países avanzados, y entre los emergentes, en los que más fuerte compiten con México, como en Brasil.
En nuestra entrega anterior comentábamos la importancia y equilibrio del impuesto predial: de su equidad y eficiencia. Los mismos calificativos pueden aplicarse a los gravámenes aplicados a la propiedad inmobiliaria, como los que gravan el impuesto sobre la renta y la compra-venta de inmuebles en México. El primeo de estos impuestos es recaudado por el gobierno federal y el segundo por los gobiernos locales (aunque no todos lo cobran). Los impuestos a transacciones de activos tienen un diseño deseable para la política pública, gravan progresivamente a quienes tienen mayor capacidad para tributar.
Hace ya un par de siglos los franceses hicieron una división de las potestades fiscales que ha probado ser tan adecuada que con pocas modificaciones, prevalece hasta hoy: los gobiernos nacionales recaudan los impuestos provenientes del ingreso y del consumo, así como los del comercio exterior; mientras que los gobiernos locales recaudan los impuestos ligados a la propiedad y los derechos por el uso de servicios públicos (como el agua). El diseño es simple y es una gran idea: los gobierno nacionales gravan los flujos, mientras que los gobiernos locales gravan los activos.
Para las familias el activo más importante es su casa, pero el segundo más importante es el auto, y aquí tenemos un tremendo problema. Una decisión populista e irresponsable derogó la tenencia federal en México hace casi una década, introduciendo un caos en la coordinación fiscal del país, y una peligrosa perturbación en los registros vehiculares de todos los Estados. El daño ha sido tal que aún hoy la pérdida de recaudación por la eliminación de la tenencia no ha podido ser subsanada en la mayoría de los Estados, y ha clausurado opciones para gravar ese activo, el auto, que debe de ser gravado por razones de equidad, ecológicas, de tráfico y de seguridad vial y peatonal.
El auto es un bien que epitomiza el desarrollo económico, la libertad de movimiento y el acceso a la clase media. Es una industria que da empleos y salarios a millones de personas. Pero el auto debe de ser gravado, la decisión de Felipe Calderón de eliminar la tenencia federal creó el incentivo a que los estados compitieran entre si mismos por congraciarse con los contribuyentes y ocurrió lo que la teoría de juegos predice que ocurrirá: la tenencia ha sido prácticamente eliminada, y allí donde subsiste es evadida masivamente pues el auto es la definición misma de la movilidad, así que puede ir de un lado a otro buscando los impuestos más bajos (a diferencia del predial).
El uso del auto implica muchas externalidades negativas: contamina, quita espacio a los peatones y a las áreas verdes, corre el riesgo de atropellar a la gente, causa tráfico. Los economistas descubrieron hace mucho tiempo cuál es la mejor manera de compensar las externalidades negativas: con impuestos. No gravar el auto implica que todas esas externalidades negativas no tienen financiamiento para ser remediadas. No gravar el auto es una ineficiencia enorme para la economía mexicana, sobre todo para los grandes centros urbanos, que absorben la mayoría de las externalidades negativas de su uso.
¿Volveremos a ver la tenencia federal que tan irresponsable e inútilmente fue eliminada? Difícilmente, pues requiere el acuerdo de las treinta y dos entidades del país y una reversión con un costo político considerable.
Pero más allá de los impuestos inmobiliarios y la tenencia, existen impuestos: el de nómina, el de espectáculos, y el de hospedaje, que deben de ser fortalecidos y sobre todo, cobrados. Porque esa es la reforma fiscal que necesitamos: podemos discutir si hace falta subir o bajar los impuestos federales, pero esa discusión debe darse sobre la base de que los estados y los municipios de México deben de cobrar, y bien, sus impuestos locales. Y eso no ocurre.