domingo, 6 de septiembre de 2020

Aquí Se Bajó Una Tasa, Y Cada Quien…

Si usted quiere invertir en uno de los activos más seguros del mundo, bonos del Tesoro estadounidense, el rendimiento que obtendría si invierte a un mes sería de 0.1 por ciento, anualizado. Si invierte a tres años, sería de 0.18 por ciento. Solía ocurrir que entre mayor es el plazo del depósito, mayor el rendimiento, pero en este mercado, la diferencia entre un mes y tres años es insignificante. El mensaje que se desprende de lo anterior es que las tasas, bajísimas, estarán tiradas en el suelo por varios años.

La semana pasada el presidente de la Fed, Jerome Powell, confirmaba lo que el mercado ha estado diciendo desde hace tiempo: las tasas de interés, fijadas por los principales bancos centrales, permanecerán atascadas en niveles bajísimos por un período prolongado de tiempo. 

Algunas economías tienen al respecto una patología incluso más dramática que la estadounidense. En Alemania, por ejemplo, los bunds a un mes rinden -0.595 por ciento, mientras que a cuatro años se ubican en -0.725 por ciento. Es decir, la expectativa en la mayor economía de Europa es que las tasas sigan bajando los próximos cuatro años, y no nada más que permanezcan donde están, como en EEUU.

En el Reino Unido la señal es de tasas sin mayores cambios los próximos seis años. En Australia y Francia de al menos tres años sin moverse. En Japón, en donde las tasas han estado en cero por ciento por décadas, los inversionistas calculan que los próximos seis años el panorama no cambiará significativamente. Algo similar ocurre en los países escandinavos.

En la mayor parte de las economías desarrolladas, la expectativa de tasas de interés ultra bajas, cercanas al cero o negativas, es generalizada, lo que tiene implicaciones muy amplias para la economía y el crecimiento. Tasas tan pequeñas van regularmente asociadas a un crecimiento por debajo del potencial, con desempleo por encima del nivel neutral, y un estado general de abulia económica.

Pero en otras regiones del mundo, la historia es distinta. El rendimiento de los certificados chinos de un año es de 2.51 por ciento; mientras que la tasa del bono de cinco años es de 3.07 por ciento. En Canadá la tasa de un mes es de 0.15 por ciento, mientras que a cinco años es de 0.39 por ciento, muy bajas pero crecientes. Algo similar pasa en México, aunque a un nivel muy distinto, en donde la tasa de un mes es de 4.54 por ciento, y a cinco años es de 4.99 por ciento.En Chile por ejemplo la brecha es dramática, pues la tasa de un mes es de 0.17 por ciento, y la de cinco años es casi diez veces más alta, en 1.5 por ciento.

Las tasas de rendimiento del mercado de bonos suelen reflejar múltiples determinantes, que a veces se cruzan y cancelan entre si. Pero en el fondo responden a dos grandes factores: las cuentas fiscales, y la solidez de la divisa de un país, esta última determinada en buena parte por las expectativas de inflación. 

Los mercados de bonos parecen entonces partirse en dos, un grupo en donde la permanencia de los actuales, bajísimos niveles de tasas, será prolongada, de entre tres y cinco años, y otro grupo en donde las tasas podrían estarse incrementando en los próximos dos o tres años, en algunos casos de manera significativa.

Pero las historias entre ese grupo en donde las tasas apuntan a una remontada en el mediano plazo podrían ser muy divergentes. En el caso de China por ejemplo la historia subyacente quizá sea de una aceleración del crecimiento económico, basado más en el consumo interno que, como hasta ahora, en su avasallante poder exportador. 

China es sin duda el ejemplo más exitoso de control de la pandemia del Covid. Por métodos que quizá en occidente no habrían sido tolerados, el gobierno y sociedad chinos gozan de hoy de mínimos contagios y por tanto, de la capacidad de reabrir su economía para poder volver a crecer, a diferencia de los países de occidente, en donde la reapertura económica se ha encontrado con el frenón intermitente producido por los rebrotes pandémicos.

China volverá a crecer, acelerándose gradualmente, y más basada en su mercado interno, por lo que las expectativas de mayores tasas que modulen el crecimiento se están descontando desde ahora.

Pero Chile y Canadá, dos economías muy dependientes de los precios de las materias primas, quizá estén diciendo otra historia. Quizá ellos, jalados por la demanda de insumos proveniente de una pujante China, serán beneficiados por mayor crecimiento mientras que Europa y Estados Unidos se estancan. Así, cada país, incluyendo México, tiene una historia particular.

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