sábado, 12 de septiembre de 2020

La “V” de CoVid, InVentarios, y AVtos

 Esta columna es patrocinada por la letra V. Así apostaban los mercados financieros, los gobiernos de Estados Unidos y de otros países, que iba a ser el comportamiento de la economía ante los efectos de la pandemia: una caída violenta y una recuperación vigorosa que ganaría en poco tiempo el nivel existente antes de la reclusión. Pero como los datos de la industria automotriz y otros lo sugieren, la rápida recuperación quizá tenga que ver con el ciclo de inventarios, y una vez que sean repuestos, la recuperación no será tan fuerte como se esperaba.

El caso del sector automotriz ilustra muy bien el comportamiento del ciclo de inventarios que parece estar detrás del comportamiento de la economía (y quizá de los mercados), en el corto plazo.

En marzo-mayo, con el cierre de las fábricas, la producción de autos se colapsó casi completamente. Durante ese período, las agencias automotrices echaron mano de sus inventarios para cubrir sus ventas, agotando sus existencias. Cuando las fábricas reabrieron tuvieron que producir casi a capacidad para reponer los stocks de autos que se habían reducido los meses del paro, provocando un rebote vigoroso en la producción y el empleo. 

Pero una vez repuestos los inventarios, y con las ventas moderándose ante los altos índices de desempleo, la demanda de mayor producción de autos nuevos se ha aplanado en fechas recientes, y el dinamismo ha menguado, reflejándose en un enlentecimiento del incremento.

La caída en marzo-mayo que vimos en casi todo el mundo como consecuencia de la decisión de encerrarnos para moderar la propagación del covid, implicó la caída más violenta de la economía global desde la segunda guerra mundial. Prácticamente todos los países registraron tasas de caída de dos dígitos, y un disparo cruento del desempleo.

Pero las cifras de junio-agosto fueron extremadamente alentadoras: los datos de producción, ventas y empleo en casi todos los sectores mostraron una vigorosa recuperación tras la violenta caída, provocando que aquellos que habían pronosticado una recuperación en forma de “V” se sintieran vindicados.

Pero los llamados “indicadores de alta frecuencia”, como el consumo de electricidad, de combustibles, los peajes carreteros, la facturación de tarjeta de crédito y las ventas electrónicas, mostraron desde finales de agosto y en los inicios de septiembre, indicios de flaqueza, arrojando dudas sobre la tipografía de la recuperación económica, y apoyando a quienes decían desde hace meses que la economía se comportaría como el signo de una raíz cuadrada, pero volteada. 

Entre aquellos que parecen estar teniendo una segunda opinión respecto del contorno de la recuperación económica y financiera del mundo se encuentra Wall Street, en donde los principales índices, tras hundirse a sus mínimos el 23 de marzo, comenzó un explosivo regreso que, mes tras mes, día a día, no únicamente recuperó el nivel que tenía antes de la pandemia, sino que destrozó los niveles récords anteriores, y comenzó a marcar uno tras otro nuevos máximos.

Pero el 2 de septiembre, tras marcar un nuevo máximo histórico, el índice Nasdaq, sesgado fuertemente hacia las empresas tecnológicas, comenzó a caer, incluso de manera brusca en un par de sesiones, y tras el cierre del viernes anterior, se encontraba casi diez por ciento por debajo de su récord, arrastrando consigo al resto del mercado y atascando la disparada carrera que Wall Street había tenido desde marzo.

Se ha confirmado que una parte del comportamiento del mercado se debe a la manipulación de inversionistas como Softbank, pero por muy grande que pueda ser dicha manipulación, el mercado sigue reflejando, si bien no la realidad, el sentimiento respecto de la misma, el cual puede ser influenciado por muchas variables ajenas a la economía como tal. 

Wall Street entonces parecería estar reflejando el ánimo que quizá será soportado por el siguiente lote de despachos económicos: que la recuperación se ha enlentecido, siguiendo un patrón que se conoce como “el ciclo de los inventarios”.

Lo que ocurre en el sector automotriz podría ser un reflejo de lo que ocurre en otros, y quizá sea eso lo que Wall Street esté presagiando: que las apuestas por una vigorosa “V” hayan sido demasiado optimistas, y es posible que un recorte de las expectativas de crecimiento esté por concretarse.

 

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