miércoles, 4 de agosto de 2010

Al Estancamiento, ¡Y Más Allá!

No es correcto que uno mismo celebre sus aciertos. No es de gente decente. Por eso no voy a decir que el actual debate actual entre los economistas y en el mercado, el cual se está inclinando a favor de la evidencia de que la economía global, y con ella la mexicana, se encuentran al punto del estancamiento, ya había sido anticipado en varias columnas de este, su inseguro servidor, desde hace más de un año. De veras que no lo voy a decir.

Lo que sorprende es que inversionistas, economistas, políticos, se muestren ahora sorprendidos de que los datos más recientes de las economías estadounidense, global y mexicana, apuntan claramente a una lateralidad frustrante. Algunos economistas, señaladamente aquellos que pudieron prever el derrumbe económico de 2008-2009 (Roubini, Krugman, etc.) dijeron desde hace muchos meses que la vigorosa recuperación económica que vimos en casi todas las economías en el segundo semestre del 2009 y el primer semestre del 2010 fue resultado de un rebote técnico y el efecto de los incentivos fiscales.



El argumento es muy sencillo: las economías global y estadounidenses fueron salvadas de una depresión y limitaron su caída a una recesión, sólo porque los diferentes Estados nacionales inyectaron cantidades masivas de gasto público financiadas con déficits. Al evitar una implosión económica, los Estados convirtieron millones de deudas privadas en deudas públicas, pero sólo cambiaron de lugar el problema: la montaña de deuda pasó de manos privadas a manos públicas, pero no se ha pagado, y esa es una de las razones por las que nos dirigimos, como hemos insistido en este amable espacio, hacia un estancamiento casi secular de las economías, incluyendo la mexicana.

Junto con la montaña de deuda, la otra ancla al crecimiento económico global es el persistentemente alto desempleo. El exceso de apalancamiento de los casi treinta años precedentes a la implosión económica de 2008-2009, produjo un calentamiento artificial de algunos sectores: la banca, la construcción, los bienes raíces, que produjeron una expansión desproporcionada del empleo, sobre todo en los Estados Unidos, y en algunas otras economías como España, Irlanda, Islandia, etc.

Al desaparecer el financiamiento que artificialmente alimentó ese auge, no sostenido en aumentos de productividad multifactorial, lo que ha quedado es un páramo laboral: una tasa de desempleo persistentemente alta que se alimenta a sí misma: el desempleo no baja porque no se crece y no se crece porque el desempleo es muy alto y no hay consumidores que impulsen la economía.

Esta combinación de alta deuda pública y privada; alto desempleo, y tasas de interés prácticamente en cero pondrán en un severo impedimento a las economías, pues se está caminando sobre una navaja de tres filos: los déficit fiscales son ya tan altos, que instrumentar una política fiscal expansiva adicional tendría costos de financiamiento y políticos muy altos; la deuda privada sigue tan alta, sobre todo en Estados Unidos, que no es factible esperar en el corto plazo un aumento en la demanda proveniente del consumidor; y la política monetaria, con las tasas de interés en cero, se encuentra en una situación límite de ineficiencia.

Tras la primera revolución keynesiana de los años 30-40 del siglo pasado, los economistas se pusieron a desarrollar modelos de crecimiento que buscaban mezclas óptimas de inversión y consumo que produjeran lo que se llegó a conocer como la “regla de oro”, la combinación óptima de recursos que produciría niveles de crecimiento, empleo e inflación óptimos. En esos años se acuño también el terrible anverso de ese estado estable de crecimiento: “la regla de hierro”, en donde tanto el empleo, como el crecimiento y la inflación se encontraban en estados sub-óptimos.

Algo similar a la “regla de hierro” están sufriendo la mayoría de las economías: crecimiento magro o negativo, alto desempleo, y amenazas de deflación. Estas tres desgracias se alimentan a si mismas y ponen a las economías en una senda de estancamiento prolongado, y esa es justamente la amenaza que acecha en estos momentos.

¿Cómo salir de esa círculo vicioso de la “regla de hierro”? Los keynesianos acertadamente dijeron, como se actuó también en 2008-2009, que un disparo del gasto público deficitario evitaría caer en ese estado abúlico. Pero el exceso del expediente deficitario que vimos en los 60-70, y estamos viendo de nuevo en 2009-2010, nos pone ante el límite de la política fiscal expansiva a la que hacíamos referencia, las políticas keynesianas tienen en sí su propio límite.

A finales de los 70, ante el agotamiento de las recetas keynesianas, la escuela de los ofertistas (supply-side) comenzó a ganar terreno. En realidad los ofertistas reciclaron una idea básica de un contemporáneo y rival de Keynes: Scumpeter. El crecimiento viene dado no por el gasto público, sino por las olas de innovación tecnológica. No es casual que el auge de los ofertistas y sus derivaciones, y la caída del keynesianismo a partir de los años 90 y hasta el 2008, coincidieran con el dilatado auge tecnológico disparado por la informática.

Mi formación como economista no académico, sino como economista de mercado, me ha producido una convicción: tanto el keynesianismo como los ofertistas y sus múltiples derivaciones, tienen razón, depende en qué parte del ciclo se encuentre la economía.

¿En donde estamos ahorita? Muy cerca del agotamiento de las políticas keynesianas (pero aún le queda cartuchos), y por tanto necesitados de una oleada schumpeteriana de innovación tecnológica que transforme este círculo vicioso de estancamiento en una expansión sostenida sin necesidad de déficit públicos.

El problema es que mientras las políticas keynesianas son discrecionales, las olas schumpeterianas son estocásticas, aleatorias, imposibles de predecir: una oleada de innovación tecnológica no se produce a voluntad, así que si nos sentamos a esperar la próxima ola de “creación destructiva”, nos podemos pasar varios años todavía. Y ese es el riesgo.

4 comentarios:

Mujer Maravilla a la Mexicana GG dijo...

Buenísimo me sentí en clase de crecimiento económico. Me había olvidado del amigo Schumpeter.

Después del "piropo" ya que como gente decente que eres no puedes reconocerte tus aciertos pues te ayudo con eso.

De vista práctico, buuuuuuuu, qué susto. Digamos que México nunca le ha apostado mucho a eso de la innovación tecnológica, hemos estado muy a gusto sentados en nuestra cómoda silla de oficina esperando siempre que EUA de alguna manera solucione nuestros problemas y nos diga qué hacer.
Antes la crítica era vamos a diversificarnos, miremos hacia Europa, pero también la Madre Patria anda medio perdida.

Ahora sí, estoy viviendo mi primera crisis, como economista qué emoción todo el debate que se está dando, como ciudadana, demonios!!!

En fin un abrazo.

Anónimo dijo...

Pues según Guillermo Calvo, (http://www.voxeu.org/index.php?q=node/5371) todavía hay espacio para algo de keynesianismo, auque con sus asegúnes:

"The main question is not so much to spend or not to spend but, rather, how to spend. In my opinion, it is time to phase-out government expenditure while phasing-in social protection programmes, such as the extension of unemployment benefits, to cushion the blow of a necessary transition.

This will expose fewer skilled workers to a harsh reality, which policymakers should not ignore"

Saludos

Anónimo dijo...

Edgar, de acuerdo... de ahi la frase de WS:

"Pais deprimido busca nueva burbuja que le devuelva las ganas de crecer"

saludos!

Ahhh, y ojala en tus post de "Domingos Rancheros" pongas al mariachi vargas tocando "el cascabel" en Bellas Artes, con esa cancion hasta de la depresion salimos. Un abrazo Doctor.
saludos desde Torreón

Liber León dijo...

Para llevar a buen termino una tarea de domingo, me vi en la necesidad y gusto de fusilarte. Sin embargo, moví un poco la conclusión: la oleada tecnológica ya existe, siguen siendo las TICs, pero hace falta un acople con el sistema de regulación: no existe una amplia base de consumidores que sostenga la expansión del consumo en estas industrias; el modelo vigente salpica poco y esa es la principal condición para que las medidas keynesianas funcionen.

Se requiere una nueva relación salarial, un aumento en la participación del producto, tal como a los trabajadores fordistas les dieron seguridad social a cambio de la jornada de 10 horas,es necesario darle a los trabajadores actuales más ingreso a cambio de su compromiso con la generación de conocimiento: ipads para todos!!!!