miércoles, 25 de noviembre de 2009

La Economía del Presidencialismo Parlamentario

Cuando la economía nace, en los albores del capitalismo, se le conocía como Economía Política, reflejando la estrecha relación entre las dos disciplinas. La influencia es bi-direccional, se determinan recíprocamente. Felipe Calderón, quien estudió economía en una escuela de Harvard debería de saber que fue la economía, más que el PRI, lo que lo derrotó en julio del 2009, y que su herencia política depende también de lo que pueda o no hacer en el frente económico.

(Carlos Slim dijo recientemente que él era ingeniero, pero que había estudiado economía tres meses. Eso basta, ingeniero, entendemos el punto, no se ensañe con nosotros).



No sólo Felipe Calderón, sino todo el PAN, Enrique Peña Nieto, Marcelo Ebrard y cualquier otro aspirante a la presidencia en el 2012 debe de saber que, con la economía sufriendo aún las secuelas de la peor recesión económica en más de 70 años, los votantes darán para sus decisiones, un sobrepeso a la economía: a la recuperación del empleo y del salario, al comportamiento de las ganancias empresariales, al costo del dinero y el poder de compra del peso.

Dicho lo anterior, pocas veces como hoy, y como bien lo ha dicho Guillermo Ortiz, el principal escollo económico en México es la falta de acuerdos políticos. Es el estado actual del sistema político, definido como una transición democrática que se limitó únicamente al conteo más o menos transparente de las urnas, pero que no ha sido capaz de romper con la red de intereses que sostuvo al anterior sistema priista, y que mantienen sobre la economía un nivel de monopolio y falta de competencia que constriñe la capacidad de crecimiento de la economía.

Hace unos años un ingeniero (como Slim) pero que no estudió sus tres meses de política, escribió un librito “Por Una Democracia Sin Adjetivos”, en donde se sostenía justo la tesis errónea: que la democracia que necesitaba en México se limitaba a lo electoral. Estos años de triste mediocridad económica deberían de bastar para rebatir dicha tesis incompleta de Krauze.

A riesgo entonces de escribir dislates propios de quien no estudió política ni siquiera los tres meses que recomienda Slim, van entonces brevemente unas ideas sobre cómo el nudo político va a determinar el desempeño económico mexicano los próximos tres años al menos (o hasta eu cambie este disfuncional equilibrio político).

La Presidencia No Manda, y Quien Manda Aún No Tiene La Presidencia: Este juego de palabras nos ayuda a medio describir lo que pasa en México tras la derrota lastimera del PAN en las elecciones de julio pasado a manos del PRI, en donde por primera vez el poder ejecutivo y el poder legislativo son controlados por partidos opuestos.

Hasta ahora el Ejecutivo había tenido un congreso, en el límite, sin mayoría de su partido, pero nunca con una cámara baja con dominio absoluto de su principal rival.

Por supuesto que la presidencia aún tiene mucho poder en México, sigue siendo el poder esencial, pero comparado con cualquiera de sus predecesores en los últimos setenta años, el poder de Calderón es el más menoscabado con unos larguísimos tres años por concluir su mandato.

¿Pero de qué le sirve a la presidencia el poder con el que está investido si la forma final del presupuesto no está en sus manos, sino en manos del congreso, es decir, en manos del PRI, es decir, en manos de los gobernadores prisitas, es decir en manos del grupo político nucleado alrededor de Enrique Peña Nieto?

En los hechos, la economía del sector público, que forma una parte importante de la economía, sobre todo en una situación de aguda recesión, está entrampada en un presidencialismo formal, pero con un parlamentarismo de facto. Abusando del lenguaje diríamos que en México hay una economía del presidencialismo parlamentario.

El Parlamentarismo Mexicano Es Un Gobernadorismo: Más complicado aún; en realidad ese parlamentarismo, que determinará en los próximos tres años, como lo hizo este año, la forma y contenido final del presupuesto federal, y con ello, de una buena parte del PIB; y determinará también la Ley de Ingresos, y con ello la política fiscal, se opera si, a través del congreso, pero en realidad se cincela en el Palacio de Gobierno de Toluca, por el grupo del gobernador Enrique Peña Nieto; y por una cúmulo de gobernadores menos poderosos que Peña Nieto y otros grupos nucleados alrededor del Senador Manlio Fabio Beltrones.

El Parlamentarismo de facto mexicano es solamente el vehículo mediante el cual, los gobernadores del PRI, y en particular el del Estado de México, buscan erigirse en poder de facto frente a una presidencia fatalmente disminuida tras su derrota en las elecciones intermedias. De los cálculos de los gobernadores entonces, especialmente del de Peña Nieto, dependerá el curso de los presupuestos de los años siguientes, y con ello, una buena parte de la economía nacional.

Y ese es el problema: Felipe Calderón ya no tiene mucho qué perder, pues ya ha perdido mucho. Su herencia será sesgada por presidir la mayor crisis económica de la historia moderna de México y si no arriesga en lo que le queda de mandato, incluso dilapidando su capital político, su lugar en la historia está en entredicho, así que Calderón tiene incentivos para echar su resto, aunque no tenga la fuerza para lograrlo.

Pero el PRI, y Peña Nieto en particular, tienen los incentivos opuestos. Para ellos arriesgar sólo lo necesario en el Congreso es la estrategia a seguir. Difícilmente pasarán medidas que les impliquen castigo electoral en el 2012, difícilmente votarán presupuestos que impliquen sacrificios importantes, aún cuando sea justamente eso lo que se necesita.

2 comentarios:

Cid dijo...

Muy buen análisis de la situación actual, con una precision:

Mexico, ni siquiera esta en transicion democrática:

De un regimen presidensialista (dictatorial), paso a una partidocracia (oligarquía).
Y como van las cosas, el próximo sera populista.

Edgar Amador dijo...

Cid: No podría estar más de acuerdo. de acuerdísimo.